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Una bofetada a la educación

Hace unos días se difundía la noticia en relación a que un vecino de Zaragoza se enfrentaba a una petición fiscal de un año de prisión y a una orden de alejamiento por haber dado una bofetada a su hija -de 16 años- quien había reaccionado violentamente cuando el padre se negó a pagar la reparación de su móvil. No es la primera vez que los medios de comunicación nos dan cuenta de este tipo de noticias, en cuanto a que unos padres son reprendidos por la justicia por supuesto maltrato a sus hijos. Nos estamos refiriendo a maltrato consecuencia de una bofetada propinada por el progenitor como una actuación de educar a su hijo en los principios básicos del respeto y obediencia a aquel.

El acusado, al que el fiscal imputó un presunto delito de violencia doméstica, explicó que ante la reacción de su hija “le dio una bofetada con el fin de corregir su actitud”. Por su parte, la abogada de la defensa, pidió la absolución de su cliente tras alegar que “sólo ejerció su deber de corrección de una conducta inadecuada de su hija”, destacando, además, que dicha bofetada no le había causado ninguna lesión.

Comentábamos en un artículo anterior publicado en septiembre del pasado año y titulado “Los “riesgos” de educar a los hijos”, a propósito de la detención por parte de la guardia civil de unos padres que habían “retenido” a su hija de 16 años en su casa, castigada a no salir. Segúnla Benemérita, se trató de una ”detención ilegal” por parte de dichos progenitores.

Como decimos, este tipo de noticias continuarán reproduciéndose. Pero conviene diferenciar entre “violencia doméstica” y una bofetada. Obviamente, lo primero es execrable y censurable, pero lo segundo, es sólo una llamada de atención por parte de quienes tienen la responsabilidad de educar a los hijos y algunas veces, y afortunadamente no es costumbre generalizada, esporádicamente se suele escapar, como se dice, un cachete como reprimenda.

Platón en “La Repúblicao el Estado” recomienda no emplear la violencia con los niños cuando se les de lecciones, sabio consejo. Plutarco habla de inculcar una buena conducta y prudencia por parte de los niños, subrayando así mismo la importancia de la educación en un periodo difícil como es la adolescencia, donde recomienda a los padres estar de guardia y vigilar a los hijos, para corregirles con prudencia e inculcándoles que actúen con templanza.

En unos momentos en los que el Estado está inmerso en pleno debate y polémica sobre el modelo de enseñanza que se quiere implantar, es importante que los padres no bajen la guardia y continúen instruyendo a sus hijos en aquellos principios y valores que les harán unos mejores ciudadanos. Lo que sucede es que con el sistema actual, resulta difícil saber hasta donde llegan los límites de esa instrumentalización de la educación en el seno doméstico y sobretodo en aquellos casos en los que se detecta en los hijos unos atisbos de rebeldía cuando todavía son menores y están bajo la tutela de sus padres que son los únicos responsables, como indicamos, de su educación como personas.

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