Artículos, Educación, Formación

Una lección para aprender

Jesús Vidal durante unos días se ha convertido en una figura mediática por mor de recibir el Goya al Mejor Actor Revelación por la película ‘Campeones’. Y todo por el emotivo discurso que pronunció cuando recibió el galardón y donde puso de manifiesto su calidad humana. “Campeones ha despertado a la sociedad de un mal sueño”, afirmó añadiendo “y de un miedo grande que había hacia las personas con discapacidad. Esta película ha roto esas barreras”.
El galardonado actor, que estudió filología y periodismo, en unas declaraciones a un medio de comunicación, enfatizó sobre la necesidad de una educación en valores, reconociendo que la labor educativa ha de recaer en los padres y habló sobre que tendría que implantarse una asignatura de Educación en Valores y que fuese transversal no optativa, subrayando que una película como “Campeones” es una pieza base.
Coincidimos plenamente con su propuesta, pues aquí mismo hemos reclamado reiteradamente la necesidad de implantar en la formación curricular una materia como es la citada Educación en Valores y que, por supuesto, no tiene nada que ver con Educación para la Ciudadanía, Valores culturales y sociales o Valores éticos. Es una asignatura específica sobre Valores en un sentido amplio y que abarca la actuación del individuo como integrante del tejido social. Acción de respeto, de rectitud, de templanza, de convivir con los demás respetando su peculiaridad y sin ninguna discriminación por mor de ningún motivo, lo que evita una actitud discriminatoria.
En un anteproyecto del ministerio de Educación en la etapa Wert, relacionado con la reforma del sistema educativo, se decía textualmente “la educación supone facilitar el desarrollo personal y la integración social. El nivel educativo determina, en gran manera, las metas y expectativas de la trayectoria vital, tanto en lo profesional como en lo personal, así como el conjunto de conocimientos, recursos y herramientas de aprendizaje que capacitan a una persona para cumplir con éxito sus objetivos” y reconocía que eran necesarios “canales y hábitos que nos permitan restaurar el equilibrio y la fortaleza de las relaciones entre alumnos, familias y escuelas”, añadiendo que “los padres son los primeros responsables de la educación de sus hijos y por ello el sistema educativo tiene que contar con la familia y confiar en sus decisiones”.
La sociedad, se dice hasta la saciedad, adolece de una crisis en valores. Por eso, opiniones como la de Jesús Vidal, conducen inexorablemente a una reflexión autocrítica y obviamente implica replantarse si el sistema funciona correctamente y si el compromiso de la familia está siendo efectivo. Todos tenemos que entonar el “mea culpa”.

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Decoro escolar

Hace unos días saltó la noticia relacionada con la polémica suscitada en el IES Torrevigía de Torrevieja debido a la vestimenta de los alumnos y más en concreto por parte de las chicas. Surgió debido a que la dirección de este centro público prohibió la entrada al mismo a aquellas alumnas que vistiesen pantalones cortos tipo “shorts”, argumentando que está contemplado en las normas donde se especifica que se prohíben todas aquellas prendas que puedan entorpecer la normalidad académica “por llamar la atención o denotar falta de cuidado o de higiene personal”. La dirección precisaba que la largura del pantalón estaba establecida por la rodilla, y no se iba a cambiar.
Las protestas de las alumnas es que en ningún momento esa indumentaria podrá considerarse como “ropa provocativa o no adecuada” e insistían en que debido a las altas temperaturas propias de esa zona geográfica y a que dentro de las aulas se carece de aire acondicionado, esas prendas les permiten ir más cómodas y soportar la climatología.
En la normativa del centro se establece que «los alumnos acudirán al centro debidamente vestidos. No se permitirá el uso de: bañadores, la exhibición de la ropa interior, camisetas con mensajes de carácter sexual, racistas u otros tipos de frases que puedan dañar u ofender a miembros de la comunidad escolar, pantalones tipo short y camisetas de tirantes a los alumnos (chicos)», además de prohibir el uso de prendas de vestir «que tapen, total o parcialmente, la cabeza…”
Es evidente que cada centro escolar dispone de unas normas de convivencia relacionadas no sólo con la indumentaria, sino también con las actitudes y comportamientos, por no hablar últimamente del uso o más bien abuso del móvil, que empieza a estar controlado. Y es que hay ciertas cosas que son de sentido común y cuya praxis está integrada en la propia personalidad del alumno, que tampoco puede tomarse a la ligera las normas al uso, independientemente de que discrepes con ellas. Al parecer en ese centro concreto, dichas normas están aprobadas por el Consejo Escolar, en el que tienen representación desde la dirección hasta el profesorado, pasando por padres, alumnos y la Administración.
Sin entrar en el fondo de la polémica, la cuestión es que tiene que producirse un punto de coincidencia entre la comodidad en la vestimenta del alumno y los límites que puede establecer la institución educativa, siempre respetando esos márgenes del decoro.
Se decía en un manual para jóvenes datado en los años veinte del último siglo que “el propio decoro exige que me presente en clase con todo el aseo posible; nunca con el calzado roto o poco limpio, con el cabello revuelto o la manos sucias”.

