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Bastonazos independentistas

El bastón de mando que simbólicamente reciben los alcaldes al ser elegidos forma parte de los atributos propios del cargo, por lo tanto, tiene un valor propio de una insignia representativa. El rector municipal lo asume en el mismo momento en que toma posesión como tal y después su uso queda restringido a actos solemnes y con gran dignidad-por ejemplo, procesiones, visitas del monarca, etc-. Cualquier otro uso fuera de este contexto protocolario, implica cometer un error, pues se entiende entonces que funciona como un elemento de adorno.
Este atributo representa un emblema de la autoridad del alcalde, por ello, conviene saber en qué momento se puede portar. Pero donde por supuesto no pintaba nada este bastón ha sido hace unos días cuando un nutrido grupo de alcaldes soberanistas acudieron al Parlament catalán para expresar su apoyo a los grupos de Junts pel Sí (JxSí) y la CUP, con motivo de declaración de independencia. Allí mismo, acabada esa ya famosa sesión-pantomima, estos representantes edilicios lanzaron gritos de “independencia” mientras levantaban o más bien enarbolaban sus bastones de mando. La imagen quedaba como un tanto grotesca. Y algo similar sucedió esta semana en Bruselas. Se ha convertido en la comitiva de los bastonazos.
Dicho esto, queremos explicar que el uso de este atributo ha de hacerse con cortesía protocolaria y se porta, como señalamos, en aquellos actos solemnes, dado que no se trata de ninguna vara a la que se le da un uso precario, como quien lleva un bastón para caminar o para conducir ovejas. Como instrumento representativo de poder, su uso incluso se remonta a la propia prehistoria y posteriormente formaba parte de la distinción para mandos militares.
Por eso, cuando observamos la escena aludida protagonizada por esos alcaldes separatistas, sentimos la necesidad de inculcar a estos representantes públicos las más básicas y elementales nociones del protocolo, para que sepan cual es el uso correcto de este atributo municipal y no exhibirlo como si estuvieran en una fiesta en busca de la piñata para golpearla y coger sus golosinas.
Y por cierto, también habría, en general, que impartir unos cursos acelerados sobre cómo se desarrolla una toma de posesión de un regidor municipal haciendo hincapié en la ceremonia de recepción del citado bastón de mando, pues si recurrimos a los archivos gráficos, se ve de todo en el momento en que tiene que mostrar o alzar este atributo.

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Símbolos vexilológicos propios

En varias ocasiones hemos comentado como en Cataluña, bastantes organismos públicos e instituciones estaban conculcando la ley- en este caso la Ley 39/81 de 28 de octubre- al no exhibir la bandera de España, siendo ésta de uso obligatorio, recogido además en el artículo 4.2 de nuestra tantas veces invocada en los últimos tiempos Constitución española.
Pues bien, el tema de nuestros símbolos vexilológicos ha retomado toda su importancia a tenor de los recientes acontecimientos acaecidos en aquella comunidad autónoma española- que obviamente lo es-. No sólo por la presencia masiva de la enseña de nuestro Estado que se está produciendo en nuestro territorio y con especial énfasis en el catalán, sino porque estamos asistiendo a escenas donde los símbolos adquieren una proyección inusual.
Aconteció en el Parlament cuando se votaba en medio de un esperpento valleinclanesco la declaración de la República para Cataluña, pues los diputados del grupo popular, antes de abandonar el foro, dejaron sobre sus escaños tanto la señera como la bandera española. El pasado domingo en la conclusión de la magna manifestación en defensa de la unidad de España, el expresidente del Parlamento europeo, Josep Borrell, al tiempo que mostraba sendas banderas de España y Cataluña, afirmaba que quería que sus hijos y nietos “tengan unos símbolos con los que se puedan identificar”. Y eso que horas antes el ya cesado Puigdemont, en una breve aparición en la TV3, pedía a los independentistas que respetasen los símbolos. No especificó a qué símbolos se refería, pero a buen seguro que era la “estrellada”, enseña con la que se visibiliza el movimiento secesionista. No debió de leer ese día la encuesta del diario “El País” y que recogía que el 60% de los catalanes se siente más identificado con la “senyera” que con la “estelada”, un 22%.
Aún recordamos lo que dijo el presidente de la Comisión Europea, Jean Claude Juncker, en la ceremonia de los Premios “Princesa de Asturias”, quien calificó de “visión hermosa” las numerosas banderas de España que observó en la capital ovetense. Y lo dijo con orgullo. El mismo orgullo que se siente cuando nos identificamos con un símbolo tan propio como es la bandera, la de nuestro país y la de nuestra Autonomía.

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