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Sentencias ejemplares

Hoy queremos fijarnos en dos sentencias dictadas por sendos jueces y relacionadas con #jóvenes. Se trata, obviamente, de sentencias ejemplares y ejemplarizantes.
Por un lado, está la emitida por una magistrada del Juzgado de Menores número 1 de Las Palmas por la cual 19 menores que en los últimos meses han sido objeto de condena redimirán su culpa caminando 45 kilómetros de un tramo del Camino de Santiago canario, ruta que compartirán junto a otra veintena de niños acogidos a la protección de los distintos servicios sociales.
Es una iniciativa solidaria y terapéutica promovida por UP2U, un proyecto de la magistrada en cuestión para la reinserción para menores. Muchos de ellos lo hacen acompañados por sus padres “para reestablecer relaciones y restaurar los ámbitos afectivos dañados”. La mayoría de sus delitos, considerados leves, están relacionados con la violencia doméstica, siendo el más frecuente, amenazar a sus progenitores. La magistrada manifiesta su profunda preocupación ante la proliferación de casos de menores que cometen delitos de agresión verbal o física hacia sus padres.
Por su parte, el juez Calatayud ha condenado a aprender a leer y escribir a dos #adolescentes de 16 y 17 años después de que robasen cinco gallos y un jilguero de un pueblo de Granada. El magistrado, que estaba intrigado por las razones que llevaron a los adolescentes a llevarse a estos animales, habló con ellos y se percató de su bajo nivel de educación y al percatarse de su bajo nivel educativo, les hizo leer el artículo 155 del Código Civil: «Los hijos deben obedecer a sus padres mientras permanezcan bajo su potestad, y respetarles siempre. Los hijos deben contribuir equitativamente, según sus posibilidades, al levantamiento de las cargas de la familia mientras convivan con ella». Ninguno de los dos jóvenes comprendían lo que estaban leyendo y por ello el juez les ha “condenado” a leer y a escribir.
Está claro que sendos dictámenes resultan tremendamente ejemplares, pues ambos buscan una eficaz rehabilitación por parte de los jóvenes condenados y con el propósito de que se beneficien de sus resultados. En cualquier caso, una vez más, se pone de manifiesto la necesidad de una #educación que tiene que darse en el seno #familiar para evitar que los jóvenes vayan por sendas nada recomendables.

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La familia, lo más importante

Según revela el informe de la Fundación SM,- “Jóvenes españoles entre dos siglos 1984-2017″- el 97 por ciento de los jóvenes encuestados mantiene la #familia como la cosa más importante de su vida. Este estudio se ha llevado a cabo entre 1.250 jóvenes, con edades que oscilan desde los 15 a los 24 años y tiene como objetivo conocer y analizar la realidad de los jóvenes españoles en la actualidad. La familia es el referente vital más importante y para la mayoría es “el lugar donde se dicen las cosas más importantes en cuanto a ideas e interpretaciones del mundo.”
Otro dato se refiere a que se ha acelerado el laxismo moral de los jóvenes que, al igual que treinta años atrás, lo que más critican son los comportamientos que afectan a la moral pública y a las reglas de convivencia frente a los de ámbito privado, familiar o sexual. No obstante, aunque aún piensan que las conductas más injustificables son el terrorismo y la violencia de género en el ámbito de la pareja, su permisividad hacia ellas es mayor que antes.
Es también sintomática la conclusión en cuanto a que sienten que tienen un nivel de libertad adecuado, e incluso uno de cada tres cree que mayor del que deberían, lo que supone un incremento del 12 % respecto a la generación de los 90, consecuencia, para los autores del Informe, del tiempo cada vez mayor que pasan solos en casa por las dificultades de conciliación de sus padres.
Y cómo no, la cuestión política es analizada en este trabajo de campo entre esa población juvenil, desprendiéndose de sus respuestas que se confirma la tendencia de desafección e inacción en su participación sociopolítica, y aunque muestran más interés que en 2010, se implican poco en ella. Se ha producido un descenso del porcentaje de los que no se sienten identificados con la política o que no le encontraban sentido, que son el 17 % frente al 25 % de hace siete años, pero ha aumentado del 20 % al 37 % el de los que buscan este tipo de información en los medios.
Es creciente la desilusión hacia la clase política, pues el 77 % opina que los políticos buscan antes sus propios intereses o los de su partido, y el 71 % cree que anteponen los de las multinacionales, bancos y grandes grupos de presión que a los de los ciudadanos. Y a la vista de los #comportamientos políticos de los últimos años, no es de extrañar esta postura.

