Artículos, Educación

Indumentaria adecuada

Es obligatorio por norma oficial asistir a un acto público con una indumentaria adecuada?. Pues no. ¿Es protocolariamente correcto no respetar las pautas sociales que rigen los actos sociales?. No lo es, pero, no obstante… ¿Es un signo de cortesía vestir adecuadamente cuando se participa en un evento público?. Por supuesto que sí. ¿Y es de buen tono y cortesía acudir con ropa adecuada a un acto público donde se desarrolla una ceremonia ritual y donde quien acude es uno de los protagonistas?. Obviamente, así es.
Estas cuestiones que planteamos son para aclarar cómo funcionan los códigos sociales en cuanto al uso de nuestra ropa en aquellas citas sociales. Evidentemente, al no ser de “obligado cumplimiento”, siempre quedan sometidas al socaire y criterio de quien debe vestirla.
Basta señalar que en actos solemnes, cuando se indica al invitado la etiqueta a respetar, se pone Se ruega o se suplica Etiqueta, pero jamás se obliga o exige. Siempre se cuenta con que los invitados conozcan esos códigos que rigen las pautas de comportamientos sociales en cuanto a nuestra participación en los distintos eventos de la vida social.
Un reciente ejemplo han sido las imágenes de las ceremonias, que lo son, de toma de posesión de las nuevas Corporaciones. Ha habido para todos los gustos, aunque precisamente, muchas veces, lo que se vio fue de poco gusto. Es obvio que el mero hecho de participar en el acto de toma de posesión, insistimos, una ceremonia, implica asumir esas normas básicas de buen tono en cuanto a la vestimenta y porque no es lo mismo que cuando uno se va de vinos.
Como dice nuestro DRAE, por ceremonia se entiende “acción o acto exterior arreglado, por ley, estatuto o costumbre” y en su locución adverbial “dicho de hacer algo: con todo el aparato y solemnidad que le corresponde”. Y aparato significa “Pompa, ostentación” y solemnidad es cualidad de solemne: “Celebrado o hecho públicamente con pompa o ceremonias extraordinarias” o “Grave, majestuoso, imponente”.

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Artículos, normativa oficial

Respetar la normativa

Nuevamente, con ocasión de la constitución de las nuevas Corporaciones Municipales, se han vuelto a reproducir las escenas que hemos vivido antes. Nos estamos refiriendo al ceremonial en la toma de posesión de los nuevos munícipes, quienes tienen que proceder a la lectura de la fórmula, legalmente establecida en el RD 707/1979, de 5 de abril.
Textualmente, dicha disposición reza: “En el acto de toma de posesión de cargos o funciones públicas en la Administración, quien haya de dar posesión formulará al designado la siguiente pregunta:”Juráis o prometéis por vuestra conciencia y honor cumplir fielmente las obligaciones del cargo… con lealtad al Rey, y guardar y hacer guardar la Constitución, como norma fundamental del Estado?”. Esta pregunta será contestada por quien haya de tomar posesión con una simple afirmativa. La fórmula anterior podrá ser sustituida por el juramento o promesa prestado personalmente por quien va a tomar posesión, de cumplir fielmente las obligaciones del cargo con lealtad al Rey y de guardar y hacer guardar la Constitución como norma fundamental del Estado.
Pues bien, ha habido para todos los gustos y estilos. Y no entramos en la añadidura, bastante prodigada, de anteponer “por imperativo legal”, dado que en sendas sentencias del Tribunal Constitucional de 1990 y 1991, se acepta esta utilización. Nos referimos a otras expresiones como “juro ante Dios y prometo ante los hombres”; “de las buenas y generosas y defender los intereses de A Coruña y de los gallegos”; “defender los intereses del Ayuntamiento de Lugo y del pueblo gallego”; “sin renunciar a mis principios republicanos”… por poner algunos ejemplos.
Otra muestra la extraemos de la sesión constituyente de la última Corporación y en la que una concejal del BNG, en la fórmula incluyó la frase “y en memoria de Rosalía, Castelao y Bóveda” y lo hizo además aportando un ejemplar de “Sempre en Galiza”, del segundo autor aludido.
Con permiso de fray Luis de León, como decíamos ayer (en otra ocasión) el ceremonial de protocolo está para respetarlo, y todavía más si está regulado por norma o disposición oficial, como es la fórmula de juramento o promesa. Respetar esas tradiciones y asumir esas normas, forma parte de las obligaciones de quienes nos representan en los distintos estamentos de la vida pública, dado que ellos mismos se convierten en garantes del cumplimiento de la ley.