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Tres palabras fundamentales

El Papa Francisco, en su reciente Encuentro Mundial de las Familias celebrado en Irlanda, puso especial énfasis en aspectos relacionados con la convivencia dentro del entorno familiar: “me gusta decir que en las familias necesitamos aprender tres palabras: “perdón”, “por favor” y “gracias”. ¿Cómo son las tres palabras? Todos digamos las tres palabras. No escucho (las personas repiten “perdón, por favor, gracias)”.
Estas tres palabras a las que alude el pontífice, son esas mágicas tres palabras que debe aprender un niño desde muy corta edad, porque son la base de la convivencia, el sustento de una sociedad con valores y los pilares de la buena educación y del civismo. Y precisamente, estas tres palabras son las primeras que se enuncian en el seno de la familia, pues con ellas queda de manifiesto una actitud de respeto. Y subraya el Papa: “Cuando discutas en casa, asegúrate de pedir disculpas y decir que lo sientes antes de irte a la cama. Antes de que termine el día hagan las paces. ¿Saben por qué se debe hacer las paces antes de terminar el día? Porque si no se hace la paz la guerra fría del día siguiente es muy peligrosa”.
“Los niños aprenden a perdonar cuando ven que sus padres se perdonan recíprocamente”, continúa subrayando. Y es que los niños toman como modelo de comportamiento el ambiente de su familia y absorben las instrucciones de sus padres que son quienes tienen la responsabilidad de su educación y de transmitir el sentido de los valores. Y enfatiza en cuanto a papel fundamental de la familia: “En toda sociedad, las familias generan paz, porque enseñan el amor, la aceptación y el perdón, que son los mejores antídotos contra el odio, los prejuicios y la venganza que envenenan la vida de las personas y las comunidad”.
Y Francisco no dejó de pasar la oportunidad de aludir a las redes sociales: “Cuando las redes sociales entran en órbita, cuando en la mesa en vez de hablar en familia, cada uno está con el teléfono y se conecta afuera, está en órbita; esto es peligroso, porque te saca de lo concreto de la familia y te lleva a una vida gaseosa, abstracta, sin consistencia”.
Tampoco es la primera vez que el pontífice hace alusión en sus intervenciones a la influencia negativa que causa entre niños y jóvenes estos sistemas de comunicación avanzada. Algo que los padres nunca deben obviar.