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Educar, arte y aventura

Este es el título de la carta pastoral del arzobispo de Toledo, Braulio López Plaza, quien empieza señalando que “a menudo confundimos la educación con la enseñanza. Se enseña algo, mientras que se educa a alguien” y añade “la enseñanza inculca materias, mientras que la educación hace madurar a las personas”. Es una aseveración que compartimos plenamente y de lo que hemos hablado reiteradamente.
Y por supuesto, enseñar no es adoctrinar. Reconoce el arzobispo que sería muy importante que los partidos políticos renunciaran a imponer su ideología en este ámbito, precisando que “la falta de conciencia de una sociedad, débil y poco apoyada, es lo que está dando espacio a un estatalismo creciente y que se está instalando en nuestra sociedad”.
A este respecto, también se ha pronunciado el obispo de San Sebastián, José Ignacio Munilla, quien en una conferencia pública afirmó que existe un excesivo intervencionismo de los Gobiernos en la educación-la reglada-, habiendo muchas leyes contrapuestas, lo que supone una falta de respeto al protagonismo que deberían tener las familias en la escuela. “Vivimos una crisis educativa-añade-¿Acaso no se está confundiendo la tolerancia con el todo vale?. Y subraya que “el Estado debe estar al servicio de las familias en su libertad de elección, no coartarla ni pretender ejercer de papá y de mamá. La familia educa mucho mejor que el Estado”.
Y otra opinión a propósito de este mismo tema es la vertida por el obispo de Bilbao, Mario Iceta, quien sostiene que “en la educación es donde se juega verdaderamente nuestra convivencia”, matizando que “los niños serán educados según las convicciones de sus padres”.
Como comprobamos, el tema de la enseñanza está hoy más que nunca a flor de piel, pues se trata de defender un sistema que jamás debe ser adulterado por ningún político, como vemos está sucediendo en algunas Comunidades autónomas. Esto, como se dijo, es puro y duro adoctrinamiento.
Y si a los hijos se les instruye bajo un prisma ideológico sectario y si por encima en casa no reciben una correcta educación, entonces, el futuro de éstos estará sometido al socaire de tales circunstancias, pero luego no nos preguntemos por qué hay crisis de valores.

