Artículos, parlamentos, profesion, protocolo

Regular la fórmula

Como hemos comentado, la reciente sesión constituyente de las Cortes de la XIV legislatura se convirtió en un galimatías por mor de las fórmulas de juramento o promesa asumida por diversos diputados quienes “reinventaron” el texto que para esta ceremonia se recoge en el Real Decreto 707/1979, de 5 de abril y que por el que se determina la fórmula de juramento o promesa para la toma de posesión de cargos o funciones públicas.
Lo comentábamos la pasada semana. Los diputados, quienes acceden a este cargo mediante un proceso electoral, tienen la obligación de ejercer su función respetando las normas y leyes emanadas como consecuencia del marco legal que implica nuestra Carta Magna y que además reconoce que disponemos de una monarquía parlamentaria y confiere todo el poder legislativo a las Cortes generales. Ello significa que alguno de estos representantes electos cuestiona aquel marco que le ha posibilitado acceder a un escaño del Palacio de la Carrera de San Jerónimo, entonces, por coherencia, no debiera ocupar el mismo.
No obstante, de un tiempo a esta parte, se está produciendo demasiada incongruencia entre nuestra clase política y de la que también hemos dicho que lo que es “clase”, entendida ésta como “distinción o categoría”, estamos constatando que un buen número de “señorías” carecen de ella. Y bueno, asimismo podríamos cuestionar por lo mismo este tratamiento vocativo y que se usa por el ejercicio de la “dignidad de parlamentario”, puesto que quien ostenta este título tiene que comportarse de acuerdo con la dignidad del mismo, actuando con gravedad o decoro.
Pero es que a la vista de lo acontecido en el último pleno constituyente de las Cortes, lamentablemente en la línea de otros precedentes, sería oportuno que estos representantes públicos se pusiesen de acuerdo-cosa harto complicada por mor de cómo están comportándose-y consensuasen-es otra utopía que nada tiene que ver con la filosófica de Tomás Moro-, un nuevo reglamento de sesiones que contemplase la reforma de su artículo 20 que precisa los requisitos para asumir las condiciones de diputados y en su tercer punto especifica que han de prestar la promesa o juramento de acatar la Constitución. Pues bien, aquí es donde deben fijar los extremos relacionados al contenido de la fórmula y dado que no respetan la contenida en el antes citado Decreto 707/1979, pues que aprueben otra más laxa y flexible y que permita acoger todos los inventos y paridas que se les ocurren a estos políticos que confunden un solemne espacio como es el Congreso de los Diputados, con la cafetería del mismo.

Anuncio publicitario
Estándar
Artículos, Educación, normativa oficial, parlamentos, profesion, protocolo

El sainete tragicómico cameral

Si nos atenemos a lo que reza el Diccionario de la Real Academia Española, por sainete se entiende “obra teatral en uno o más actos, frecuentemente cómica, de ambiente y personajes populares, que se representa como función independiente” o también “pieza dramática en un acto, de carácter popular y burlesco, que se representaba como intermedio o al final de una función” y finalmente, en sentido coloquial “situación o acontecimiento grotescos o ridículos y a veces tragicómicos”. Mientras que tragicomedia significa “obra dramática con rasgos de comedia y de tragedia” o “Situación o acontecimiento en que se mezclan lo trágico y lo cómico”.
Pues bien, tanto de sainete como de tragicomedia podemos calificar, una vez más, la ceremonia-que lo es, con toda la solemnidad que ello implica-de constitución del Congreso de los Diputados correspondiente a su XIV legislatura. Ceremonia, lo fue, pero del esperpento-con licencia valleinclanesca y por mucho parecido físico que tuviese con este autor el diputado socialista Agustín Zamarrón, quien volvió a presidir la mesa de edad como hizo en la recientemente fenecida legislatura precedente por la que por cierto, pidió perdón por su incumplimiento-. Y por supuesto, estuvo carente de la solemnidad que requería tal ceremonia desarrollada en un espacio tan magno y mayestático como es el Palacio de la Carrera de San Jerónimo.
Y resulta curioso que este noble edificio sea la sede donde se reúnen a deliberar-aunque a veces sería mejor decir a “atribular”- nuestros llamados eufemísticamente “padres de la patria”, pero qué padres y de qué patria, porque según lo visto, hay más de una en este estado llamado España. Y decimos curioso que estos que ejercerán como diputados- por obra y gracia de la Constitución que muchos de los allí presentes denostan- dado que el santo al que debe el nombre tal lugar está considerado Padre de la Iglesia-uno de los cuatro grandes padres latinos- y a él se debe la traducción al latín de la Biblia, llamada la Vulgata (de vulgata editio, ‘edición para el pueblo’ y que fué la versión única y oficial de la Biblia para la Iglesia latina hasta la promulgación de la Nova Vulgata(1979).
Conviene asimilar estos conocimientos históricos, pues la gran responsabilidad de quienes acaban de ocupar los escaños del Congreso, entre empujones para coger el mejor sitial, ridiculeces a la hora de prestar la fórmula del juramento o promesa vulnerando no sólo un reglamento sino las reglas de sentido común-por mucho respeto que pidiese la reelegida presidenta-, es la elaboración de leyes que regirán la vida de los convecinos-electores y, sobre todo, actuando conforme a nuestra magna obra que es la Constitución, de un tiempo a esta parte acosada y que es como la Biblia de la ciudadanía. La de San Jerónimo duró unos cuantos siglos y sin vilipendios.

