Comunicación, Congresos, Eventos, protocolo, Relaciones Públicas

Organizar eventos en tiempos de crisis

Sólo se habla de crisis y de recortes; de reducción de gastos y optimización de recursos; de economizar en lo posible, de suprimir, reducir, contraprogramar… toda una retahíla de expresiones que lamentablemente se han instalado y verbalizado comúnmente en el lenguaje de nuestra vida cotidiana.

Y esa situación conlleva su negativa incidencia en sectores profesionales y uno de ellos es obviamente el nuestro, que no es otro que al que nos dedicamos los organizadores y gestores de eventos y todos los expertos en protocolo.

Y decimos que obviamente no por mera obviedad, sino porque, y lo hemos dicho en más de una ocasión, cuando se habla de recortar,la Administracióny las empresas minimizan sus acciones. La primera porque se reducen presupuestos y las segundas porque ha mermado el mercado y consiguientemente disminuyen los ingresos al descender el volumen de negocio.

Sin embargo, este restrictivo panorama tampoco debe desanimarnos. Al contrario, es el momento para que la sociedad se de cuenta que es ahora más que nunca cuando se precisa contar con la aportación del profesional del sector de la organización y gestión de eventos y del protocolo. La razón es muy sencilla: porque es este profesional el más capacitado para asumir ese difícil reto, que es organizar un evento aplicando la imaginación donde no hay muchos recursos, entendiendo éstos sobretodo los económicos. Esto es, saber organizar un evento en tiempo de crisis. Y este profesional puede hacerlo porque está refrendado por su capacitación y preparación tanto profesional como académica.

Empresas e instituciones públicas tienen que saber que esa es la finalidad de nuestra profesión: llevar a cabo la gestión de eventos o acciones optimizando medios y recursos  como suele decirse, aprovechando lo que hay y que tenemos a nuestro alcance y para ello utilizamos nuestro bagaje que es el conocimiento de nuestra materia y especialidad y la imaginación. Y eso, jamás se puede ni podrá  recortar.

No se trata de ahorrar, sino de no dilapidar,  de saber donde y cómo hay que destinar los dineros. Y no olvidemos tampoco que un acto público crea también ilusión, porque con esa acción transmitimos en positivo, porque se organiza algo para comunicarlo a la sociedad en toda su grandeza. Que no todo son ahorros. Cambiemos el concepto “gasto” por “inversión”.

Y  es que como decía Erasmo de Rotterdam en “Educación del príncipe cristiano”: “aumenta muchísimo la riqueza de un príncipe reduciendo los gastos y conforme al proverbio: gran impuesto es el ahorro”. Pasados los siglos, ese príncipe- cámbiese por gobernante- ya no piensa en aumentar su riqueza, sino en que no se empobrezcan sus súbditos. Al menos eso es lo que debería pensar.

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