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Respeto en las aulas

El Defensor del Profesor del sindicato docente ANPE ha afirmado que en el último curso escolar 2016-17 habían aumentado un 15% los casos de acoso y violencia contra los profesores y maestros españoles, -concretamente 300 más-, respecto al curso anterior, tal como se recoge en el duodécimo informe presentado. Revela que han cuadruplicado las agresiones físicas y amenazas de alumnos a sus profesores, que han pasado del 3 al 12 por ciento.
Ciertamente, los datos son más que preocupantes y ponen de manifiesto que algo falla en el sistema educativo y que no se ciñe exclusivamente a los contenidos lectivos o académicos. Se resienten los cimientos de la formación humanística o lo que es lo mismo, la esencia de los principios de una buena educación, que no enseñanza. De hecho, hay otro dato revelador en este informe: la violencia contra los profesores no es una cuestión de Secundaria, sino que se da con la misma frecuencia en los centros de Primaria.
El papel de los progenitores es fundamental a la hora de incardinar una buena educación en sus hijos, y es que como ha indicado un portavoz de dicho sindicato “el acoso, agresiones y amenazas de alumnos de Primaria y Secundaria a profesores se debe también al ejemplo de sus padres” y subraya que “un padre que agrede o amenaza no es una buena referencia”, añadiendo que existe un componente familiar importante”. Además, también se ha producido un aumento en las denuncias a profesores del 18 al 19 por ciento.
Ante estos hechos, nos preguntamos si son efectivas las leyes y decretos que pretenden regular estos comportamientos como la Ley 4/2011, de 30 de junio, de convivencia y participación de la comunidad educativa de la Xunta y que entre sus fines establece “la garantía de un ambiente educativo de respeto mutuo que haga posible el cumplimiento de los fines de la educación” y habla de “corresponsabilidad de las madres y padres o de las tutoras o tutores en el mantenimiento de la convivencia en los centros docentes, como uno de los principales deberes que les corresponden en relación con la educación de sus hijos” para “avanzar en el respeto entre todos los miembros de la comunidad educativa y en la mejora de la convivencia escolar”.
Qué atávicos quedan aquellos manuales de urbanidad que como obligaciones del niño figuraban “saludar cariñosamente al señor maestro” a quien debe respetar obedecer.

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Modales señoriales

Hacía tiempo que en la Cámara Baja o también conocida como Congreso de los Diputados, no se registraba una escena estrambótica, esperpéntica y fuera de lugar protagonizada por alguna de nuestras ilustres señorías- que no señoríos, y lo de ilustres le sobra a más de uno o una, que se dice ahora-.
Recordarán que hace unas semanas una parlamentaria del PDeCAT le propinó un corte de mangas al diputado de Ciudadanos, Toni Cantó, cuando este desde la tribuna de oradores censuraba a los representantes independentistas catalanes porque se ausentaban del hemiciclo, en referencia a que estaban respaldando la huelga general promovida por la Generalitat en Cataluña, renunciando a sus obligaciones como representantes públicos.
Sin embargo, quien se lleva el premio grande en esto de no respetar el llamado “decoro de la Cámara”, es el diputado de ERC Gabriel Rufián quien en su más reciente actuación tuvo la ocurrencia de sacar unas esposas durante el debate plenario de la sesión de control al Gobierno y cuando dirigiéndose al ministro del Interior le recriminaba al Gobierno su actitud frente a los “presos de la Generalitat” y terminó exclamando: “ojalá Mariano Rajoy acabe llevando unas de éstas algún día”. Recordarán que semanas antes se presentó con una impresora para ironizar sobre los registros policiales en Catalunya previos referéndum que convocaba la Generalitat.
Ante esta actitud reiterativa, la presidenta del Congreso, Ana Pastor se reunió con el “interfeuto”-con permiso de la RAE- para llamarle al orden y reprender su reiterada falta de respeto a todos los representantes camerales. La propia titular del Congreso ha llegado a decir “señorías, esto no es un circo, con todo el respeto al circo”. Con toda la razón. La Cámara baja es el máximo foro del poder de donde emanan nuestras leyes y los diputados están obligados a actuar correctamente y no convertirla, como ya hemos dicho en alguna ocasión, en un escaparate.
Ana Pastor quiere conducir a su grey y Rufián parece empeñado en comportarse haciendo honor(o más bien deshonor) a su apellido: “persona perversa”. En cualquier caso, está lejos de exhibir modales señoriales.

