Artículos, normativa oficial, protocolo

Símbolos y tradición

Con ocasión de la ceremonia de toma de posesión de Marisol Díaz Mouteira como nueva delegada territorial de la Xunta en Ourense, tuvimos ocasión de comprobar cómo se sigue el procedimiento tradicional en este tipo de ritos. Nos estamos refiriendo a la presencia de un crucifijo en la mesa auxiliar dispuesta y ante la cual se pronuncian las preceptivas palabras del “juro” o “prometo”.
Nos llamó la atención, habida cuenta que de un tiempo a esta parte, parece que se ha adoptado la costumbre como moda innovadora, de retirar dicho símbolo. Parece que es “por no molestar”. Por favor, en qué orbe estamos.
Sabido es que la ceremonia de toma de posesión está regulada por el Real Decreto 707/1979 de 5 de abril que especifica cómo debe desarrollarse con la fórmula que hay que enunciar y que posibilita a quien asume la función el jurar o prometer. Pues bien, si la opción elegida es la del juramento, lo adecuado es que se haga poniendo la mano sobre el ejemplar de la Biblia, y delante, en consecuencia, de un crucifijo. Conviene recordar que la acepción “jurar” significa “afirmar o negar algo, poniendo por testigo a Dios, o en sí mismo o en sus criaturas”. Queda pues bien claro.
Por eso, lo acostumbrado en este tipo de ceremonias hasta que se implantaron estas modas, es que en esa mesa hubiese un ejemplar de la Constitución, otro de la Biblia, un crucifijo y también un tomo del Estatuto de Autonomía. Pero por eso de ser más eclécticos, los símbolos que por lo general se exhiben son la Constitución y el texto de la Autonomía.
Y precisamente el PSOE en su borrador de programa electoral que acaba de hacer público, deja constancia que las tomas de posesión se harán únicamente ante la Constitución, sin presencia de crucifijos…
Las ceremonias protocolarias responden a unos usos, tradiciones y costumbres y por ello, no admiten improvisaciones, por muy atávicas que parezcan. Por supuesto que el ceremonial protocolario evoluciona con los tiempos, para adaptarse a su modernidad, pero siempre respetando aquellos principios que lo fundamentan.

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Artículos, Educación

Ineducado o maleducado

Decía Gilbert Keith Chesterton, novelista, pensador y ensayista inglés del siglo XIX: “No hay gente ineducada. Todo el mundo está educado, solo que mucha gente está mal educada”. Esto es, que a nadie le gusta que se le diga que está mal educado. Más bien, la mayoría de las veces, es cuestión de falta de educación, o lo que es lo mismo, hablamos de una persona ineducada.
Caso distinto es cuando esa persona recibe una educación deficiente o dicho de otra manera, una mala educación. Entonces, su comportamiento público pone de manifiesto esa deficiencia, porque sus conocimientos de pautas de convivencia no son correctos. Pero ¿se puede corregir esta carencia de educación cívica?. Es obvio que sí, aunque para ello es necesario adquirir esos conocimientos en aquellos círculos, espacios o fuentes adecuadas.
Como hemos comentado en otras ocasiones, la educación se empieza asimilando en el seno familiar. Les corresponde a los padres insuflar a sus hijos esos principios y valores que les otorgarán una base que les permita convivir en sociedad. En este caso, ya no se trata de personas ineducadas, porque reciben educación, lo único que pueda suceder es que la reciban inadecuadamente, entonces, estarían maleducadas.
Cualquiera puede ser comedido, mesurado, educado, sin necesidad de poseer todos los conocimientos contenidos en un manual de buenos modales. Hay que tener una educación basada en el respeto hacia los demás. Aristóteles escribió “El hombre prudente y templado sabe mantenerse en el medio conveniente”. Hay que actuar con corrección, pecando siempre de defecto antes que de exceso.

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Artículos, Banderas

A vueltas con las banderas

Como se difundió en los medios de comunicación, en las vísperas de las elecciones autonómicas catalanas se vivió un nuevo incidente relacionado con el uso de la bandera y en concreto fue en el mismo balcón del Ayuntamiento de Barcelona, coincidiendo con la fiesta mayor de la comunidad.
Desde el balcón consistorial, el responsable del grupo municipal de ERC, Alfred Bosch, colgaba una senyera estelada. Al verlo, su homólogo en el PP, Alberto Fernández Díaz, hacía lo propio con una bandera española. Todo discurrió durante unos segundos y la escena se desarrollaba en medio de un gran abucheo, sobretodo mientras el representante popular sostenía su bandera. El incidente finalizó con la intervención del primer teniente de alcalde, quien pidió a ambos que retiraran las banderas. Las imágenes reproducidas en los medios, dan cuenta de este forcejeo de enseñas producido a apenas un metro del presidente de la Generalitat, Artur Mas, que cada año acude al balcón para ver el comienzo de la fiesta castellera.
La alcaldesa, Ada Colau, lamentó el uso partidista de un espacio como el balcón, que representa, dijo, “la pluralidad de la institución”. El problema es que en bastantes Ayuntamientos catalanes, como también sucede en el País Vasco, la bandera de España no aparece colgada en su fachada, como se establece obligatoriamente por la ley 39/81 de 28 de octubre y a pesar de que las Delegaciones del Gobierno reiteradamente les recuerdan esta obligación, e incluso en algunos casos por sentencia de los estamentos judiciales, la situación no cambia y ondea cualquier enseña, menos la que debe, que es la del Estado.
Menos mal que, de momento, este incumplimiento de la ley en cuanto al uso de la bandera no se produce en Galicia ni en Ourense. Los dirigentes de las instituciones tienen la obligación de observar las normas y acatar las leyes, por muchos inventos que se les ocurran.

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