Artículos, Educación

Participación infantil

En el pasado curso, se organizó en el Campus de Ourense una conferencia sobre Participación infantil y construcción de la ciudadanía, que había pronunciado Jaume Trilla, catedrático de la Facultad de Pedagogía y del grupo de investigación en Educación Moral de la Universidad de Barcelona.
Para este profesional de la enseñanza “las experiencias participativas vividas en la infancia inciden positivamente en la formación de futuros buenos ciudadanos”, pero para ello, “a los niños hay que tratarles ya como ciudadanos de verdad y no sólo como futuros ciudadanos”.
Ciertamente, compartimos esta tesis, pues es precisamente a temprana edad cuando hay que empezar a inculcar a los niños esos valores que les convertirán en rectos ciudadanos. Ya hemos hecho alusión en otras ocasiones al frustrante contenido de la Educación para la Ciudadanía. Porque su propuesta no deja de tener otra cosa que tintes de un adoctrinamiento basado en la filosofía social de la Administración que promueve dicho texto.
Platón escribió en “La República o el Estado” que es primordial la educación de la infancia y de la juventud, si queremos que nuestros ciudadanos sean bien educados y actúen en regla. Pues obremos en consecuencia y eduquemos a la infancia dentro de unos parámetros racionales mediante la puesta en valor de una convivencia dentro del respeto, la tolerancia, la participación comunitaria; mediante una educación integral que les proporcione una visión de conjunto, lo que e autor antes citado llama una “participación multidimensional”. El mismo papa Francisco habla de la educación de los hijos como vocación natural de la familia, reclamando una mayor atención por parte de los padres en lo que atañe a esta responsabilidad.
Construir futuros “buenos ciudadanos” requiere mucho tacto, porque es primordial ofrecerles unos modelos e ideales que vayan más allá de lo utópico. Sencillamente, que actúen como un correcto referente. Y para ello, es fundamental que esta tarea empiece en el seno familiar donde los padres ejercerán como los primeros mentores. Toda esta influencia que recibirán en esta primera etapa, les marcará la senda del futuro, de ahí la importancia de inculcarles esos valores de forma adecuada si queremos que nuestros futuros ciudadanos sepan cómo han de comportarse llegado el momento.

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Los antisistema

Se ha puesto de moda entre los nuevos dirigentes de las organizaciones antisistema, adoptar medidas que atentan contra el sistema, pero parece que se olvidan que si están ejerciendo cargos dentro del organigrama del poder, es que ellos también forman parte del sistema. El poder es el sistema. Pertenecer al sistema implica acatar sus directrices materializadas en normas legislativas. Por ejemplo, la Ley 19/2013, de 9 de diciembre, de transparencia, acceso a la información pública y buen gobierno, que obliga a observar “lo dispuesto en la Constitución Española y en el resto del ordenamiento jurídico”.
Por eso, si se toman decisiones, estas deben estar dentro de la legalidad, como por ejemplo a la retirada de símbolos como banderas-siguiendo la línea de los separatistas o independentistas- o el cuadro de SM el Rey que suele colgarse en el salón de plenos.
En concreto, en lo que concierne a la imagen del soberano, el real decreto 2568/1986 de 28 de noviembre, que aprueba el Reglamento de Organización, Funcionamiento y Régimen Jurídico de las Entidades Locales, en su artículo 85.2, establece que “en lugar preferente del salón de sesiones estará colocada la efigie de SM el rey”. O sea, que es un mandato “imperativo legal”, por lo que no se puede retirar esa representación plástica del monarca al libre albedrío de quien rige los destinos de la casa…consistorial.
Y lo mismo sucede con la enseña nacional. Su uso está obligado por la ley 39/81 de 28 de octubre que en su artículo tercera especifica claramente que deberá ondear en el exterior y ocupar el lugar preferente en el interior de todos los edificios y establecimientos de la Administración Central, Institucional, Autónoma, Provincial o Insular y Municipal del Estado. Y en su artículo quinto se hace referencia a la obligatoriedad de que junto a dicho bandera, también se exhiba la de los Ayuntamientos.
Dicho esto, no se puede actuar libremente cuando se desempeña una función pública, pues todas las decisiones que se tomen, están sometidas a normas, reglamentos y disposiciones legislativas. Y como más arriba apuntamos, no se puede ser antisistema, una vez que están dentro del sistema.

