Artículos, Casa Real, normativa oficial

Iniciativa errática

Persona non grata significa literalmente “una persona no grata” como sinónimo de persona no bienvenida. Para la Real Academia Española es “Persona rechazada por un Gobierno u otra institución”.
Las declaraciones municipales de persona ‘non grata’ no son nuevas. Es un título que originalmente deriva de la jurisdicción diplomática y que está contemplado en el Convenio de Viena sobre Relaciones Diplomáticas de 18 de abril de 1961, y por el cual un Estado puede vetar la entrada a un diplomático a su país. Fuera de este uso diplomático calificar a alguien en estos términos no tiene consecuencias jurídicas y en el caso de los Ayuntamientos carecen de competencias legislativas que les habilite para ello (art. 25 de la Ley de Bases de Régimen local). Estas declaraciones administrativas por parte de un Ayuntamiento han sido cuestionadas en cuanto a su legalidad o legitimidad y recurridas, lo que ha propiciado distintas sentencias tanto del Tribunal Supremo como del Tribunal Constitucional.
Hace unos meses, tuvo mucho eco mediático la declaración de persona non grata por parte del ayuntamiento de Pontevedra del presidente en funciones, Mariano Rajoy. Y más recientemente, el Ayuntamiento de Barcelona quiso hacer lo propio con nuestro monarca, Felipe VI y de paso a la Casa Real, a propuesta de la CUP, grupo que argumentaba que la institución monárquica es “anacrónica, heredera del fascismo y con connotaciones autoritarias hacia los países catalanes”. Afortunadamente, la iniciativa, errática, no prosperó.
La cuestión es que las nuevas administraciones públicas que han surgido de un tiempo a esta parte en el mapa territorial español, parece que están más preocupadas por inventar y recrear sus competencias que ocuparse de lo que en realidad es prioritario, que es gobernar pensando en los intereses generales que es para lo que han sido elegidos sus representantes.

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Artículos, protocolo

Obama

La reciente estancia en España del presidente de Estados Unidos, Barack Obama, ha despertado, como estaba previsto, una gran atención mediática. No tuvo tintes de alto protocolo de Estado. Fue una visita en tono “light”. Llegada al aeropuerto (al propio, claro, aunque en suelo español), visita privada a Sevilla, encuentros en Moncloa y en Palacio Real y regreso.
Hay visitas de Estado que se desarrollan envueltas en toda la pompa y ceremonia inherentes al sentido protocolario de las mismas, incluso con dirigentes de menos entidad. Pero es que fue tan atípica la visita que hasta nuestro monarca se desplazó a la Base Aérea de Torrejón de Ardoz para recibir al presidente estadounidense, lo que no es habitual y ha provocado los lógicos despistes protocolarios, si bien la parte institucional se desarrolló en el Palacio Real.
Incluso se programó en esta breve estancia de Obama en España unas brevísimas entrevistas con los líderes de las tres fuerzas parlamentarias más relevantes, a margen del partido en el poder, PSOE, Unidos Podemos y Ciudadanos. Fue un encuentro de cortesía, dado que se prolongó un poco más allá del saludo.
Y es que parece que esta visita ha respondido más a la situación en que se encuentran estos gobernantes, puesto que Barack Obama está en la recta final de su legislatura y por lo tanto, se despide de la presidencia de EEUU y en España ya sabemos que tenemos un Gobierno en funciones y una estructura de poder legislativo pendiente aún de constituirse, por lo que la única figura que desempeña su papel sin ninguna interinidad es precisamente la del Estado, o sea, nuestro rey Felipe VI.
Eso sí, pudimos ver la exhibición conjunta de las banderas de ambos países, tanto en el aeródromo de la base norteamericana como en los Palacios Real y Moncloa, respetando la precedencia del país invitado.
A ver si el próximo presidente-o presidenta-de Estados Unidos, realiza una visita institucional en toda regla, con el boato y la ceremonia propia y ya con un Gobierno y un Parlamento constituidos. Porque, la verdad, tampoco es que se prodiguen mucho estas visitas a nuestro país…

