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Las banderas del presidente

Qué poca importancia le dan nuestros políticos a esto del protocolo. Y no sólo porque hacen caso omiso de la observancia de lo que el mismo señala, sino porque con muchas omisiones de este cumplimiento, están vulnerando la ley. Ya hemos comentado en varias ocasiones muestras de lo que decimos.
No se respeta el protocolo en ocasiones por pura ignorancia. Por eso sostenemos la tesis que la clase política debería asistir a cursos o clases de nociones de protocolo, desde el institucional y oficial hasta el social. Es una asignatura pendiente. Y de la misma manera que las organizaciones políticas cuentan con un jefe de prensa, tendrían que contar también con un jefe de protocolo. Y así se evitarían cometer errores.
Errores como el producido recientemente la pasada semana con motivo de la presencia en Ourense de Mariano Rajoy, pero en su condición de presidente del Partido Popular. Protagonizó un acto de partido acompañado por Alberto Núñez, presidente del PP de Galicia. Lo hicieron en un espacio con el fondo de la silueta de Galicia a modo de la bandera y logos del PPdeG. A ambos lados, flanqueando este fondo, sendos juegos de banderas, la española y la gallega.
La cuestión, y de ahí el error, es que estaban colocadas al revés de cómo hay que hacerlo y cómo se dicta en la ley 39/81 de 28 de octubre que regula el uso de la bandera de España y el de otras enseñas, como las autonómicas (artículos 4º y 6º).
Es obvio que esto no hubiese sucedido si se hubiese encomendado la tarea a un experto en la materia, pero como hemos dicho, ésta no figura entre las preferentes por parte de quienes tienen la responsabilidad de ejercer funciones inherentes a un cargo público. Un buen profesional del protocolo ayudará a evitar errores como el descrito.

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Protocolo, otra forma de comunicar

Por tercer año consecutivo la UNED ha convocado, en colaboración con la Asociación Española de Protocolo, un nuevo curso sobre “El nuevo protocolo para los nuevos tiempos” y que en esta edición se ha dedicado monográficamente al Protocolo y Comunicación. Porque el protocolo es también otra forma de comunicar.
Los participantes han tenido la oportunidad de compartir conocimientos y experiencias que aportaron los profesores, profesionales vinculados con las diferentes disciplinas del protocolo, la comunicación y los eventos. Este tipo de acciones posibilitan adquirir un importante bagaje que contribuya al enriquecimiento de la formación de quienes participan en ella.
Es obvio que hay ofertas para este tipo de cursos, pero por ello conviene seleccionar aquel que pueda ofrecer más calidad, tanto en contenidos como en el nivel del profesorado y en este caso concreto, avalado y reconocido por la propia UNED.
En este curso concreto, se quiso poner en valor la interrelación que existe entre el Protocolo y la Comunicación, dos ámbitos que discurren en caminos paralelos, pues el ceremonial de protocolo implica una puesta en escena, un lenguaje que transmite señales y por lo tanto comunicado. Una entrega de premios o una inauguración implica un mensaje que se transmite a la sociedad y por lo tanto, se está comunicando, de ahí la necesidad de que el profesional de protocolo y el de la comunicación, trabajen al unísono, ensamblando cada uno su cometido.
La Asociación Española de Protocolo precisamente entre sus objetivos figura poner en valor el papel del profesional y resaltar la importancia social de su trabajo que, por otra parte y lamentablemente no siempre está debidamente reconocido por la sociedad y sobretodo de un tiempo a esta parte, donde estamos asistiendo a una serie de vulneraciones del orden protocolario y que la propia AEP está denunciando, como ya hemos dejado constancia.

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Respetar la ley

Con motivo de la conmemoración del 85 aniversario de la proclamación de la II República, hubo Ayuntamientos que decidieron izar en los balcones consistoriales la bandera republicana, lo que obviamente es una flagrante vulneración de la Ley 39/1981, de 28 de octubre, por la que se regula el uso de la bandera de España y el de otras banderas y enseñas. En ella se dispone claramente que “La bandera de España será la única que ondee y se exhiba en las sedes de los órganos constitucionales del Estado y en la de los órganos centrales de la Administración del Estado” y “en las Comunidades Autónomas, cuyos estatutos reconozcan una bandera propia, ésta se utilizará juntamente con la bandera de España”. Y punto.
Consecuentemente, la exhibición de otras enseñas implica una transgresión de lo legislativo. De la misma manera, y ya lo hemos comentado en más de una ocasión, que se contraviene a lo dispuesto cuando en muchos Ayuntamientos no ondea la bandera de España- frecuente en Cataluña y País Vasco-, y que suelen estar gobernados por alcaldes independendistas.
Cuando eso ocurre, le corresponde actuar a la Delegación del Gobierno quien ha de velar por el cumplimiento de la Ley. Lo que sucede es que al final, como siempre, no pasa nada y cada uno campa a sus anchas y el uso de la bandera se reduce a una interpretación frívola según los intereses de quien gobierne la Casa (en este caso Consistorial). Y aunque se reclame o impugne ante la jurisdicción contencioso administrativa “por no ser ajustado a derecho”, basándose para ello en la citada Ley 39/1981, entramos en la dinámica de la administración de justicia. Y ha habido denuncias donde se ha hecho caso omiso. Se sigue incumpliendo la legalidad.
Por eso, este tipo de actos, entran dentro de la escenificación política de turno donde la bandera se utiliza como un mensaje, como ocurrió recientemente cuando se arriaron enseñas de la Unión Europea como protesta por la decisión respecto a las medidas con los refugiados. Al final, todo es postureo, pero al final, la cuestión es que sigue habiendo políticos que incumplen la Ley y eso no es de recibo. Esa misma ley posibilita que ejerzan como tales.

