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La educación y los buenos modales en la política

En bastantes ocasiones hemos puesto de manifiesto la salida de tono de los políticos-afortunadamente no todos, menos mal- en el ejercicio de su profesión, aunque mejor habría que decir “vocación”, porque lamentablemente la política ha perdido su identidad desde el mismo momento en que se ha convertido en una actividad profesional, dado que sus “activos” tienen sueldo, seguridad social y jubilación, aunque sobre este particular habría que matizar que no de la misma manera que el resto de los trabajadores, esos mismos que con sus votos les permiten ese privilegiado “trabajo”.
Pues bien, el buen comportamiento, los buenos modales o la buena educación es algo que como decimos, no está generalizado entre la clase política. Esgrimir argumentos trufados de insultos y vejaciones, se ha convertido en la praxis de la “nueva”, pero desnortada política. Estas actuaciones fuera de lugar se reproducen en las distintas cámaras legislativas, desde la primera de ellas, que es el Palacio del Congreso de los Diputados, hasta el salón de plenos de un Ayuntamiento. Y por cierto, que en la reciente sesión de investidura de Pedro Sánchez, un “clásico” de estas escenas estrambóticas, Gabriel Rufián, portavoz de ERC, reconocía que había dado bastantes excusas “para que se hablase más de mis formas que del fondo”. Tremenda verdad. Pero es que, en el “fondo”, eso era lo que pretendía-esposas e impresoras al margen-.
Lo que tiene que asimilar cualquier político es que en sus comparecencias públicas en estos espacios constitucionales no puede protagonizar episodios donde ponga de relieve su falta de educación y de respeto hacia sus adversarios, que no enemigos, políticos. Es totalmente compatible defender una idea sostenida únicamente con argumentos razonados y sin necesidad de adornarla con expresiones a veces execrables y que manifiestan acciones nada ejemplarizantes. Decía el filósofo estoico Epicteto, “Ante todo, piensa antes de hablar para asegurarte de que hablas con buena intención. Irse de la lengua es una falta de respeto hacia los demás. Descubrirte a la ligera es una falta de respeto a ti mismo”.
El ejercicio de la “nueva política” no consiste es hacer uso de una oratoria chabacana, soez o vulgar, consiste en lo que siempre ha consistido esta práctica: defender las ideas con argumentos razonados, utilizando el lenguaje adecuado y no convirtiéndolo en un ambiente barriobajero. Estas modas de las “transgresiones” no son propias en un contexto en el que se mueven nuestros “ilustres” representantes públicos, quienes han de demostrar en todo momento que, como en cualquier otro ámbito, saben comportarse correctamente y sobretodo, cuando están en el uso de la palabra en su más amplio significado como aptitud oratoria, de elocuencia y persuasión.
Una verborrea prosaica parece que es algo inherente al político, no obstante, tiene que abstenerse de un mal uso de esa elocuencia y no confundir fonemas con improperios. Y además, la mala educación nunca da votos.

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Proteger los símbolos

Montenegro es un pequeño país de unos 620.000 habitantes y que se independizó en el 2006 cuando se separó del Estado común que formaba con Serbia desde que se produjo la desintegración de la antigua federación yugoslava. Montenegro aprobó unos nuevos símbolos estatales para reemplazar a los yugoslavos: bandera con fondo de color rojo y el escudo de la dinastía montenegrina de los Petrovic-que rigió hasta 1918, cuando se constituyó el primer Estado yugoslavo.
Pues bien, este pequeño Estado, que cuenta con unos cuantos más habitantes que Cantabria, se muestra tremendamente celoso en cuanto al respeto que hay que profesar a sus símbolos, la bandera y el himno. Y prueba de ello es que el Parlamento montenegrino aprobó castigar con multas de hasta 20.000 euros la falta de respeto al escudo, la bandera y el himno nacional o usarlos “de forma que atente contra la dignidad de la pequeña república balcánica”. Esta sanción se aplicará a personas jurídicas que utilicen los símbolos nacionales “de forma que dañe la moral, el renombre y la dignidad del Estado”. También se aplicará contra quien “haga cambios en el escudo o la bandera o si esta se utiliza como alfombra o cortina” y lo mismo será multado quien realice “cambios en el texto o la melodía del himno o lo interprete de manera y en las circunstancias que ofenden la dignidad de Montenegro”. En una primera redacción de le enmienda a la Ley, se incluía asimismo una sanción contra quienes no se levantasen cuando sonara el himno, aunque finalmente no se incorporó al texto. Y es que aún hay ciudadanos montenegrinos que se considera serbios y suelen permanecer sentados cuando se interpreta el himno del país…
La cuestión es que pasaría si trasladamos esta disposición legislativa al contexto español, donde una y otra vez asistimos a ultrajes contra nuestros símbolos consagrados en la Constitución, sea el himno nacional o nuestra bandera, la del Estado, la de todos. Aún así, cuando se sanciona alguna irregularidad o incumplimiento de la Ley, pues parece que la cosa se diluye como el cacao instantáneo en la leche. Aquí está instalado un oprobio nacional contra nuestros símbolos y siempre suele ser protagonizado por los mismos elementos desestabilizadores. Todavía es reciente la imagen del balcón del Ayuntamiento de Pamplona donde varios políticos separatistas porfiaban por el “privilegio” de colgar una ikurriña-que no es la enseña de Navarra- aunque para ello se empujasen o tirasen de los pelos.
Y por este motivo hoy hemos querido traer a colación esta referencia montenegrina. Para ver si nos impregnamos un poco del sentido chauvinista de Estado del que hacen gala algunos países y que además como en el caso de esta República, sin por supuesto tanta historia como el nuestro y donde además, no hace mucho incluso conmemorábamos el 175 aniversario de nuestra enseña nacional.