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Habilidades negociadoras

Estos días mucho se está hablando de “negociación”. En los últimos días se puso de manifiesto el “arte de negociar”. Se trata de ser habilidosos a la hora de llegar a un acuerdo o acuerdos. A la hora de pactar y porque antes de sellar un pacto, es necesario entablar la oportuna negociación.
Para establecer un acuerdo se precisan unas dotes negociadoras. Saber dar y saber ceder. Un buen estratega, y tampoco hace falta que aplique al pie de la letra lo que aportó Sun Tzu en su célebre “El arte de la guerra”, ha de conocer a su adversario; sus fortalezas y sus debilidades. No es necesario derrotarle. Sólo hay que llegar a un punto de coincidencia que erradique cualquier conflicto.
Parafraseando al autor antes mencionado “la invencibilidad radica en uno mismo. La fragilidad radica en el enemigo”. Claro que en política nunca hay enemigos, sólo adversarios. Y sostiene también que lo más hábil siempre es someter al contrario sin batalla.
Este sábado se conocerán los resultados de las negociaciones que tras el 24M se han estado llevando a cabo para conformar las nuevas Corporaciones locales y en determinados gobiernos autonómicos. Fruto de aquellas son los pactos a los que se ha llegado entre las fuerzas políticas implicadas. Y porque en la actualidad aún no está preceptuado como norma que gobiernen las formaciones cuyas listas fueron las más votadas.
Saber negociar, es otra habilidad que ha de caracterizar a un buen político. Negociar dentro y fuera de su propio entorno. Ahora para negociar la gobernabilidad de una corporación y después para la gestión cotidiana de la legislatura y poder llegar a acuerdos que redunden en beneficio de la ciudadanía, que es de lo que se trata. Ya lo decía Maquiavelo “un príncipe (gobernante) ha de emplear siempre medios honrosos y alabados por todos”. Frase para reflexionar.

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Respetar los símbolos, ejercicio de ciudadanía

Se imaginan la final de la liga del futbol americano y en el momento en que suena o interpretan el himno de EEUU, el público empiece a abuchear?. Resulta algo poco imaginable. Y es sólo por poner un ejemplo en un país donde sus símbolos, himno y bandera, se veneran con sumo respeto.
Pero claro, parafraseando aquel slogan turístico, España es diferente. Lo que ocurre es que a veces, la diferencia, también es sinónimo de rareza y que causa enorme perplejidad.
Y es que ha vuelto a suceder lo que aconteció en otras finales de la copa de fútbol de S,M. El Rey. Da igual el rey que presida la ceremonia, porque el himno es el mismo. Nuevamente, los silbidos solaparon los acordes y además, en esta ocasión, incluso potenciados con el uso de “pitos” o “chiflos”. Y siempre se plantea la misma hipótesis. Qué hubiese sucedido si esa final la disputan dos equipos pertenecientes a otras tantas comunidades autónomas en donde no esté exacerbada la problemática separatista. Probablemente, nada. Que el himno hubiese sonado y el público escuchado con respeto.
Claro que también es posible que si nuestro himno nacional tuviese letra, a lo mejor se hubiesen mitigado los silbidos, porque mientras una parte del público estuviese silbando, otra parte estaría cantando, como ocurre en la práctica totalidad de los países. Pero mientras en España el himno se “tararee”, no deja de ser un rumor musical.
Y una nota de contraste del último fin de semana. Contador en Italia escuchando con orgullo el himno nacional en el podio donde se coronaba ganador del Giro. Y además, himno no precisamente en su versión breve. Y el público, con muchos españoles, disfrutando de ese momento de “chauvinismo deportivo” con unos colores y una música.
En cualquier caso, los símbolos de un Estado es obvio que merecen ser respetados, porque por eso mismo “simbolizan” y representan al conjunto de ciudadanos que forman parte del tejido social de ese Estado. Que sepamos, no tenemos constancia de que suceda lo mismo cuando en un evento se interpreta el himno de una autonomía o se iza su correspondiente bandera. Y una autonomía forma parte de ese Estado.

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