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Representación pública

Cuando los ciudadanos elegimos a nuestros representantes en los distintos estamentos del aparato administrativo, les estamos otorgando una confianza y respaldo para el ejercicio de su función pública en el cargo que interinamente desempeñan-ninguno es vitalicio, por mucho que algunos se lo propongan-. Y eso quiere decir que tienen la obligación y responsabilidad de actuar en beneficio de los intereses generales y por supuesto, jamás propios.
Si nos atenemos a lo que dice la vigente Ley de la Transparencia, tienen la obligación de observar lo dispuesto en la Constitución Española y en el resto del ordenamiento jurídico, y promoverán el respeto a los derechos fundamentales y a las libertades públicas y el principio de imparcialidad, de modo que mantengan un criterio independiente.
Pues bien, recientemente, el Ayuntamiento de Huesca ha aprobado la modificación del Reglamento de Protocolo y Ceremonial para que los concejales no puedan asistir a actos religiosos, como misas y procesiones y especifica que el Consistorio no asistirá a ningún acto que tenga carácter religioso, declinará las invitaciones que le puedan hacer y tampoco organizará, ni programará actos de carácter confesional. Los integrantes de la corporación podrán asistir de manera particular a este tipo de celebraciones, pero sin ningún símbolo que acredite su condición, ni hacer uso de privilegios.
Una vez más, la Asociación Española de Protocolo se ha posicionado explicando que impedir, de forma taxativa, la asistencia de miembros electos de las instituciones públicas, a actos convocados por entidades sociales, culturales, religiosas o de otro rango, iría en contra de los principios democráticos que ampara y defiende la Constitución Española en su Capítulo II (Derechos y Libertades), cuyo cumplimiento y garantías vinculan a todos los poderes públicos. En ningún caso es recomendable impedir que cualquier representante local pueda acudir a los actos a los que es invitado en función de su cargo, respetando siempre los principios y normas de representación y precedencia estipulada.
Tiene que haber un entendimiento entre instituciones y sociedad civil, tratando de armonizar el respeto a las tradiciones y costumbres de cada sitio con la propia libertad de elección, tanto en los casos en los que se quiera acudir a actos y eventos como en aquellos en los que se opte por no asistir.

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Protocolo es más

Nuestro ministro en funciones de Asuntos Exteriores, José Manuel García Margallo, vertió unas declaraciones el otro día en una entrevista televisiva donde cuestionaba la importancia del protocolo entendido éste como una disciplina ceremonial que se sustenta en la aplicación de normas, usos y costumbres. En concreto, cuando le comentaron que el protocolo sirve para ayudar en los actos, a saber qué hacer, a saber relacionarse…el ministro, contesta que “eso es la diplomacia, el protocolo es saber dónde te sientas”.
Todo surgió cuando el propio representante del Gobierno había afirmado que “la diferencia entre un grupo terrorista y los de protocolo es que con el grupo terrorista se puede negociar y con los de protocolo no”. Unas declaraciones totalmente desafortunadas y una comparación inadecuada en los momentos actuales.
Pues bien, esta opinión fue de inmediato contestada por la Asociación Española de Protocolo: “el Protocolo, y usted lo sabe, es la cara amable de un evento duro, fácil o difícil” y añade luego que “dichas palabras han herido la sensibilidad de muchos de nuestros profesionales. Más aún cuando vienen de la máxima representación de la Diplomacia de España”. Y continúa “el Protocolo es un componente del mundo civilizado que sirve para graduar y matizar adecuadamente las relaciones de los individuos. No nos gustaría que nuestra profesión se sintiera en ningún momento infravalorada”.
Afortunadamente, el ministro fue raudo- e inteligente-y a las pocas horas envió a la AEP una carta en la que pide disculpas por sus manifestaciones “nunca fue mi intención-subraya-la de ofender a un sector esencial para la relación entre las personas e instituciones”, y lamentó profundamente sus declaraciones y sobretodo el haber “irritado” a un colectivo y que todo fue inesperado e involuntario.
Ciertamente, un alto representante público tiene que medir mucho lo que dice, porque por lo general lo que dice suele tener impacto mediático de alcance y el mensaje llega a distintas audiencias y cada cual lo metaboliza subjetivamente. Por ello le recomendamos, en esta efemérides cervantina, lo que Don Quijote le decía a Sancho: “Enfrenta la lengua; considera y rumia las palabras antes que te salgan de la boca”.