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Indumentaria adecuada

Es obligatorio por norma oficial asistir a un acto público con una indumentaria adecuada?. Pues no. ¿Es protocolariamente correcto no respetar las pautas sociales que rigen los actos sociales?. No lo es, pero, no obstante… ¿Es un signo de cortesía vestir adecuadamente cuando se participa en un evento público?. Por supuesto que sí. ¿Y es de buen tono y cortesía acudir con ropa adecuada a un acto público donde se desarrolla una ceremonia ritual y donde quien acude es uno de los protagonistas?. Obviamente, así es.
Estas cuestiones que planteamos son para aclarar cómo funcionan los códigos sociales en cuanto al uso de nuestra ropa en aquellas citas sociales. Evidentemente, al no ser de “obligado cumplimiento”, siempre quedan sometidas al socaire y criterio de quien debe vestirla.
Basta señalar que en actos solemnes, cuando se indica al invitado la etiqueta a respetar, se pone Se ruega o se suplica Etiqueta, pero jamás se obliga o exige. Siempre se cuenta con que los invitados conozcan esos códigos que rigen las pautas de comportamientos sociales en cuanto a nuestra participación en los distintos eventos de la vida social.
Un reciente ejemplo han sido las imágenes de las ceremonias, que lo son, de toma de posesión de las nuevas Corporaciones. Ha habido para todos los gustos, aunque precisamente, muchas veces, lo que se vio fue de poco gusto. Es obvio que el mero hecho de participar en el acto de toma de posesión, insistimos, una ceremonia, implica asumir esas normas básicas de buen tono en cuanto a la vestimenta y porque no es lo mismo que cuando uno se va de vinos.
Como dice nuestro DRAE, por ceremonia se entiende “acción o acto exterior arreglado, por ley, estatuto o costumbre” y en su locución adverbial “dicho de hacer algo: con todo el aparato y solemnidad que le corresponde”. Y aparato significa “Pompa, ostentación” y solemnidad es cualidad de solemne: “Celebrado o hecho públicamente con pompa o ceremonias extraordinarias” o “Grave, majestuoso, imponente”.

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Respetar la normativa

Nuevamente, con ocasión de la constitución de las nuevas Corporaciones Municipales, se han vuelto a reproducir las escenas que hemos vivido antes. Nos estamos refiriendo al ceremonial en la toma de posesión de los nuevos munícipes, quienes tienen que proceder a la lectura de la fórmula, legalmente establecida en el RD 707/1979, de 5 de abril.
Textualmente, dicha disposición reza: “En el acto de toma de posesión de cargos o funciones públicas en la Administración, quien haya de dar posesión formulará al designado la siguiente pregunta:”Juráis o prometéis por vuestra conciencia y honor cumplir fielmente las obligaciones del cargo… con lealtad al Rey, y guardar y hacer guardar la Constitución, como norma fundamental del Estado?”. Esta pregunta será contestada por quien haya de tomar posesión con una simple afirmativa. La fórmula anterior podrá ser sustituida por el juramento o promesa prestado personalmente por quien va a tomar posesión, de cumplir fielmente las obligaciones del cargo con lealtad al Rey y de guardar y hacer guardar la Constitución como norma fundamental del Estado.
Pues bien, ha habido para todos los gustos y estilos. Y no entramos en la añadidura, bastante prodigada, de anteponer “por imperativo legal”, dado que en sendas sentencias del Tribunal Constitucional de 1990 y 1991, se acepta esta utilización. Nos referimos a otras expresiones como “juro ante Dios y prometo ante los hombres”; “de las buenas y generosas y defender los intereses de A Coruña y de los gallegos”; “defender los intereses del Ayuntamiento de Lugo y del pueblo gallego”; “sin renunciar a mis principios republicanos”… por poner algunos ejemplos.
Otra muestra la extraemos de la sesión constituyente de la última Corporación y en la que una concejal del BNG, en la fórmula incluyó la frase “y en memoria de Rosalía, Castelao y Bóveda” y lo hizo además aportando un ejemplar de “Sempre en Galiza”, del segundo autor aludido.
Con permiso de fray Luis de León, como decíamos ayer (en otra ocasión) el ceremonial de protocolo está para respetarlo, y todavía más si está regulado por norma o disposición oficial, como es la fórmula de juramento o promesa. Respetar esas tradiciones y asumir esas normas, forma parte de las obligaciones de quienes nos representan en los distintos estamentos de la vida pública, dado que ellos mismos se convierten en garantes del cumplimiento de la ley.

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Habilidades negociadoras

Estos días mucho se está hablando de “negociación”. En los últimos días se puso de manifiesto el “arte de negociar”. Se trata de ser habilidosos a la hora de llegar a un acuerdo o acuerdos. A la hora de pactar y porque antes de sellar un pacto, es necesario entablar la oportuna negociación.
Para establecer un acuerdo se precisan unas dotes negociadoras. Saber dar y saber ceder. Un buen estratega, y tampoco hace falta que aplique al pie de la letra lo que aportó Sun Tzu en su célebre “El arte de la guerra”, ha de conocer a su adversario; sus fortalezas y sus debilidades. No es necesario derrotarle. Sólo hay que llegar a un punto de coincidencia que erradique cualquier conflicto.
Parafraseando al autor antes mencionado “la invencibilidad radica en uno mismo. La fragilidad radica en el enemigo”. Claro que en política nunca hay enemigos, sólo adversarios. Y sostiene también que lo más hábil siempre es someter al contrario sin batalla.
Este sábado se conocerán los resultados de las negociaciones que tras el 24M se han estado llevando a cabo para conformar las nuevas Corporaciones locales y en determinados gobiernos autonómicos. Fruto de aquellas son los pactos a los que se ha llegado entre las fuerzas políticas implicadas. Y porque en la actualidad aún no está preceptuado como norma que gobiernen las formaciones cuyas listas fueron las más votadas.
Saber negociar, es otra habilidad que ha de caracterizar a un buen político. Negociar dentro y fuera de su propio entorno. Ahora para negociar la gobernabilidad de una corporación y después para la gestión cotidiana de la legislatura y poder llegar a acuerdos que redunden en beneficio de la ciudadanía, que es de lo que se trata. Ya lo decía Maquiavelo “un príncipe (gobernante) ha de emplear siempre medios honrosos y alabados por todos”. Frase para reflexionar.

