Artículos, Educación, Urbanidad

Educar y honrar

El papa Francisco, en una de sus recientes intervenciones públicas en el Vaticano, afirmaba que “honrar significa reconocer y dar importancia a los padres a través de acciones concretas, que manifiestan afecto y cuidado; y esto tiene como efecto una vida larga y feliz”, en alusión al cuarto mandamiento. Y puso especial énfasis en la mala costumbre de dirigirse con palabrotas a los padres y pidió que “nunca se insulte al padre o la madre”.
En su catequesis, en este caso refiriéndose al cuarto mandamiento (“Honra a tu padre y a tu madre”), el pontífice explicó que el acto de honrar se debe hacer “prescindiendo de los méritos de los padres, porque no todos los padres son buenos y no todas las infancias son serenas” y añadió: “todos los hijos pueden ser felices, porque lograr una vida plena y feliz depende del justo reconocimiento hacia quien nos ha traído el mundo”. Pidió a aquellos hijos que se hubiesen alejado de sus padres por cualquier enfado que se esfuercen y regresen “porque son viejos y sea lo que sea que ha pasado, ellos te han dado la vida”.
En lo que lleva de pontificado, Francisco en más de una ocasión se ha ocupado y preocupado del entorno familiar, de la educación de los hijos, como cuando se refirió sobre los efectos de la ausencia de los padres en los hijos: “Los padres están a veces tan concentrados en sí mismos y en su propio trabajo y en su propia realización individual, a punto de olvidar también a la familia y dejan solos a los niños y a los jóvenes” y afirmaba que esa ausencia de la figura paterna causaba efectos negativos pues las desviaciones de niños y adolescentes en buena parte se pueden atribuir a esa carencia. Y abunda el pontífice: “los padres no se comportan como tales, no dialogan con sus hijos, no cumplen con su tarea educativa, no dan a los niños con su ejemplo acompañado de las palabras, aquellos principios, aquellos valores, esas reglas de vida”.
“El papel de los padres es insustituible-añade-, solo ellos pueden compensar algunos errores. Sin embargo, a veces se encuentran paralizados por miedo a equivocarse, ante la complejidad de la vida actual y las nuevas exigencias de sus hijos”. Y en el último Encuentro Mundial de las Familias, hizo hincapié en que los niños aprenden a perdonar cuando ven que sus padres se perdonan recíprocamente. “Los niños-asevera- toman como modelo de comportamiento el ambiente de su familia y absorben las instrucciones de sus padres que son quienes tienen la responsabilidad de su educación y de transmitir el sentido de los valores. Y subraya el papel fundamental de la familia: “En toda sociedad, las familias generan paz, porque enseñan el amor, la aceptación y el perdón, que son los mejores antídotos contra el odio, los prejuicios y la venganza que envenenan la vida de las personas y la comunidad”.
Por lo tanto, educar en este caso de la familia, debe conjugarse con honrar.

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