Estándar
Artículos, Educación, Formación, Urbanidad

Profesores acosados

El sindicato docente ANPE advierte respecto a la «estabilización» del número de casos de acoso y violencia hacia profesores tras registrar durante el curso 2018-2019 más de dos mil intervenciones de esta naturaleza a través de su servicio “El Defensor de Profesor”. Esta circunstancia hace concluir a dicha organización que se ha dado prácticamente la misma cifra que en curso anterior lo que pone de manifiesto que “las situaciones de conflictividad están lejos de erradicarse de los centros escolares», según fuentes de la misma.
Otro dato extraído de la memoria y respecto a las actividades del Defensor del Profesor, es que la mayoría de los docentes proceden de la enseñanza Secundaria, un 44,4%. Precisamente este servicio de la ANPE surgió en el 2005 para atender solicitudes de ayuda de los docentes ante situaciones de violencia o acoso en las aulas. En cuanto a las características de los casos denunciados se mantienen porcentajes parecidos curso anterior, aunque registrando ligeros repuntes en situaciones de falta de respeto del alumnado a los docentes o de amenazas y violencia entre estudiantes. Se dan casos habituales de alumnos que pretenden «humillar» a los profesores o formulando amenazas a su profesión: «Voy a acabar con tu profesión” o “voy a hacer que te echen” son algunas de las frases más frecuentes.
Otra conclusión que se extrae de la referida Memoria de la ANPE y que acaba de hacerse pública, son pequeños repuntes en los problemas con padres y madres, “donde se registran ligeros aumentos en los casos de acoso, denuncias o acusaciones carentes de fundamentos”. Para dicho sindicato profesional, estos últimos suponen ya el 26% de los casos de problemas de profesores con las familias. «Las madres y padres utilizan cada vez más los whatsapp de grupos de clase para realizar acusaciones, descalificaciones o injurias a los profesores, que no pueden defenderse”, asevera fuentes de esta organización.
A la vista de estas conclusiones, no queda más remedio que reflexionar en voz alta respecto a la situación de la enseñanza en nuestro país. Todas estas situaciones que se producen en el ámbito de los centros y de las propias aulas nos conducen a una respuesta contundente: falta de respeto hacia el profesional de la enseñanza como consecuencia de una carencia de educación entre los discentes. Y esta es también consecuencia de que la misma, y lo hemos dicho aquí mismo hasta la saciedad, no se produce desde la base que no es otra que la familia porque, lo reiteramos nuevamente, la familia educa y el colegio forma.
Además, como colofón, la ANPE asegura que “todas estas situaciones, con independencia de sus causas, tienen un impacto emocional en el profesorado que repercute en el ejercicio de la docencia y en la calidad educativa».

Estándar