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Un mal gesto

El reciente incidente protagonizado por un empresario catalán que le negó el saludo al príncipe Felipe en el marco del Congreso Mundial de Móviles celebrado en Barcelona, pone de manifiesto dos cosas. La primera, que las ínfulas separatistas no tienen medida,  y ya hemos comentado que esto también afecta a protocolo, a tenor de otros desencuentros y sin aludir al permanente incumplimiento del uso de la bandera de España en organismos  actos oficiales de la Generalitat. La segunda, que esa persona es una maleducada.

Las imágenes, además captadas con móvil- será por la coincidencia de haberse desarrollada dicha escena de descortesía hacia el heredero de la Corona, en el marco del  Mobile World Congress- han saltado a todos los medios de comunicación, tanto los convencionales como a través de las redes sociales. A lo mejor ese era el objetivo del protagonista de ese desaire hacia SAR. Claro que también, queda para la incertidumbre saber que hubiese ocurrido si el hijo de nuestro rey no hubiese reculado y se dirigiese hacia quien le había negado el saludo para decirle que  por educación, debería haberle saludado. Pero rehusó hacerlo por ese principio básico de la cortesía y la buena educación y si lo hizo, el no saludarle claro, en aras a su reivindicación independentista reclamando que quería votar- la independencia, claro-.

Y no hacía falta que le explicase al Príncipe que no eran amigos- creemos que este tipo de amigos nunca son recomendables-. Y todo esto, además, otro mal gesto de desconsideración hacia la dignidad, tuteándole en plan colega.

A tenor de estos acontecimientos, cada vez que un alto representante del Estado, sea del Gobierno o de la Corona, viaje a Cataluña en el desempeño de sus funciones inherentes al cargo que ostentan, van a tener que sopesar todas y cada una de las posibilidades o avatares que pueden acontecer en un acto, porque ya no es cuestión de protocolo. Es cuestión de saber donde tiene que estar cada uno, desde el jefe del Estado, que es el Rey, hasta el presidente de la Generalitat quien además, ejerce un cargo consagrado por  la Carta Magna que le confiere rango de representante ordinario del Estado en su autonomía y además, “un presidente, elegido por la asamblea, de entre sus miembros, y nombrado por el Rey”.

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Formación

“El nuevo protocolo para los nuevos tiempos“

La UNED, en colaboración con la delegación territorial en Galicia de la Asociación Española de Protocolo, convoca un curso de extensión universitaria sobre “El nuevo protocolo para los nuevos tiempos” y que se desarrollará los próximo 10, 11 y 12 de marzo.

 

Dirigido a cualquier persona interesada en realizar un acercamiento al mundo del “nuevo protocolo”, este curso abordará la materia desde un enfoque renovado, actual y práctico para dar respuestas a las necesidades laborales que se plantean hoy en día.

 

Todos los socios de la Asociación Española de Protocolo y de la Asociación de Técnicos de Protocolo de Galicia, así como los alumnos de la Universidad y desempleados se beneficiarán de un precio especial y cuyo plazo de inscripción termina el próximo 7 de marzo.

 

Tendrá lugar en el Centro Cultural  “Marcos Valcárcel”, con una duración total  de 20 horas lectivas presenciales y equivaldrá a 1 crédito ECTS y 2 créditos de libre configuración.+

Para más información sobre el programa, ponentes o detalles de matrícula: http://extension.uned.es/actividad/6331&codigo=ENPPL

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Cambiar el término “gastos de protocolo”

Para quienes nos dedicamos al mundo del protocolo y de la organización de eventos, qué poco nos gusta la expresión “gastos de protocolo”, porque, como ya hemos comentado en otros artículos, cada vez que los medios de comunicación los sacan a colación, es como aludir a un fondo de reptiles a donde se cargan facturas generadas por las llamadas “atenciones protocolarias”, propias de un gesto de cortesía. Y dentro de este concepto, suma y sigue.

Además, de un tiempo a esta parte, este capítulo está siendo objeto de muchos recortes, dado que se entiende que no es prioritario, sino accesorio. El último ejemplo lo tenemos en el presupuesto de la Casa del Rey, donde se anunciaban recortes- un 20,54 por ciento-, en atenciones protocolarias y representativas. Y menos mal que en este caso, no implica suprimir de paso, dentro del paquete, a profesionales del sector, y que a veces, también lo hemos comentado, suele ir inherente en el propio recorte.