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Artículos, Educación

Un tipo educado

Vicente del Bosque ha dejado huella en el ámbito deportivo y especialmente al frente de la selección española de fútbol. No obstante, queremos también resaltar otro aspecto donde ha destacado: un ejemplo de buena educación.
Esa bonhomía es un activo de este profesional quien ya ostenta el título del Marqués de Del Bosque, concedido por el rey Juan Carlos I, valorando su “gran dedicación al deporte español y por su contribución al fomento de los valores deportivos que merecen ser reconocidas de manera especial”. Conocida esta concesión, él mismo reconocía que le dan “corte y apuro” tantos títulos y distinciones hacia su persona, lo que pone de manifiesto su sencillez.
Pero además, también recibió otras distinciones como la de Doctor Honoris Causa por la Universidad Pontificia de Salamanca reconociendo que es un “modelo de convivencia” y porque ha demostrado al mundo que una escuela de fútbol puede ser también una escuela de valores o el Premio Especial Escuelas Católicas de Castila y León por ser un “Maestro Ejemplar” y por su activa difusión de la educación, el respeto y otros valores sociales a través del deporte y específicamente en “su defensa constante de la solidaridad, el respeto, la tolerancia, el esfuerzo, el sacrificio, la disciplina y la modestia desde su posición pública son un ejemplo de conducta para todos, para nuestros alumnos y para los centros educativos que persiguen el mismo objetivo que Del Bosque: educar en valores con hechos”.
El propio Vicente del Bosque reconocía que “la educación de tus propios hijos no es tan fácil. Quieres lo mejor para ellos e intentas que sean buenos chavales y sean felices. De eso se trata. Dirigir a la selección tiene dos cometidos principales: desarrollar la estrategia deportiva (elegir a los jugadores, el esquema de juego…) y gestionar personas. Y a veces, lo digo despacito, hemos tenido influencias que no han sido nada buenas para la convivencia”.
Preguntado acerca de la influencia positiva y el juicio ético que genera su persona, respondió que “quizá más los jugadores, que tienen mucha importancia porque los niños tratan de imitar todo lo que hacen (un control, un pase, una parada…) hasta imitan la celebración de un gol y cuando se comportan mal eso llega a los chavales. Intento ser lo más moderado posible en mi labor y en el banquillo porque incluso yo me siento incómodo cuando me veo por televisión haciendo algo que no se corresponde conmigo”.

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Artículos, Educación, Urbanidad

Don Quijote y las buenas maneras

Ahora que este año se conmemora la efemérides de Miguel de Cervantes es un momento oportuno para redescubrir su obra universal, “Don Quijote de la Mancha”. Y la redescubrimos haciendo una interpretación diferente de la lectura de esta obra donde el autor ha plasmado la realidad social de la España que vivió.
De la misma pueden extrapolarse contenidos referidos a todo aquello que se entiende por buenos modales o, en decir antiguo, “tener buena crianza”, palabra ésta que figura reiteradamente en el texto cervantino.
De esta interpretación que se hace de la lectura de la obra, el autor ha conformado una publicación en la que, extrapolando los principios caballerescos que sustentan al personaje principal de la novela y pasajes del relato, pone de manifiesto toda una retahíla de costumbres de la época que ponen de relieve códigos de buena conducta y decoro social con los hábitos de aquella sociedad donde mantener la compostura era importante, empezando por las clases altas donde la cortesía era su lenguaje diario.
Obviamente, sin llegar a ser un Tratado o Manual de Buenas Maneras o siquiera costumbres, en El Quijote hallamos constantes alusiones a las prácticas sociales que estaban vigentes, lo que se entiende por “usos sociales” que configuraban la escena de la sociedad cervantina.
Tratamientos, cortesías, saludos, precedencias… las normas esenciales de civilidad y decoro al uso, puestas en boca de los personajes de la novela. Hay que tener en cuenta la época en que transcurre el relato y los hábitos sociales que imperaban en aquella España de la monarquía de los Austrias, desde su forma de vestir hasta la comida, pasando por la sociedad nobiliaria, la Corte, la Universidad y capas sociales menos favorecidas como los pícaros o mendigos. Se describe un retrato social acorde con el escenario en el que se desarrollan las peripecias de los personajes quijotescos.

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AEP, Artículos, normativa oficial

Coherencia

Una de las virtudes que se le pide a un político es que actúe con coherencia. Pero no sólo coherencia con sus principios programáticos e ideales que conforman la cultura de su opción política, sino que sea coherente en el ejercicio de su actividad pública. Y con ello queremos decir que cuando forma parte de una institución y asume por lo tanto funciones al servicio del ciudadano, tiene que obrar pensando en los intereses generales.
Y eso sucede cuando se adoptan ciertas decisiones que entran en confrontación con el sentir general, como por ejemplo está produciéndose en algunos Ayuntamientos que promulgan ordenanzas o acuerdos que restringen la libertad de actuación de concejales en cuanto a su participación en actos religiosos. Y por eso queremos hacer referencia a la coherente decisión adoptada por el BNG que gobierna el Concello de Bueu, ante una propuesta del grupo ACB-SON Bueu y que pedía “promover a liberdade de conciencia e a non confesionalidade institucional do Concello de Bueu” y planteaba la supresión de toda simbología religiosa de los actos oficiales del Concello.
La postura del grupo gobernante fue tajante, pues defendió que el alcalde y los concejales de la corporación acudiesen a actos religiosos y a las procesiones debido a su “repercusión social”. Y es así como hay que entenderlo de ahí que resaltemos la coherencia de los nacionalistas.
Contrasta con lo sucedido hace unos meses en el Ayuntamiento de Huesca, que aprobó un nuevo reglamento de Protocolo y Ceremonial y para que la Corporación no asistia a ningún acto que tenga carácter religioso y declinará las invitaciones que le puedan hacer y tampoco organizará, ni programará actos de carácter confesional. Sobre este particular, la Asociación Española de Protocolo dejó clara su postura oficial: “Impedir, de forma taxativa, la asistencia de miembros electos de las instituciones que conforman la administración pública, a actos y eventos convocados por entidades sociales, culturales, religiosas o de otro rango, iría en contra de los principios democráticos que ampara y defiende la Constitución Española” y aboga por armonizar el respeto a las tradiciones y costumbres de cada sitio con la propia libertad de elección.