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Respetar los símbolos, ejercicio de ciudadanía

Se imaginan la final de la liga del futbol americano y en el momento en que suena o interpretan el himno de EEUU, el público empiece a abuchear?. Resulta algo poco imaginable. Y es sólo por poner un ejemplo en un país donde sus símbolos, himno y bandera, se veneran con sumo respeto.
Pero claro, parafraseando aquel slogan turístico, España es diferente. Lo que ocurre es que a veces, la diferencia, también es sinónimo de rareza y que causa enorme perplejidad.
Y es que ha vuelto a suceder lo que aconteció en otras finales de la copa de fútbol de S,M. El Rey. Da igual el rey que presida la ceremonia, porque el himno es el mismo. Nuevamente, los silbidos solaparon los acordes y además, en esta ocasión, incluso potenciados con el uso de “pitos” o “chiflos”. Y siempre se plantea la misma hipótesis. Qué hubiese sucedido si esa final la disputan dos equipos pertenecientes a otras tantas comunidades autónomas en donde no esté exacerbada la problemática separatista. Probablemente, nada. Que el himno hubiese sonado y el público escuchado con respeto.
Claro que también es posible que si nuestro himno nacional tuviese letra, a lo mejor se hubiesen mitigado los silbidos, porque mientras una parte del público estuviese silbando, otra parte estaría cantando, como ocurre en la práctica totalidad de los países. Pero mientras en España el himno se “tararee”, no deja de ser un rumor musical.
Y una nota de contraste del último fin de semana. Contador en Italia escuchando con orgullo el himno nacional en el podio donde se coronaba ganador del Giro. Y además, himno no precisamente en su versión breve. Y el público, con muchos españoles, disfrutando de ese momento de “chauvinismo deportivo” con unos colores y una música.
En cualquier caso, los símbolos de un Estado es obvio que merecen ser respetados, porque por eso mismo “simbolizan” y representan al conjunto de ciudadanos que forman parte del tejido social de ese Estado. Que sepamos, no tenemos constancia de que suceda lo mismo cuando en un evento se interpreta el himno de una autonomía o se iza su correspondiente bandera. Y una autonomía forma parte de ese Estado.

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Comunicar en familia

Con motivo de la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales y este año eligió como tema la familia y la Comunicación, el obispo de la diócesis, Leonardo Lemos, ha difundido una carta relacionada con ello.
En la misma alude a su vez al mensaje del papa Francisco en el que dice que “la familia es el primer lugar donde aprendemos a comunicar”, subrayando la idea de que es en la familia en donde aprendemos la esencia de lo que es, y en qué consiste la auténtica comunicación. Y asevera el prelado que la familia “se encuentra experimentando una grave revolución interna que se extiende a la escuela y a la sociedad en general”.
Cuando la estructura falla, pone de relieve, cuando la familia, célula básica de la sociedad, se resquebraja, “entonces surgen las actitudes agresivas e intolerantes, las mentiras y los enfrentamientos, los chismorreos y las calumnias” y esto “tiene repercusión en la escuela y su caja de resonancia es la sociedad”. Y retoma las palabras del pontífice, que dice que en una sociedad “que los medios reflejan con tanta crudeza, en donde tan a menudo se maldice, se habla mal, se siembra cizaña, se contamina nuestro ambiente humano con las habladurías”, la familia “puede ser una escuela de comunicación como bendición”.
En todo esto subyace una cuestión de la que tantas veces hemos hablado, como es la necesidad de recuperar los valores de la familia y para ello es esencial que en el seno de la misma, se produzca una fluida relación entre todos y cada uno de sus miembros. Una relación, primordial, de comunicación diáfana, y donde se aborden todos aquellos temas que tienen incidencia en la formación humanística de los hijos, para que éstos sepan la importancia de una educación en valores que les convertirá en unos ciudadanos rectos y consecuentemente, modélicos.
Y porque esa educación en valores, les va a condicionar su futuro, de ahí la importancia de que la familia funcione como la primera escuela de la vida y que además tiene que estar en consonancia con la otra formación que adquieren en la vida académica, de ahí la exigencia de una perfecta imbricación entre padres y profesores.

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