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Cumpleaños constitucional

Nuestra Carta Magna estuvo de cumpleaños. Cuarenta para ser más exactos. Y celebró su efeméride en su casa, como mandan las tradiciones, y con sus padres, aunque en este caso han sido los de la Patria, una forma común de bautizar a nuestros representantes en las Cortes, unos más padres que otros y unos con un sentido más patriótico que otros. En lugar de soplar velas, como también es tradicional, hubo otro tipo de soplidos y de resoplos o resoplidos, en función de quien fuese el invitado y sus circunstancias.
Porque unos, la gran mayoría, acudían formales a este evento y se comportaron como tales, pero otros, daba la impresión de que pasaban por allí y la fiesta no iba con ellos. Claro que también los hubo quienes declinaron la invitación y optaron por ausentarse. Dos ejemplos de este comportamiento. Por un lado, los diputados de Podemos, quienes lucieron un nuevo símbolo republicano durante su presencia en este solemne acto y además, testimoniaron su desacuerdo monárquico permaneciendo de pie con los brazos cruzados o tras la espalda, y obviamente, sin ningún aplauso.
Y por otro lado, destacamos, cómo no, la actitud de ER, y más concretamente la de su portavoz Gabriel Rufián, quien en los prolegómenos de esta ceremonia, a través de las redes sociales, criticaba la etiqueta exigida y específicamente, se refería a la invitación para el concierto conmemorativo del 40 aniversario que presidieron los Reyes-lo habitual, traje oscuro para los hombres y vestido corto para las mujeres-. Pues bien, el lenguaraz político afirmaba que “Un señor al que no ha votado a nadie te invita a conmemorar una Constitución de la que sólo se acuerdan para reprimir y te exige que si eres hombre vayas con traje y que si eres mujer vayas con vestido (corto). Yo ya no sé qué más necesitáis para moriros de vergüenza”. Sin palabras. En su línea execrable y antisistema.
En cuanto a la ceremonia, puramente civil, ha sido singular-con la presencia de dos reyes en el Palacio de San Jerónimo-, sin grandes boatos ni aparato, sobria y elegante y en la que estuvieron los que tenían que estar, incluidos los reyes eméritos, después de los dimes y diretes preliminares donde se llegó a cuestionar su presencia, algo inaudito teniendo en cuenta quien protagonizó hace cuatro décadas la transformación del Estado-“me propuse encabezar entonces la ilusionante tarea nacional que permitió a los ciudadanos elegir a sus legítimos representantes y llevar a cabo esa gran y positiva transformación de España que tanto necesitábamos”, se recoge en la Ley Orgánica de 18 de junio, de su abdicación-. Recordemos que la ausencia de Juan Carlos I con motivo del 40 aniversario de las primeras elecciones democráticas había generado malestar y polémica.
Todos los protagonistas tuvieron su espacio relevante. Cada uno en su sitio, como la segunda presidencia-sin tener ésta carácter de tal, cuestión de cortesía institucional- que se hizo donde estaban los padres del actual rey, los expresidentes del Gobierno y los tres miembros que continúan entre nosotros y que redactaron la Constitución.

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