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Un himno sin letrista

No deja de ser un hándicap el que nuestro himno nacional carezca “oficialmente” de letra, por lo que únicamente podemos tararearlo y no es lo mismo cantarlo que acompañar la música. El efecto coral es totalmente distinto, pues entonar una letra permite enfatizar, pero seguir unos compases musicales, como que no es lo mismo. Nos entendemos.
Y la cuestión es que nosotros sabemos que el himno nacional, que está regulado mediante el Real Decreto 1560/1997 de Presidencia del Gobierno, de 10 de octubre y en su artículo 1 se especifica que es “conocido tradicionalmente por «Marcha Granadera» o «Marcha Real Española», y sólo dispone de partitura con notas musicales. Por eso, es habitual que esporádicamente se produzcan situaciones que generan estupefacción entre los protagonistas. Nos estamos refiriendo a cuando en una ceremonia u otro acto público, suena el himno de España…pero con letra.
Sucedió recientemente una de estas situaciones cuando Felipe VI y su padre, el Rey don Juan Carlos, participaban en el Foro Cotec Europa. Allí la Sanitansamble Orchestra de Nápoles interpretó el himno de España, y tras los primeros compases musicales, el coro cantó la letra del himno que escribió Pemán. De inmediato, el presidente italiano, que actuaba como anfitrión, pidió disculpas a ambos monarcas y les explicó que se trató de un error de la organización del evento. Es obvio.
Pero no es la primera vez que este himno con letra se ha escuchado en alguna ceremonia. Le pasó por ejemplo a nuestra campeona de bádminton Carolina Marín en el Mundial del 2015. La cara de la deportista fue de “película”, que suele decirse. En fin, cosas que pasan pero cuyo fallo es achacable a la organización de la ceremonia por no haber verificado cual es el himno oficial del país.
Pero al margen de estos lapsus, la cuestión es que España necesita dotar de letra a su himno, sin embargo, como hemos comentado en alguna otra ocasión, ahora mismo se nos antoja un pelín complicado, porque con la España vertebrada que tenemos-con permiso de nuestro ilustre Ortega y Gasset-, lograr una letra que satisfaga a toda la globalidad peninsular sin herir susceptibilidades, pues como que resulta harto complicado. Y eso que el Comité Olímpico Español hasta tuvo la ocurrencia de convocar un concurso público. Pero la letra propuesta nunca llegó a implantarse. Por no olvidar a Marta Sánchez, quien también se atrevió con una versión muy “sui generis”…
Como escribe Joaquín Brage Camazano, Profesor de Derecho Constitucional de la Universidad Europea de Madrid, los himnos son una forma de promoción del Estado entre los ciudadanos “ a fin de que estos se sientan identificados con el Estado al que pertenecen y los valores en que se basa. El himno genera vínculos emocionales y refuerza el sentimiento de pertenencia a una nacionalidad”.

