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Convivencia y entendimiento

El pasado mensaje de Navidad de Felipe VI se ha sustentado en una palabra clave: convivencia. En siete ocasiones pronunció esta palabra y sobre ella significó buena parte de su intervención que, por otro lado, como el mismo monarca reconoció, estuvo también centrada en nuestros jóvenes.
“Quiero hablaros de nuestra convivencia, de los principios en los que se inspira, pensando en el presente y también en el futuro” anunciaba en el inicio de su mensaje. Habló de aquellos que impulsaron los cimientos de la actual democracia y quienes con espíritu de reconciliación y concordia, diálogo y entendimiento, integración y solidaridad contribuyeron a cimentar la transición política materializada en nuestra Carta Magna: “a todos les unía un objetivo muy claro: la democracia y la libertad en España; definir unas reglas comunes que garantizaran nuestra convivencia”, unas reglas, por lo tanto, que son de todos y que todos debemos respetar. Esa es la base de la convivencia como reiteradamente venimos diciendo.
Y continuó aseverando: “Hoy, que vivimos en una democracia asentada y que compartimos unos mismos principios y valores con otras democracias de nuestro entorno, es imprescindible que aseguremos en todo momento nuestra convivencia”, añadiendo que se basa en “la consideración y en el respeto a las personas, a las ideas y a los derechos de los demás; que requiere que cuidemos y reforcemos los profundos vínculos que nos unen y que siempre nos deben unir a todos los españoles; que es incompatible con el rencor y el resentimiento” y una convivencia en la que la superación de los grandes problemas y de las injusticias nunca puede nacer de la división, ni del enfrentamiento, “sino del acuerdo y de la unión ante los desafíos y las dificultades”.
El rey hizo hincapié en que esa convivencia exige el respeto a nuestra Constitución y recordó que esa convivencia siempre es frágil y “es el mayor patrimonio que tenemos los españoles. La obra más valiosa de nuestra democracia y el mejor legado que podemos confiar a las generaciones más jóvenes; y, por ello, debemos evitar que se deteriore o se erosione; debemos defenderla, cuidarla, protegerla; y hacerlo con responsabilidad y convicción”.
Y es que de eso se trata precisamente. La base de una convivencia es el respeto de sus reglas por parte de todo el tejido social que conforma lo que se considera “sociedad”. Da lo mismo que sean reglas sociales o políticas, pues su fundamento es asumir ese papel si lo que queremos es convivir con los demás. Y el rey, en su discurso navideño, ha puesto especial énfasis en su mensaje.
Aquí no cabe la famosa frase de Groucho Marx “Estos son mis principios. Si no le gustan tengo otros”.

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