Artículos, Educación, parlamentos

Buen tono político

Si hace unos días aludíamos a las palabras del titular de la Cámara autonómica gallega, Miguel A. Santalices en cuanto a instar a que en esta recién inaugurada legislatura predominase el “respeto institucional”, hoy queremos asumir las palabras del reelegido presidente del gobierno gallego Alberto Núñez.
En su intervención en la sesión de investidura, dejó constancia del agradecimiento por el tono de las intervenciones de los portavoces de la oposición, constando que se había producido “un cambio de formas” que es “bueno”, porque “se puede discrepar profundamente con enorme educación”. Y en su discurso pidió que en esta nueva legislatura no se reproduzcan comportamientos “que no definen a una sociedad”, erradicado actitudes de “incivismo” y de “ofensa gratuita”. Y subrayó que la pasada legislatura “no constituyó el mejor ejemplo de comportamiento que debe presidir la Cámara”, añadiendo que hay que olvidar “la dialéctica del aplauso fácil y el golpe en la mesa”.
Es más que obvio que esta debe ser siempre la tónica que impere en el desarrollo de cualquier sesión parlamentaria, ya sea ésta en el Congreso de los Diputados, en la Cámara autonómica, en una sesión de la Corporación Provincial o en el Ayuntamiento, en donde, por cierto, y nos referimos al de Ourense, eso del buen tono político no siempre se produce, como aquí mismo ya hemos puesto de manifiesto, lo que incluso se ha utilizado como referente en una sesión plenaria.
De ahí que enfaticemos en las palabras, primero del titular del Parlamento de Galicia y luego del presidente de la Xunta, en cuanto a poner de manifiesto la necesidad de mantener esa moderación y sentido en el debate parlamentario, guardando las formas y sobretodo, respetando siempre al adversario político. Y porque de un buen debate en el seno de una Cámara, siempre se sacan conclusiones positivas.
Ya lo decía Baltasar Gracián “la discreción en el hablar importa más que la elocuencia”. Eso mismo. Apliquemos esta sentencia de este escritor y jesuita aragonés.

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Artículos, Casa Real, protocolo

El tapiz real

Hemos visto la foto en múltiples ocasiones y de un tiempo a esta parte, además, se han repetido. Nos referimos a las audiencias públicas que Felipe VI ofrece a los líderes de los partidos políticos en la sala de audiencias del Palacio de la Zarzuela. Lo normal es fijarse en la imagen donde aparecen el monarca y su invitado, pero apenas se repara en el fondo de esa imagen.
El elemento principal de la sala es un tapiz flamenco, de oro, plata, lana y seda, de finales del siglo XVI, “Alejandro distribuye riquezas entre sus amigos” atribuido a Jakob Geubels II y a Jan Raes. El tapiz describe a Alejandro antes de iniciar la guerra contra los persas, haciendo sacrificios a Júpiter Olimpo, cerca de la ciudad de Dio, en Macedonia. Esta es su fragmento de historia.
Este espacio mediático ha adquirido mayor preponderancia tras algunas variaciones en el protocolo de la Casa Real, pues el rey aguarda a las personalidades que pasan casi a diario por ese lugar. Siempre en el mismo espacio. De esta forma, esta sala se ha convertido en un emblemático escenario del poder, pues en la misma se llevan a cabo importantes ceremonias. Desde la renuncia de Juan de Borbón a sus derechos dinásticos a la imposición del fajín de Capitán General a Felipe VI durante su acto de proclamación, pasando por todos los actos de jura o promesa del cargo de presidentes del Gobierno, ministros y magistrados del Tribunal Constitucional desde el reinado de Juan Carlos I.
De esta manera, este marco de Palacio se ha convertido en una imagen institucional de la liturgia del poder. El monarca aguarda a su invitado y le saluda (otras veces fue al revés). Posado y luego a otra cosa. Lo bueno de este tapiz es que no representa escenas cinegéticas y que no suelen ser muy recomendables como fondo para fotos, más que nada por si se cuela, que de hecho ya ha sucedido, alguna cornamenta encima de la cabeza de alguien. De todas formas, a lo mejor tampoco habría que interpretar el contexto de este tapiz, relacionado con el reparto de riquezas…entre sus amigos, tal como se titula.

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Artículos, Educación, parlamentos

Compostura parlamentaria

El presidente de la Cámara legislativa autonómica, Miguel A. Santalices ha mostrado su preocupación por la manera de vestir de algunos diputados autonómicos “hay vestimentas que dejan mucho que desear en el Parlamento gallego”, ha aseverado en unas declaraciones públicas.
Ciertamente. Ratificamos sus opiniones. Porque además no es la primera vez que hemos manifestado como una parte de nuestra clase política no observa unas pautas mínimas en cuanto al saber estar y no sólo nos referimos a la cuestión de la indumentaria, sino al comportamiento y actitudes es sus escaños camerales.
“No creo que guardar la compostura en determinadas cosas esté reñido con ser de derechas o ser de izquierdas”, subraya Santalices. Tiene toda la razón. La compostura y todavía más la vestimenta no define una cultura ideológica, sólo es una tendencia de la propia moda. Claro, a no ser que la moda política sea participar en la vida pública vistiendo una ropa que implica un mensaje: mangas de camisa para ir a Congreso de los Diputados o al Palacio Real y esmoquin para una gala de entrega de premios…
A pesar de ello, el titular del Parlamento de Galicia anunciaba que no va a “vigilar” o poner reparos a la forma de vestir de los diputados, aunque si hará una “labor preventiva” e intentar “reconducir” la situación, pues, argumenta con criterio “un pleno es un lugar donde la sociedad nos está mirando”. Una gran verdad. Un pleno es un escaparate público donde se exhiben nuestros políticos.
Y claro, en el caso de la cámara legislativa autonómica no dispone de un código o reglamento que regule la vestimenta, como sí existe en el Congreso de los Diputados, aunque de un tiempo a esta parte, estamos comprobando que una parte de sus señorías no observan esas normas que les obliga a vestir con sobriedad en ocasiones tan solemnes como una sesión de constitución de la cámara o una sesión de investidura.

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