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Formas y fondos

La escena ya es tan habitual que forma parte del paisaje social de esta España nuestra, que diría la desaparecida Cecilia. Nos estamos refiriendo a las protocolarias audiencias que el Rey ofrece en el Palacio de la Zarzuela cada vez que se va a formar un nuevo Gobierno. Eufemísticamente también se conocen como “ronda de consultas” y en las que participan aquellos grupos políticos con representación parlamentaria, según la propuesta que previamente entrega al monarca el presidente, en este caso, presidenta del Congreso de los Diputados.
Y lo de “protocolarias” lo mantenemos, dadas las características de la ceremonia, aún a pesar de que determinados políticos se empeñen en “desnaturalizar” el significado de esta tradición. Nos referimos a quienes siguen pensando que vestir corbata en este tipo de audiencias, es clasista y que por ello, ir descamisados resulta más adecuado con su espectro obrero-hablamos de Alberto Garzón y Pablo Iglesias-, quienes al llegar al Palacio dejaron en el perchero sus corbatas como quien hace lo propio con un sombrero, el gabán o el paraguas. Y menos mal que el líder podemita se puso chaqueta-sería porque debía tener frío ese día y no fuese que ir en camisa, como hizo en otra ocasión, le generase un resfriado y la clase política no puede prescindir de este cualificado dirigente-.
Y qué decir de la diputada de Junts per Catalunya, Laura Borràs, quien se presentó ante el soberano con varios complementos amarillos en apoyo a los dirigentes independentistas procesados, luciendo en su chaqueta un broche de una mariposa amarilla y en su mano derecha, con la que saludó al rey, una pulsera de idéntico color. Pero ahí no quedó la cosa, pues esta parlamentaria que rehúsa el sistema pero está ahí gracias a él y que no considera grato al monarca, reconocía que “los catalanes no tenemos rey, pero que venía a verle como rey de España”… Eso se llama cinismo en su grado extremo. Y de paso le entregó una misiva personal de Jordi Sànchez de quien dijo acudía como su “voz”… Sin comentarios.
También queremos destacar que en esta ocasión, Casa Real, en la difusión de estas audiencias, esta vez no divulgó la foto habitual en la que el rey posa en la sala de audiencias junto a cada representante político y donde aparece como fondo el tapiz flamenco, de finales del siglo XVI, “Alejandro distribuye riquezas entre sus amigos”. En esta ocasión, las imágenes distribuidas recogen el momento en el que Felipe VI recibe a los políticos a las puertas de su despacho por lo que la escenografía de los saludos ha variado respecto a rondas anteriores.
A lo mejor es que el mensaje de este conocido tapiz puede dar lugar a erróneas interpretaciones, por eso del reparto de riquezas entre amigos. Ya se sabe cómo son estas cosas de que una imagen vale más que mil…

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Real jubilación, jubilación real

“Oficialmente”, aunque más bien podría matizarse que “oficiosamente”, el anterior monarca, Juan Carlos I, a partir del 2 de junio se retira a los cuarteles de invierno, o de la época del año por la que ahora atravesamos, y, tal como anuncia la Casa Real, “dejará de realizar actividad institucional y se retirará de la vida pública”, transcurrido un lustro desde que anunció su abdicación para que accediese a la Corona su hijo, nuestro actual rey, Felipe VI. De hecho, su última comparecencia pública ha sido en la plaza de toros de Aranjuez.
Y como colofón, el rey emérito le dirigió una carta a su hijo, en la que encabezada como “Majestad, querido Felipe”, le explicaba que desde su abdicación de la Corona vino realizando “actividades institucionales con el mismo afán de servicio a España y a la Corona que inspiró mi reinado”, añadiendo que “ahora, cuando han transcurrido cinco años desde aquella fecha, creo que ha llegado el momento de pasar una nueva página en mi vida y de completar mi retirada de la vida pública”.
Reconoce que cuando celebró su 80 cumpleaños, vino madurando la idea que se reafirmó “con motivo de la inolvidable conmemoración del 40 Aniversario de nuestra Constitución en las Cortes Generales. Un acto solemne, lleno de emoción para mí, que me hizo evocar, con orgullo y admiración, el recuerdo de tantas personas que contribuyeron a hacer posible la Transición política y renovar mi sentimiento de permanente gratitud hacia el pueblo español, verdadero artífice y principal protagonista de aquella trascendental etapa de nuestra historia reciente”. Y concluye que toma esa decisión “desde el gran cariño y orgullo de padre que por ti siento, con mi lealtad siempre”.
Su última actividad institucional fue el día 17 de mayo en el acto de entrega del Premio Órdenes Españolas al historiador Miguel Ángel Ladero. Hasta ese momento, el papel de Juan Carlos I en la agenda oficial de la Casa Real estaba en un solapado segundo plano, participando en eventos deportivos, sociales, empresariales o religiosos y representando a España en alguna toma de posesión en Latinoamérica. Desde el momento en que cedió la corona ya trasladó su despacho al Palacio Real para marcar diferencias con las actividades de Zarzuela y que desde ese momento iba a protagonizar su heredero ya en el papel de nuevo rey de España. La propia Casa Real anticipaba en aquellas fechas que el papel del rey emérito en actos oficiales iba a ser “puntual”, como así ha sido.
Tanto Juan Carlos I como su esposa, mantienen vitaliciamente el título de rey y reina con carácter honorífico. Por cierto que doña Sofía continúa con su agenda institucional como hasta ahora.