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Valores cívicos y éticos

La polémica vuelve a estar servida. Y es que cada vez que un Gobierno mete mano en el asunto, de inmediato surgen discrepancias. Nos estamos refiriendo al anuncio que acaba de hacer la ministra de Educación y Formación Profesional, Isabel Celaá en cuanto a la implantación de una asignatura obligatoria de Valores cívicos y éticos, dentro de la reforma que se hará de la LOMCE y donde además se contempla la eliminación del carácter académico de la asignatura de religión.
De momento, la Comisión Episcopal de Enseñanza advierte de que la asignatura de Religión «perderá valor» si deja de evaluarse(ha sido evaluable desde 1990) y añade que “atenta contra el derecho de los padres –reconocido en la Constitución– que desean que sus hijos reciban formación religiosa y moral de acuerdo a sus convicciones”. Al mismo tiempo, los obispos entienden que “hacer obligatoria para todos los alumnos una asignatura de valores éticos (no meramente cívicos) corre el riesgo de imponer una ética del Estado, o del partido del gobierno».
Para la ministra, esta nueva asignatura, que tendrá contenidos feministas, estará centrada en el tratamiento y análisis de los derechos humanos y de las virtudes cívico-democráticas, entendiendo que “los valores cívicos y éticos son universales”, entre sus posibles contenidos, estarán incluidos los “constitucionales” y serán “patrimonio de todos”. O sea, una nueva versión de la polémica “Educación para la Ciudadanía” y que ya el gobierno del PP también intentó modificar sustituyéndola por “Valores culturales y sociales” en Primaria y “Valores éticos” en la ESO.
Hace cinco años, el Consejo de Estado precisaba que estas asignaturas-al margen de cómo se bauticen-“acaso procedería imponerla como obligatoria en algún momento”, aludiendo a acuerdos del Consejo Europeo y de la Unión Europea tendentes “a velar por el aprendizaje de los valores democráticos con el fin de preparar a las personas para una ciudadanía activa”.
Aquí, de lo que se trata es de formar con transparencia y sin manipular ideológicamente al joven al que hay que insuflarle unos valores sociales de manera que se comporte como un ciudadano modélico, respetando las normas de convivencia y porque la transformación de la enseñanza no depende exclusivamente del sistema, ya que en ella está implicada toda la sociedad, empezando por la familia.

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Violencia en las aulas

Nueve de cada diez #profesores convive con situaciones de violencia en su centro escolar, como peleas, vejaciones o vandalismo, y el 75% de los docentes cree que tiene muy poca o ninguna autoridad en las aulas, según se desprende de un estudio que acaba de presentar el sindicato CSIF. Dicho de otra manera, la situación de #convivencia #escolar no atraviesa por su mejor momento y afecta incluso a los profesionales que tienen la responsabilidad de formar a nuestros hijos.
Formar, decimos, porque educar, ya es competencia parental, como reiteradamente hemos venido comentando y manifestado en otros artículos y en los que hemos abordado esta problemática y en referencia a otros informes similares donde se pone de manifiesto que ciertamente ahora mismo el ambiente escolar no parece muy propicio para una pretendida sana convivencia. Y no sólo aludimos a las situaciones de acoso que se registran, sino a que ya se ha perdido el respeto al propio profesional que imparte la #enseñanza.
Volviendo al citado estudio, los docentes describen amenazas por parte del alumnado y las #familias, falta de #respeto y reconocimiento de la autoridad docente, violencia psicológica y situaciones de indefensión. Más de la cuarta parte de los profesores encuestados considera que la vida en las aulas no es agradable y que la disciplina es insuficiente y tres de cada cuatro siente que tiene muy poca ninguna autoridad. Las situaciones de violencia más habituales que describen “son peleas, insultos y vejaciones entre compañeros, vandalismo y destrozo de material escolar, violencia psicológica, episodios y conflictos con un componente racista y enfrentamientos a través de redes sociales, como whatsapp”.
De hecho, el CSIF propone una reflexión sobre el clima de convivencia en las #aulas y la necesidad de llegar a un pacto social, en el que se involucren todos los agentes de la comunidad educativa, medios de comunicación, sociedad civil y responsables políticos, “para convertir los centros en espacios de ‘tolerancia cero’ hacia cualquier manifestación de violencia” y que los docentes “puedan trabajar en un ambiente propicio para la labor educativa”.
Tan importante es educar como formar. Se tiene que producir una simbiosis si queremos tener unos ciudadanos que sepan que convivencia significa compartir un espacio con otras personas, aunque no siempre coincidamos con ellas en sus pensamientos.

