Artículos, parlamentos

Persona non grata

Se están sacando las cosas de quicio. De un tiempo a esta parte la clase política está protagonizando escenas fuera de lugar. Se están perdiendo las formas. Parece que todo vale, pero no. No vale. Es más, es recriminable y censurable. Hay instalada una tensión en las relaciones políticas y eso se refleja en las decisiones y actuaciones públicas de sus representantes.
Como muestra, el acuerdo tomado por la Corporación Municipal de Pontevedra (a propuesta de los grupos del PSOE y MAREA), declarando a Mariano Rajoy “persona non grata”. Y eso que el secretario municipal cuestionaba, en un informe, la conveniencia de que el pleno se pronunciara sobre esa cuestión afirmando que resultaba «improcedente», pues no entraba dentro de sus competencias ni concierne a los intereses municipales y recomendaba que el pleno no tomase esa decisión para una mayor seguridad jurídica.
“Persona no grata” es sinónimo de persona no bienvenida y es un término utilizado en diplomacia con un significado legal específico. Concretamente, la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas, artículo 9, especifica que “el Estado receptor podrá en cualquier momento y sin tener que exponer los motivos de su decisión comunicar al Estado acreditante que el Jefe u otro miembro del personal diplomático de la misión es persona “non grata” o que cualquier otro miembro del personal de la misión no es aceptable”. Obviamente, aquí precisamente lo que menos ha habido es “diplomacia” que coloquialmente significa “cortesía aparente e interesada”.
Un Ayuntamiento está para abordar otras cuestiones más apropiadas a sus competencia y por lo tanto, dedicar su tiempo a resolver aquellas cuestiones que son de interés general para los ciudadanos. Pero lamentablemente, algunas de las nuevas Corporaciones están dirigidas por personas que anteponen sus intereses antes que los generales.

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Artículos, Educación

El apretón (de manos)

Mucho se ha hablado estos días acerca del “incidente social”, por definirlo de alguna manera, protagonizado por nuestros líderes políticos Mariano Rajoy y Pedro Sánchez, con ocasión del reciente encuentro que mantuvieron ambos a propósito de las negociaciones de cara a la investidura del nuevo presidente. Nos estamos refiriendo a la “supuesta” negativa de saludo o apretón de manos por parte del dirigente popular al socialista cuando éste le tendía la mano. En ese momento, el presidente del Gobierno en funciones optó por abotonarse la chaqueta.
La escena tal como se vivió y visualizó tiende a interpretaciones subjetivas, puesto que ambos políticos estaban sentados y(al menos lo estaba el popular), suponemos que a instancias de los fotógrafos, se levantaron para “la foto” y fue cuando Sánchez tendió la mano y Rajoy procedía a abrocharse la americana. Que cada cual entresaque sus conclusiones.
En cualquier caso, hasta ahora, nunca entre ambos líderes políticos, se había producido tal “desencuentro social”. El saludo o apretón de manos jamás había sido objeto de desaire. Es una norma de cortesía social vigente y que no se niega a nadie. Ahora bien, está claro que la foto de esta entrevista estaba predestinada a plasmar un desencuentro entre ambos protagonistas, habida cuenta de la tensión previa que existía, por ello, en este caso, más que el contenido de esa reunión, los medios buscaban el mensaje de la propia plasmación gráfica. Y se consiguió.
Claro que a medida que pasan los días, el impacto social se disipa y se convierte en una anécdota más. De la misma manera que se plasmó la foto en que se vieron con anterioridad a esta ocasión, en La Moncloa, y donde quedó constancia que el apretón de manos era un rito social, pero que lo que impactó de aquella foto, fue la expresión adusta del líder del PSOE en ese momento.
La etiqueta social cuando hace referencia a la forma de saludar, determina que hay que hacerlo con un apretón de manos firme, mirando a los ojos de la otra persona y esbozando una sonrisa. Ahora que cada cual juzgue cada situación. En el caso del pasado encuentro, la expresión del secretario general del PSOE era menos dura que en la anterior, aunque no pudo materializar el cruce de manos.

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Artículos, Educación

La educación de los padres

El 86% de los padres nunca ha seguido un curso de formación para educar a sus hijos, ni estaría interesado en participar en cursos de este tipo, según el último barómetro de la familia elaborado por GAD3 para The Family Watch. Casi nueve de cada diez padres nunca ha seguido un curso de formación para educar a sus hijos, y además, una gran parte de los hogares españoles creen que las nuevas tecnologías no mejoran la comunicación entre las familias. Estos datos obviamente son extrapolables.
Otra cuestión relevante de dicho barómetro es que para casi nueve de cada diez de los padres que sí se han formado, la experiencia ha sido, muy o bastante positiva. Además, queda de manifiesto que siete de cada diez padres considera que el reconocimiento público de la familia es escaso o nulo en España. Cuatro de cada diez, quieren pasar más tiempo con sus hijos y también revela este estudio que son más los que creen que las nuevas tecnologías perjudican las relaciones familiares que los que creen que las mejoran.
El tema de la educación de los hijos (responsabilidad que concierne a los padres) ya lo hemos tratado en otros artículos. El propio pontífice frecuentemente alude a esta perentoria necesidad de propiciar la educación en el seno familiar- no hace mucho comparaba una casa con una pensión a la hora de comer, que es un momento idóneo para fomentar la educación en este ámbito-.
Para ser padres, no se exige ninguna titulación. Se hace progenie y luego su educación queda sometida al socaire de las circunstancias, generalmente externas y aquellos que tienen suerte de convivir en una familia donde primen los valores, recibirán una adecuada educación. De ahí la importancia de este tipo de formación específica y que abarque todas las áreas humanísticas de ese hijo. El propio primer ministro del Reino Unido David Cameron, en su política social, contempla la necesidad de hacer cursos de formación para padres. Por algo será.

