Artículos, Educación

Debate de formas

Cuando en un debate sobresalen las formas antes que el fondo, a la postre, la audiencia se queda con la esencia de aquellas y el contenido queda difuminado, solapado a un segundo plano. Por nuestra parte, reiteradamente hemos comentado la mala imagen que se dan en nuestras cámaras de debate locales, sobretodo la más próxima a nuestra ciudadanía que es el Ayuntamiento- aunque es cierto que en la actual legislatura está en perfil bajo-cuando en las deliberaciones prevalecen los malos modos.
Pues bien, el eufemísticamente bautizado como el “debate final” o si les apetece decisivo, entre el jefe de la oposición y el actual presidente del Gobierno, una vez desarrollado, los comentarios que suscitó giraban en el mismo sentido: bronco, agresivo, tensionado, a veces incluso exabrupto y en el que tampoco faltaron palabras que pueden definirse como insultos: indecente, mezquino, ruin, miserable… Expresiones que vulneran la honorabilidad de sus protagonistas.
Nuestro DRAE define indecente como “no decente, indecoroso” e indecoroso” y “que carece de decoro, o lo ofende”. Ruin es “vil, bajo y despreciable” o “persona baja, de malas costumbres y procedimientos”. Mezquino es “pobre, necesitado, falto de lo necesario” y miserable “perverso, abyecto, canalla” o “abatido, sin valor ni fuerza”.
Obviamente, en el fragor de cualquier discusión es fácil dar rienda suelta a la lengua y propiciar palabras malsonantes que agravian al contrincante. Pero un buen orador sabe dominarse y utilizar la expresión adecuada a cada momento. La mecánica de un debate implica controversia donde cada uno ha de respetar la intervención del otro y cuando se produzcan réplicas éstas han de hacerse dentro de un comportamiento correcto y evitando las constantes interrupciones, pues ello implica una falta de respeto hacia el oponente.
Así pues, es una lástima que la audiencia se quede con lo anecdótico de la crispación antes que los mensajes de sus intervenciones. Un debate no puede convertirse en un foro con tintes de feria. Decía el filósofo frigio Epícteto: “Ante todo, piensa antes de hablar para asegurarte de que hablas con buena intención. Irse de la lengua es una falta de respeto hacia los demás. Descubrirte a la ligera es una falta de respeto a ti mismo”.

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Artículos, parlamentos

Imagen personal de marca

Menos mal que no se obligó a Pablo Iglesias, líder de Podemos, a cumplir las normas que acordó la Mesa de la Cámara Baja el pasado 21 de junio de 2011, relativas a la indumentaria exigida para visitar el Palacio de la Carrera de San Jerónimo. Y decimos que menos mal porque de lo contrario, el futuro diputado no hubiera podido acceder a ese “sacrosanto” espacio del que emanan las leyes- fundamentales o no- de este Reino llamado España (y que algunos están empeñados en lo contrario).
Nos estamos refiriendo a la presencia del citado político en el Congreso para participar en los actos con motivo del Día de la Constitución y donde compareció vistiendo su indumentaria habitual: la camisa. Pero camisa sin el complemento de una chaqueta. Sólo esa prenda (vaqueros oscuros, camisa gris remangada y zapatillas marrones). Una prenda, por otra parte que se ha convertido en un elemento identificativo de la imagen de este dirigente. Es su imagen personal de marca, de la marca Pablo Iglesias.
En las mencionadas normas se especifica que “el acceso y la circulación por los edificios del Congreso de los Diputados deberá efectuarse con la vestimenta adecuada al decoro exigible” y se añade que “queda prohibido el acceso a las tribunas públicas durante la celebración de sesiones a quienes no vistan pantalón largo o falda. Igualmente no se permitirá el acceso a los hombres en camisa sin mangas o camiseta de tirantes”.
Pues bien, en este caso se trataba de una ceremonia institucional, donde la asistencia a la misma se regula por una etiqueta social donde cada invitado ha de conocer los códigos que rigen para este tipo de eventos, al margen de que en la invitación se haga constancia de los mismos.
Así pues, un futuro representante público, tiene que asumir las reglas que rigen estos comportamientos. El ser antisistema no exonera de ciertas normas si uno participa de los estamentos que conforman ese sistema.

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Artículos, Comunicación, protocolo

Protocolo y Comunicacion

En el reciente III Foro de la Comunicación de Galicia celebrado en Ourense se puso de manifiesto el papel y la incidencia de la comunicación en la sociedad actual y en especial aquella que se genera desde gabinetes especializados y elaborada por profesionales. Las nuevas tendencias y tecnologías al servicio de la comunicación.
Los tiempos evolucionan y ello implica la necesidad apremiante de adaptarse a sus demandas y exigencias, sobretodo, si lo que se quiere es tener visibilidad en el mundo actual, condición sine qua non cuando se trata de estrategias de marketing y relaciones públicas. De todo ello se habló en este encuentro donde algún representante institucional aludió a la importancia que tiene apoyar estos departamentos o gabinetes.
Todo eso está muy bien, porque ya se sabe ese axioma que dice que comunicar es vender. Pero también existe otra forma de vender, en este caso se trata de la imagen, donde es asimismo importante la presenta de otros profesionales, como son los especializados en protocolo. Se trata de complementar la acción informativa de la comunicación con la acción protocolaria. Ambas pueden cohabitar en el mismo espacio. Interactuar en paralelo. Una establece el contenido del mensaje y otra lo pone en valor, lo escenifica.
Ya hemos comentado que tan importante como es el contenido de un discurso, también lo es la forma en que se expresa, el contexto, la indumentaria, el dominio gestual, la escenografía… Y esto lo consiguen quienes cuentan con equipos profesionales expertos en la materia, en comunicación y en protocolo, cada uno competente en su cometido específico para el cual se ha formado. Porque el Protocolo, en un ámbito de un evento, asimismo comunica.
La foto de la firma de un convenio la preparan el profesional de la comunicación, que convoca a los medios y elabora el dossier, y el profesional del protocolo que organiza donde se han de sentar los intervinientes y en qué orden han de hablar.

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