Artículos, protocolo

Universidad y educación

A tenor de los recientes acontecimientos acaecidos en el seno de diversas universidades españolas con motivo de las ceremonias de inauguración del nuevo curso universitario, empezando por la de Zaragoza -que aquí comentamos- que simbolizaba la apertura oficial del mismo, y siguiendo en oras de Castilla yLa Mancha, Valencia o Murcia, hasta ahora, podemos deducir que algo falla en el sistema universitario.

No se trata solamente de romper el normal desarrollo de un evento, de alterar el orden e incluso, con su incursión, como suele decirse, romper el protocolo -en ocasiones llegan a intervenir en un momento de la ceremonia para testimoniar su desacuerdo-. Se trata de no guardar las formas, de actuar al margen de las normas sociales. Por supuesto que se pueden hacer reivindicaciones, pero siempre, respetando a los demás.

Claro que un marco solemne como es la ceremonia de apertura de un curso académico o universitario, siempre resulta más propicio para dejar pública constancia de una protesta, sabiendo a priori que tendrá su reflejo en los medios de comunicación, precisamente porque se resquebraja la normalidad del propio acto.

No obstante, ese tipo de actuaciones no hacen otra cosa que poner de manifiesto las actitudes personales de quienes las protagonizan, esto es, que precisamente en un espacio donde se consagra el saber, no se hace gala de un saber estar y al perder las formas, su educación queda cuestionada.

Precisamente la formación humanística es algo de lo que un tiempo a esta parte se echa en falta en los planes universitarios. Se prepara a los jóvenes a nivel científico y académico, para consoliden una carrera que les permita una salida profesional en la que se desenvuelvan con todas las garantías y sean plenamente competitivos. Pero falla el aspecto más intrínsecamente personal de su preparación. Claro que si ya no vienen instruidos de casa, la tarea se nos antoja ardua.

Así pues, este tipo de situaciones que estamos viviendo conviene contextualizarlas y analizarlas. Hemos pasado de los peripatéticos clásicos que describían a unos jóvenes formados en todas las ciencias, pero siempre esgrimiendo actitudes de respeto, a los prosaicos en cuanto a su acepción vulgar. La imagen realmente no es alentadora y perder los modales en estas circunstancias, mucho menos.

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