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Perdón

Cuantas veces, a lo largo de nuestra vida, tenemos que usar esta palabra: perdón. No ya como un gesto de humildad o contrición, sino en nuestro lenguaje cotidiano y en el ejercicio de las relaciones cívicas y de convivencia.
Porque pedir perdón conlleva en este caso de relación social, demostrar ante los demás que somos personas educadas. No implica ninguna humillación. Todo lo contrario, nos enaltece.
Por ejemplo, vamos a ocupar un asiento en un transporte público o en recinto de espectáculos y para ello, otra persona o personas tienen que moverse, entonces, procede pedir disculpas o perdón, aunque en realidad no estemos haciendo nada inadecuado o incorrecto, pero implica una acción de reconocimiento por nuestra parte y porque nos comportamos educadamente.
De la misma manera que procede pedir perdón cuando entramos en algún lugar y haya un grupo de personas al que nos dirigimos y que están conversando, dado que sin desearlo, hemos interrumpido su charla.
La educación y el sentido común nos pautarán en qué momento y ocasión debemos utilizar esta palabra, que en la sociedad de los buenos modales está obligada, lo mismo que gracias.
Son esos pequeños detalles, que parecen insignificantes, pero que denotan en una persona su grado de sociabilidad y civilidad. Detalles que son especialmente valorados por parte de quienes tienen educación.
Obviamente, ni qué decir tiene que estas dos palabras mágicas, “gracias” y “perdón”- y también, por supuesto, “por favor”- son las claves de una educación que hay que empezar a aprender en el seno familiar, como suele decirse, desde la más tierna infancia. Porque cualquier niño desde edad temprana tiene que saber el valor de estas expresiones y a de empezar a usarlas desde el mismo momento que tiene uso de razón, porque cuando crezca, sabrá en qué momento y situación debe emplear dichas palabras.

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