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Declaración de luto oficial

Una vez más, la declaración de luto oficial, en este caso con motivo de los atentados terroristas en Bruselas, ha vuelto a sembrar las dudas y ha puesto de relieve la interpretación aleatoria que se hace de tema.
Ahora mismo, se carece en España de una regulación específica para la ejecución formal de tal declaración por parte de las instituciones oficiales del Estado. Para que tenga carácter oficial la declaración de dicho luto, es necesario que el Gobierno lo haga a través del Boletín Oficial del Estado.
Pero será por eso de que nuestro Gobierno está en funciones que esta vez no ha querido funcionar como debiera y en vez de insertar la disposición en la gaceta oficial, se ha limitado al envío de una nota por parte de la Secretaría General de Presidencia donde dejaba constancia que “como testimonio del dolor de la Nación española ante los criminales atentados perpetrados en Bruselas el 22 de Marzo de 2016, se determina que las Banderas ondearán a media asta en todos los edificios públicos, desde las 12:00 horas del día 22 de Marzo de 2016 hasta las 24:00 horas del día 24 de Marzo de 2016”.
Y punto. Sin más prolegómenos ni ceremonias. La Federación Española de Municipios difundió esta “notificación” y así se aplicó el luto. Pero no es así. Lo hemos dicho más de una vez: los inventos, en Protocolo, los justos, porque precisamente el Protocolo es tradición, normas, usos y costumbres.
Además, cuando el gobierno acuerda tal declaración, afecta a la enseña nacional. Si se respetan los usos, las Comunidades autónomas tendrían que hacer lo propio con el luto de la bandera autonómica y los Ayuntamientos con las locales. Pero lamentablemente no funcionan así las cosas. Cada cual gobierna su casa como le apetece y aquí surgen las divergencias y erróneas interpretaciones. Pero como hemos dicho antes, la cuestión es que no está reglamentada tal declaración.
La Asociación Española de Protocolo consciente de esta circunstancia, ha difundido una nota oficial en la que pone de manifiesto la desacertada actuación oficial de nuestro Gobierno, “quizá de forma no intencionada pero si desafortunada, aunque se pretenda acercarnos a los usos que se vienen utilizando en la U.E.”. Y añade: “La declaración de Luto Oficial no es un mero trámite sino una manera de mostrar una postura rotunda y mayoritariamente respaldada. A veces, la misma irracionalidad de estas situaciones, nos llevan a no calibrar, involuntariamente, la repercusión de determinadas decisiones”.

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Ceremonia lapidada

El acto de colocación de la primera piedra del nuevo edificio de la Tesorería de la Seguridad Social, en el viejo inmueble de la Metalúrgica, en Vigo se desarrolló en medio de una tensión protagonizada por los políticos presentes. Tensión debido a que unos querían participar en la ceremonia mientras otros estaban en ello.
Las diferencias surgen porque unos eran de un color político y los demás de otro. No obstante, pensamos que esta estrambótica escena podría haberse obviado si se hubiese obrado con un poco más de tacto a la hora de organizar dicho acto.
La colocación de una primera piedra responde a una ceremonia protocolaria perfectamente definida y que debería conocer cualquier profesional del protocolo. Esquemáticamente hay que firmar en un pergamino, depositar algún ejemplar de periódico del día que haga alusión a este evento junto a unas cuantas monedas fraccionarias. Todo ello se guarda en un recipiente que herméticamente cerrado se entierra en la arqueta que luego será sellada y sobre la que las autoridades van echando las “paletadas”- que así se llama-de cemento. En dicho pergamino lo habitual es que firmen las personalidades que participan e ese acto.
Y por eso decimos que este acto se llevó a cabo en un ambiente un tanto exabrupto. Habría que haber “negociado” la praxis del mismo y dar la oportunidad a que intervinieran los representantes institucionales allí presentes. El Protocolo no puede estar al servicio de la clase política, pues responde a un ceremonial perfectamente reglado. Y precisamente uno de los objetivos del protocolo es conseguir orden y armonización.
Así pues, esta ceremonia de la primera piedra acabó “lapidada” por las pedradas en forma de gestos que allí se vivieron entre las ministras y los representantes del Concello de Vigo y de la Diputación de Pontevedra.

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