Pero lo negativo de todo esto, es que de paso que se alude a “gastos de protocolo”, al mismo tiempo, parece como si se pusiera de manifiesto que eso del protocolo es algo accesorio y por lo tanto, prescindible, lo que muchas veces se constata en algunos artículos que esporádicamente aparecen en los medios y donde el columnista de turno da rienda suelta a su libertad de expresión y aprovecha cualquier percha para poner de manifiesto lo que decimos. Esto es, que eso del protocolo a veces podría suprimirse. Es como si los profesionales de este sector dijésemos que algunas secciones o columnas podrían obviarse en determinados medios.

No queremos que se opine con alegría y mucho menos sin conocimiento de causa no sólo de lo que implica en un evento el ceremonial y el protocolo, de si es o no cuestionable, sino incluso, que en esa valoración se paso se menoscaba el trabajo de quien organiza ese acto y que es por lo tanto quien aplica el protocolo que le corresponde.

Por lo tanto, cuando se hable sobre “gastos de protocolo” que se matice que son gastos propios de representación y atenciones protocolarias, y que en ese capítulo se consignan partidas específicas y propias de esa finalidad, que es el agasajo y la atención. Le corresponde a quien los maneja hacer el uso debido de esos fondos. Si lo hace indebido, es cuando salta a los medios y enseguida empiezan las interpretaciones.

El profesional del protocolo, bastante tiene con procurar que esas atenciones protocolarias se realicen de acuerdo con las normas esenciales de la cortesía.

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PASEN Y VEAN…!

¡Pasen y vean…!. Suena música de fanfarrias. La tonadilla es muy conocida. Los grandes focos proyectan un torrente de luz sobre la pista. Redobles y el director de pista anuncia el siguiente número. Estamos ante el espectáculo del circo, lo del “más difícil todavía”.

Disculpen el ejemplo y sobretodo, el parangón. Pero es que a veces, algunas puestas en escena protocolarias tienen más de circense que de ceremonial puro y duro. Aquí, eso del “más difícil todavía”, se queda corto. Y no queremos entrar en otros detalles, pero, como en el circo, en el protocolo, también hay payasos y entre éstos, la parodia del clown y el que siempre recibe las tortas.

Como ya sabrán porque Revista Protocolo se hizo eco del tema y nuestro compañero Carlos Fuente, en su Blog, analizó concienzudamente lo acontecido, el último episodio donde podemos decir que predominaron mas las artes circenses que las protocolarias fue en Granada con ocasión de la entrega del X Premio Internacional de Poesía Ciudad de Granada, Federico García Lorca.

No vamos a profundizar en la materia protocolaria, pues sería redundar sobre lo que ya se dijo. Tan sólo queremos resaltar con esta reflexión nuestra que esto de la organización de eventos y específicamente, el ceremonial y el protocolo, es algo que debe tomarse muy en serio. Nosotros, los profesionales, lo hacemos y si nosotros lo hacemos, por qué no lo hacen aquellos que, como tales actores sociales, participan en un acto cuyo desarrollo está perfectamente definido por a aplicación de unas normas, unos usos y unas costumbres y tradiciones.

Resulta difícil en muchas ocasiones trabajar con estas circunstancias. Como decimos, un acto se lleva a cabo siguiendo unas pautas y aplicando unas reglas, sustentadas éstas en normativas  y disposiciones legislativas. Quienes toman parte en ese acto, que no deja de ser una teatrocracia, sólo tienen que seguir el guión y éste lo elabora el profesional que lo organiza. No podemos dejar que sea interpretado al libre albedrío de esos actores. Ceñirse al libreto, es ceñirse a la norma y ceñirse a la norma es respetar el protocolo y evitar así confusiones y malentendidos.

Somos conscientes que cuando participan políticos, éstos tienden a magnificar su presencia y cada cual quiere la mejor posición. Pero es que la posición, esto es, la precedencia, la establece la normativa y un político, lo hemos dicho hasta la saciedad, tiene que asumirla y cumplirla, porque precisamente su estatus está regulado por ley y su habitat es el entramado constitucional.

Pues para que la política no se asemeje al circo, evitemos que situaciones como la más arriba apuntada, no vuelvan a producirse. Es posible que esto sea una quimera, pero tenemos que lograrlo, sobretodo por el bien de la credibilidad de nuestro trabajo.

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Un gesto de respeto

El anterior fin de semana deportivo, con motivo del fallecimiento del ex seleccionador nacional Luis Aragonés, en los distintos estadios de fútbol se le dedicó un sentido homenaje y en especial en el Vicente Calderón, donde tuvo lugar la mayor exaltación in memoriam en recuerdo de una persona que dejó su impronta primero como jugador y luego como entrenador.