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Sentencias ejemplares

Hoy queremos fijarnos en dos sentencias dictadas por sendos jueces y relacionadas con #jóvenes. Se trata, obviamente, de sentencias ejemplares y ejemplarizantes.
Por un lado, está la emitida por una magistrada del Juzgado de Menores número 1 de Las Palmas por la cual 19 menores que en los últimos meses han sido objeto de condena redimirán su culpa caminando 45 kilómetros de un tramo del Camino de Santiago canario, ruta que compartirán junto a otra veintena de niños acogidos a la protección de los distintos servicios sociales.
Es una iniciativa solidaria y terapéutica promovida por UP2U, un proyecto de la magistrada en cuestión para la reinserción para menores. Muchos de ellos lo hacen acompañados por sus padres “para reestablecer relaciones y restaurar los ámbitos afectivos dañados”. La mayoría de sus delitos, considerados leves, están relacionados con la violencia doméstica, siendo el más frecuente, amenazar a sus progenitores. La magistrada manifiesta su profunda preocupación ante la proliferación de casos de menores que cometen delitos de agresión verbal o física hacia sus padres.
Por su parte, el juez Calatayud ha condenado a aprender a leer y escribir a dos #adolescentes de 16 y 17 años después de que robasen cinco gallos y un jilguero de un pueblo de Granada. El magistrado, que estaba intrigado por las razones que llevaron a los adolescentes a llevarse a estos animales, habló con ellos y se percató de su bajo nivel de educación y al percatarse de su bajo nivel educativo, les hizo leer el artículo 155 del Código Civil: «Los hijos deben obedecer a sus padres mientras permanezcan bajo su potestad, y respetarles siempre. Los hijos deben contribuir equitativamente, según sus posibilidades, al levantamiento de las cargas de la familia mientras convivan con ella». Ninguno de los dos jóvenes comprendían lo que estaban leyendo y por ello el juez les ha “condenado” a leer y a escribir.
Está claro que sendos dictámenes resultan tremendamente ejemplares, pues ambos buscan una eficaz rehabilitación por parte de los jóvenes condenados y con el propósito de que se beneficien de sus resultados. En cualquier caso, una vez más, se pone de manifiesto la necesidad de una #educación que tiene que darse en el seno #familiar para evitar que los jóvenes vayan por sendas nada recomendables.

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Educar, arte y aventura

Este es el título de la carta pastoral del arzobispo de Toledo, Braulio López Plaza, quien empieza señalando que “a menudo confundimos la educación con la enseñanza. Se enseña algo, mientras que se educa a alguien” y añade “la enseñanza inculca materias, mientras que la educación hace madurar a las personas”. Es una aseveración que compartimos plenamente y de lo que hemos hablado reiteradamente.
Y por supuesto, enseñar no es adoctrinar. Reconoce el arzobispo que sería muy importante que los partidos políticos renunciaran a imponer su ideología en este ámbito, precisando que “la falta de conciencia de una sociedad, débil y poco apoyada, es lo que está dando espacio a un estatalismo creciente y que se está instalando en nuestra sociedad”.
A este respecto, también se ha pronunciado el obispo de San Sebastián, José Ignacio Munilla, quien en una conferencia pública afirmó que existe un excesivo intervencionismo de los Gobiernos en la educación-la reglada-, habiendo muchas leyes contrapuestas, lo que supone una falta de respeto al protagonismo que deberían tener las familias en la escuela. “Vivimos una crisis educativa-añade-¿Acaso no se está confundiendo la tolerancia con el todo vale?. Y subraya que “el Estado debe estar al servicio de las familias en su libertad de elección, no coartarla ni pretender ejercer de papá y de mamá. La familia educa mucho mejor que el Estado”.
Y otra opinión a propósito de este mismo tema es la vertida por el obispo de Bilbao, Mario Iceta, quien sostiene que “en la educación es donde se juega verdaderamente nuestra convivencia”, matizando que “los niños serán educados según las convicciones de sus padres”.
Como comprobamos, el tema de la enseñanza está hoy más que nunca a flor de piel, pues se trata de defender un sistema que jamás debe ser adulterado por ningún político, como vemos está sucediendo en algunas Comunidades autónomas. Esto, como se dijo, es puro y duro adoctrinamiento.
Y si a los hijos se les instruye bajo un prisma ideológico sectario y si por encima en casa no reciben una correcta educación, entonces, el futuro de éstos estará sometido al socaire de tales circunstancias, pero luego no nos preguntemos por qué hay crisis de valores.

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