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Artículos, profesion, protocolo

Lapsus protocolario

Hay lapsus o errores en materia de protocolo que se producen por despiste y otros simple y llanamente por puro desconocimiento. La cuestión se agrava cuando ese desconocimiento es atribuible a responsables del correspondiente servicio o departamento que se ocupa de esta área tan específica, función que no siempre asumen auténticos expertos o especialistas científica y profesionalmente preparados.
Hablábamos aquí mismo hace unos días del lapsus producido con la colocación incorrecta de las enseñas de Galicia y España en un acto del PP que contó con la presencia de su líder, a la sazón también presidente del Gobierno, aunque sea en funciones. Pues bien, hoy queremos reseñar otro error de protocolo, en este caso, relacionado con los tratamientos honoríficos.
Otra circunstancia donde se produjo otro error protocolario tiene que ver con el encabezado de una misiva. Con fecha 8 de abril se envió una carta por parte de la ministra de Fomento en funciones, Ana Pastor al alcalde de Ourense, Jesús Vázquez Abad, relativa a la integración de la alta velocidad en la ciudad. Pues bien, el enunciado de la carta anteponía como tratamiento al rector municipal “Ilustrísimo”, cuando el que le corresponde es el de Excelentísimo, tal como se precisa en el artículo 124 de la Ley 57/2003 de 16 de diciembre, de medidas para la modernización del gobierno local, conocida también como “de grandes ciudades” y que otorga ese honor a alcaldes de municipios capitales de provincia, como Ourense.
Este tipo de lapsus cuando se producen debido a desconocimiento porque se perpetran por parte de no profesionales, pueden tener una justificación, pero es peor cuando acontecen desde gabinetes institucionales donde se supone que se cuenta precisamente con personal especializado y preparado. O a lo mejor es que no es así y en lugar de haber profesionales, hay diletantes. Flaco favor a la profesión.

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Artículos, Banderas

Estrellada y pintada

Este año, la final de la Copa del Rey de Fútbol tuvo más interés político que deportivo. Y todo motivado por un símbolo. Qué importancia se le otorga a los símbolos cuándo éstos conllevan un mensaje y que es lo que sucede con una bandera y en este caso concreto, con la conocida como Estelada (estrellada).
Esta enseña que representa a los movimientos independentistas catalanes, hasta la fecha, se viene exhibiendo con “normalidad” y especialmente en el Nou Camp y lo mismo se hizo en ediciones anteriores de esta misma competición. Lo que ocurrió este año fue que estuvo más politizado que nunca.
La Delegación del Gobierno en Madrid intentó evitar su exhibición, aludiendo a la Ley del Deporte que dice que no se puede acceder a recintos deportivos con banderas o símbolos “que inciten a la violencia o al terrorismo o que incluyan mensajes de carácter racista, xenófobo o intolerante”, pero al final, una decisión judicial lo permitió entendiendo que no “en ningún caso ha resultado probado que la exhibición de la llamada estelada puede incitar a la violencia, el racismo o la xenofobia” y concluye que la prohibición “supone una limitación de la libertad de expresión, un derecho fundamental que solo puede restringirse en circunstancias excepcionales que deben estar bien motivadas y en este caso, no lo están”.
La cuestión es que existe un vacío legal y todo se enmaraña. La propia UEFA prohíbe terminantemente la promoción o el anuncio por cualquier medio de mensajes políticos o religiosos o cualquier otro acto político o religioso en el estadio.
Pero lo que también se repitió en esta final, como en las anteriores, ha sido la pitada al himno nacional, aunque según el “pitómetro”, en esta ocasión no fue tan sonora como sucedió hace un año en el Nou Camp. En cualquier caso, la cuestión es que aquí de lo que se trata es de respetar los símbolos institucionales del Estado, la bandera y el himno.
Y otro hándicap que tiene nuestro himno es que carece de letra y cuando suena sólo queda el recurso del tarareo. Se imaginan si cuando sonase en el estadio, mientras una parte del público lo silba, otra lo entona con su letra. Seguro que los pitidos hubiesen quedado más mitigados o solapados.

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