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Esperpento en San Jerónimo

Espectáculo valleinclanesco. Sesión con tintes esperpénticos. Luces de Bohemia en la Carrera de San Jerónimo. La sesión constitutiva de la XIII legislatura democrática ha puesto de manifiesto el estado de salud de nuestra clase política. Y nunca mejor aplicado este adjetivo. Hubo broncas, pataleos, velados abucheos, gestos impropios de unos representantes del pueblo que van a tomar posesión de sus escaños en los que se pueden sentar porque ese mismo pueblo les ha llevado hasta esta “sacro” cámara legislativa.
Y viene a colación la alusión a este insigne autor gallego porque para más inri, como si él mismo quisiera ser testigo de esta poco ordinaria reunión de “próceres señorías”, el destino, siempre caprichoso, quiso que la primera presidencia, la de la llamada Mesa de Edad, recayese en un diputado socialista, médico para más datos, llamado Agustín Javier Zamarrón y cuyo aspecto físico era un “calco” del autor de “Luces de Bohemia”. Tal cual. Y además, sus breves intervenciones parecían más de un literato que de un político de bancada.
Y es que ya lo decía Ramón María de Valle Inclán “El sentido trágico de la vida española sólo puede darse con una estética sistemáticamente deformada” y luego añade “España es una deformación grotesca de la civilización europea”. E incluso en esa misma obra, uno de sus personajes afirmaba que “En España el mérito no se premia. Se premia el robar y el ser sinvergüenza. En España se premia todo lo malo”. Conviene recordar que el esperpento es una concepción literaria creada por dicho autor hacia 1920, en la que se deforma la realidad acentuando sus rasgos grotescos.
Pues todo esto, es una consecuencia de las escenas protagonizadas en la “ceremonia”-que de hecho lo es, pero en este caso obviamente desvirtuada en las formas- de toma de posesión y donde cada diputado sólo tenía que responder a la reglamentaria pregunta de “Juráis o prometéis por vuestra conciencia y honor cumplir fielmente las obligaciones del cargo… con lealtad al Rey, y guardar y hacer guardar la Constitución, como norma fundamental del Estado?”. Y claro, menos los constitucionalistas, los demás optaron por contestar invocando expresiones nada adecuadas y claro, “por imperativo legal” u otras lindezas como “por la libertad de los presos, por el retorno de los exiliados o por la República catalana” o “desde el compromiso republicano, como preso político” o incluso “hasta establecer la república vasca” o el de un diputado ecologista que lo hizo “por todo el Planeta”…
Lo dicho, paisaje grotesco. Y es que ya lo decía Valle Inclán, el auténtico, no el sosia que ocupó interinamente la presidencia de la Cámara: “¡El mundo es una controversia!… ¡Un esperpento!

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Una práctica institucional no regulada

Cada vez que se declara un luto oficial, ocurre lo mismo: confusión en cuanto a interpretación de cómo cumplirlo. Le corresponde a las instituciones del Estado, empezando por la más alta instancia que representa el Gobierno de la nación, la resolución de declararlo mediante la oportuna disposición y que, en el caso del propio Estado, es a través de un real decreto. Para que tenga carácter oficial la declaración de dicho luto, es necesario que el Gobierno lo haga mediante su publicación en el Boletín Oficial del Estado.
Hasta aquí todo parece obvio. Pero lo que no lo es tanto es la forma de interpretar la ejecución de esta determinación, dado que la misma carece de una regulación específica que defina cómo debe asumirse tal declaración y que por costumbre general, se manifiesta a través de las banderas oficiales. Y aquí surgen las confusiones, como en otra ocasión también ya habíamos comentado. Y volvió a repetirse con motivo del fallecimiento del ex secretario general del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba. El Gobierno aprobó un RD cuyo texto rezaba “Se declara luto oficial desde las 20 horas del día 10 de mayo hasta las 24 horas del día 11 de mayo, durante el cual la Bandera Nacional ondeará a media asta en todos los edificios públicos y buques de la Armada”. Pero no todas las instituciones cumplieron lo decretado. ¿Síndrome del fin de semana?. O lo que es lo mismo, que haya un funcionario responsable de guardia que se ocupe de estos menesteres…
Cuando el Gobierno acuerda tal declaración, afecta a la enseña nacional. Si se respetan los usos, las Comunidades autónomas tendrían que hacer lo propio con el luto de la bandera autonómica y los Ayuntamientos con las locales. Pero lamentablemente no funcionan así las cosas y cada cual gobierna su casa como le apetece y aquí es donde surgen las divergencias y las erróneas interpretaciones. Pero como hemos dicho antes, la cuestión es que no está reglamentada tal declaración.
La costumbre establece que se deje a media asta la bandera objeto de dicha declaración oficial de luto y las demás o bien se retiran o se recogen sobre sí mismas. Y en cuanto al crespón, hay que recordar que únicamente debe colocarse en las enseñas de interior. Pero también sobre esto hemos visto de todo, como por ejemplo que en cierta ocasión el Gobierno decretó un “luto nacional” y en vez de insertar la disposición en la gaceta oficial, lo hizo mediante el envío de una nota por parte de la Secretaría General de Presidencia…

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