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Artículos, parlamentos

Visibilidad

Por “visibilidad”, según el Diccionario de la Real Academia, se entiende “cualidad de visible”, o sea, que se puede ver o aplicando otro adjetivo “dicho de una persona: notable y que llama la atención por alguna singularidad”. Y es que de eso se trata. De llamar la atención, de darse notoriedad o hacerse notar visiblemente. Y porque precisamente de eso se trata, se han suscitado tantas discrepancias con el reparto de los escaños en el hemiciclo de la Carrera de San Jerónimo.
Como ya están informados, tal disconformidad fue expuesta por parte de la formación morada-conocida por PODEMOS- y que expresó su total desacuerdo con los escaños que le fueron asignados por parte de la mesa del Congreso de los Diputados, que es el órgano a quien corresponde tal misión.
En la Cámara baja existe una tradición en lo que concierne a la distribución de los bancos de sus señorías: los partidos de la derecha se sientan a la derecha del hemiciclo -desde la posición de la presidencia de la mesa- y los de la izquierda, a la izquierda. Y la bancada azul siempre corresponde al gobierno. Pero esto también es vulnerable. Y los diputados de dicho partido se sentarán en los bancos de toda la parte superior izquierda, desde la cuarta fila hacia arriba. Es obvio que la visibilidad es menor cuanto más arriba se esté.
No hay nada reglamentado sobre el reparto de escaños en el hemiciclo y se pacta al inicio de cada legislatura. En el artículo 55 del Reglamento del Congreso de los Diputados sólo se indica que “los diputados tomarán asiento en el salón de sesiones conforme a su adscripción a Grupos Parlamentarios y ocuparán siempre el mismo escaño” y añade que habrá en el salón de sesiones un banco especial destinado a los miembros del Gobierno. Es lo único, por lo que nada se especifica y concreta sobre la distribución física de cada parlamentario.
Los representantes de PODEMOS pretendían la zona en la que estuvieron en la sesión de constitución, (en el centro y tras los escaños azules del Gobierno), pero claro, en aquella ocasión se sentaron al albedrío y quien antes llegaba, antes cogía sitio. Ya saben ese dicho “Quien fue a Sevilla, perdió la silla”. Esto es, que es cuestión de “visibilidad”, que a la postre es de lo que se trata en política, que a uno le vean para ejercer su panoplia doctrinal.

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Artículos, Casa Real

Ejemplaridad

El inicio del juicio conocido como el caso “Nóos”, al margen de la cuestión meramente judicial, también pone de manifiesto una cuestión de ética, de moralidad y de ejemplaridad. Y lo es porque están implicados personajes de la vida pública que han abusado del poder que ostentaban en función de su cargo para enriquecerse. La película, lamentablemente, ya la hemos visto hasta la saciedad.
La atención mediática se centra fundamentalmente en la presencia en el mismo doña Cristina, hija del rey emérito, don Juan Carlos y de su yerno, Iñaki Urdangarin. Una implicación que trasciende el interés doméstico, pues su repercusión traspasa nuestras fronteras.
En más de una ocasión hemos comentado que aquellas personas que ejercen una actividad pública, tienen que esgrimir un comportamiento ejemplar. La proliferación de los casos de corrupción protagonizados por representantes institucionales, ha provocado un carrusel de normativas, leyes y códigos denominados de Ética y Trasparencia que pretenden regular dicha actividad público-política.
Pero incluso la Casa Real tiene sus propias normas de transparencia, donde se dice que “los miembros de la familia de Su Majestad el Rey, que no sean miembros de la Familia Real, no desarrollarán actividades de carácter institucional”-y la infanta y su esposo son integrantes de la familia del rey-. Obviamente esta decisión del nuevo soberano se produjo al poco tiempo de ser proclamado, y entonces ya había estallado el aludido “caso Nóos” y que afectaba a su cuñado y a su hermana, la infanta Cristina.
Es más que obvio afirmar que quien aspira a representar los intereses generales ejerciendo un cargo público, sabe que ha de actuar con honestidad, dignidad y con ejemplaridad. Entonces, sobra tanta ley o códigos éticos y de buen gobierno. Es una cuestión de conciencia. ”Ejercerán sus funciones atendiendo al principio de buena fe y con dedicación al servicio público, absteniéndose de cualquier conducta que sea contraria a estos principios y con la diligencia debida en el cumplimiento de sus obligaciones. Mantendrán una conducta digna”, se dice e la Ley de Transparencia que aprobó el actual Gobierno.

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