Educación, parlamentos

Cortesía parlamentaria

Está visto que nuestras cámaras legislativas, tanto la del Estado como las autonómicas, siguen siendo foco de escenas nada gratificantes para el buen clima parlamentario que además es el que debe darse en estas instituciones cuya finalidad es consagrarse a la aprobación de leyes.

Nos estamos refiriendo al pasado incidente en el que el diputado de las CUP David Fernández esgrimió una sandalia durante la comparecencia del ex presidente de Bankia, Rodrigo Rato en la comisión de investigación del Parlamento catalán sobre las cajas de ahorro. Y al propio tiempo, acompañó el gesto exclamando “nos vemos en el infierno. Su infierno es nuestra esperanza. (…) Hasta pronto, gángster. Fuera la mafia”. Esto del calzado tampoco es nuevo, porque hace años el diputado nacionalista gallego Xosé Manuel  Beiras hizo lo propio en una sesión siendo presidente de la Xunta, Manuel Fraga.

Obviamente, estos comportamientos ya empiezan a reproducirse casi miméticamente y de hecho todavía tenemos recientes las imágenes en ese sacrosanto espacio como es el Congreso de los Diputados con “estriptease” de público y diputados descamisados en acciones de protesta.

Qué tiempos aquellos a los que se refería José María Pemán cuando se refería a la Cámara baja, diciendo que “En España los Congresos de los Diputados siempre han sido una gran tertulia política, donde se decían bonitos discursos y se divagaba sobre todo lo humano y lo divino. Desde allí jaleaba a los oradores. Y estos, arrastrados por el aplauso, pensaban en lucirse más que en hacer cosas prácticas para España”.

Y después, a nadie extraña que en las encuestas o barómetros del CIS, descienda vertiginosamente el concepto que la ciudadanía tiene de su clase política, porque valora esa forma de comportarse públicamente y aunque, afortunadamente sólo son casos aislados, lamentablemente, éstos son los que tienen más repercusión mediática.

Por eso se pide más que nunca que en estas instituciones camerales impere la cortesía parlamentaria, que se discuta respetando las opiniones y las ideas del adversario, que se delibere y se dialogue. En resumen, que se haga gala de un correcto comportamiento para ejemplo de la ciudadanía cuyos votos han puesto en ese lugar a dichos representantes y a éstos se les tributa un reconocimiento en función de sus méritos y del cargo.

La propia Ley de Transparencia obliga a los representantes públicos a mantener una “conducta digna” y tratar a los ciudadanos “con esmerada corrección”. Palabras sobre papel.

Decía Arthur  Schopenhauer que “la cortesía se funda en una convención tácita para no notar unos en otros la miseria moral e intelectual de la condición humana. Cortesía es prudencia; descortesía es, pues, necedad”. Apliquémoslo.

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