Como suele ocurrir en estos casos, cada vez  que sucede el fallecimiento de alguien vinculado a un equipo, el club le testimonia ese sentimiento de pésame guardando un minuto de silencio y los jugadores portando brazaletes negros como señal de duelo. Es una praxis habitual en el mundo del deporte asumida por todo el mundo. Cuando el finado es alguien reconocido como el caso del antes mencionado Luis Aragonés, entonces este recuerdo se materializa en todos los campos y se cursa desde la Federación deportiva la oportuna petición para simbolizar tal reconocimiento póstumo.

Sin embargo, con ocasión de este último testimonio de reconocimiento a la memoria de este carismático profesional del fútbol desaparecido, fue comentado en círculos deportivos el hecho de que hubiera dos clubs de futbol que no lucieron tales brazaletes en señal de luto y que han sido la Real Sociedad y el Athletic Club de Bilbao. Enseguida surgieron las interpretaciones y especulaciones sobre esta circunstancia y que cada cual justifica a su antojo. Obviamente, a los equipos se les solicita que porten esa señal de duelo en las camisetas, pero a nadie se le obliga. Queda al criterio de cada club, cuya directiva es quien decide.

Y enseguida salen comentarios por aquí y por allá en el sentido de politizar el asunto, lo que no tiene mucho sentido, porque un club de fútbol concita en un estadio a socios de todas las ideologías. Cosa distinta es el carácter que le quieran imprimir sus dirigentes a la gestión de la entidad y que muchas veces se posicionen políticamente como hizo el F.C. Barcelona en cierta ocasión desplegando en el Nou Camp una gigantesca señera como una clara acción de apoyo al movimiento independentista.

En el fútbol, como en cualquier otro deporte, tiene que funcionar lo que se llama el juego limpio y sobretodo, la cortesía. Y no hablamos sólo de la educación en el palco presidencial. El comportamiento de un jugador en el campo, y todavía más si es emblemático, si lo hace de malas formas, enseguida lo capta el público y a veces éste llega a mimetizarse con aquel. Los deportistas tienen que ser modélicos. Sus dirigentes, son ya otra cosa.

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Uso terapéutico de la bandera de España

En un programa emitido por la cadena privada de televisión Intereconomía y dedicado al tema del independentismo catalán, escuchamos unas declaraciones vertidas en el mismo por parte del presidente ejecutivo de Catalunya Acció, Santiago Espot. La verdad, que nos dejaron, como suele decirse vulgarmente, “ojipláticos”.

Según sus palabras y empapado en una fiebre soberanista, el citado dirigente político afirmó que “para algunos ayuntamientos catalanes, es terapéutico no poner la bandera de España”. Y se quedó tan pancho. Como si tal cosa y eso fuese lo más natural del mundo.

O sea, que nos acabamos de enterar que vulnerar la ley, es terapéutico. La verdad, semejante aseveración jamás la habíamos escuchado. Ignoramos si ha querido aplicar en “sensu stricto” el sentido de esta voz tal como la recoge el DRAE: “Parte de la medicina que enseña los preceptos y remedios para el tratamiento de las enfermedades”. Entendemos que no conlleva ninguna enfermedad exhibir la bandera de España y sobretodo cuando ésta es de obligado cumplimiento, recogida por la Ley 39/81 de 28 de octubre y emanada de nuestra Carta Magna, esa misma que posibilita que este país funcione con comunidades autónomas como por ejemplo la catalana.

Lo hemos comentado reiteradamente. Ningún representante público puede contravenir o vulnerar la ley, porque las leyes se aprueban en las cámaras legislativas que conforman precisamente nuestros parlamentarios adscritos a las distintas formaciones políticas. Y dan mal ejemplo cuando, por ejemplo en este tema de la bandera, incumplen lo preceptivo y obligatorio y encima se jactan de ello.

Si la aplicación del protocolo es la aplicación de unas normas y disposiciones, el ejercicio de la práctica política también se regula por un sistema de leyes que son las que consagran esa actividad. Y de la misma manera que unas precedencias responden a la consideración de esas pautas que las reglamentan, el representante público tiene que actuar de acuerdo con esa misma filosofía y por ello no podemos compartir cuando incumplen la norma, porque después, en un acto público, ese político quiere que se le ubique de acuerdo con la dignidad de su cargo o función y esto se lleva a cabo mediante la interpretación de una normativa que, por supuesto, ningún profesional del protocolo se le ocurre obviar.

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