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Bastonazos independentistas

El bastón de mando que simbólicamente reciben los alcaldes al ser elegidos forma parte de los atributos propios del cargo, por lo tanto, tiene un valor propio de una insignia representativa. El rector municipal lo asume en el mismo momento en que toma posesión como tal y después su uso queda restringido a actos solemnes y con gran dignidad-por ejemplo, procesiones, visitas del monarca, etc-. Cualquier otro uso fuera de este contexto protocolario, implica cometer un error, pues se entiende entonces que funciona como un elemento de adorno.
Este atributo representa un emblema de la autoridad del alcalde, por ello, conviene saber en qué momento se puede portar. Pero donde por supuesto no pintaba nada este bastón ha sido hace unos días cuando un nutrido grupo de alcaldes soberanistas acudieron al Parlament catalán para expresar su apoyo a los grupos de Junts pel Sí (JxSí) y la CUP, con motivo de declaración de independencia. Allí mismo, acabada esa ya famosa sesión-pantomima, estos representantes edilicios lanzaron gritos de “independencia” mientras levantaban o más bien enarbolaban sus bastones de mando. La imagen quedaba como un tanto grotesca. Y algo similar sucedió esta semana en Bruselas. Se ha convertido en la comitiva de los bastonazos.
Dicho esto, queremos explicar que el uso de este atributo ha de hacerse con cortesía protocolaria y se porta, como señalamos, en aquellos actos solemnes, dado que no se trata de ninguna vara a la que se le da un uso precario, como quien lleva un bastón para caminar o para conducir ovejas. Como instrumento representativo de poder, su uso incluso se remonta a la propia prehistoria y posteriormente formaba parte de la distinción para mandos militares.
Por eso, cuando observamos la escena aludida protagonizada por esos alcaldes separatistas, sentimos la necesidad de inculcar a estos representantes públicos las más básicas y elementales nociones del protocolo, para que sepan cual es el uso correcto de este atributo municipal y no exhibirlo como si estuvieran en una fiesta en busca de la piñata para golpearla y coger sus golosinas.
Y por cierto, también habría, en general, que impartir unos cursos acelerados sobre cómo se desarrolla una toma de posesión de un regidor municipal haciendo hincapié en la ceremonia de recepción del citado bastón de mando, pues si recurrimos a los archivos gráficos, se ve de todo en el momento en que tiene que mostrar o alzar este atributo.

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Símbolos vexilológicos propios

En varias ocasiones hemos comentado como en Cataluña, bastantes organismos públicos e instituciones estaban conculcando la ley- en este caso la Ley 39/81 de 28 de octubre- al no exhibir la bandera de España, siendo ésta de uso obligatorio, recogido además en el artículo 4.2 de nuestra tantas veces invocada en los últimos tiempos Constitución española.
Pues bien, el tema de nuestros símbolos vexilológicos ha retomado toda su importancia a tenor de los recientes acontecimientos acaecidos en aquella comunidad autónoma española- que obviamente lo es-. No sólo por la presencia masiva de la enseña de nuestro Estado que se está produciendo en nuestro territorio y con especial énfasis en el catalán, sino porque estamos asistiendo a escenas donde los símbolos adquieren una proyección inusual.
Aconteció en el Parlament cuando se votaba en medio de un esperpento valleinclanesco la declaración de la República para Cataluña, pues los diputados del grupo popular, antes de abandonar el foro, dejaron sobre sus escaños tanto la señera como la bandera española. El pasado domingo en la conclusión de la magna manifestación en defensa de la unidad de España, el expresidente del Parlamento europeo, Josep Borrell, al tiempo que mostraba sendas banderas de España y Cataluña, afirmaba que quería que sus hijos y nietos “tengan unos símbolos con los que se puedan identificar”. Y eso que horas antes el ya cesado Puigdemont, en una breve aparición en la TV3, pedía a los independentistas que respetasen los símbolos. No especificó a qué símbolos se refería, pero a buen seguro que era la “estrellada”, enseña con la que se visibiliza el movimiento secesionista. No debió de leer ese día la encuesta del diario “El País” y que recogía que el 60% de los catalanes se siente más identificado con la “senyera” que con la “estelada”, un 22%.
Aún recordamos lo que dijo el presidente de la Comisión Europea, Jean Claude Juncker, en la ceremonia de los Premios “Princesa de Asturias”, quien calificó de “visión hermosa” las numerosas banderas de España que observó en la capital ovetense. Y lo dijo con orgullo. El mismo orgullo que se siente cuando nos identificamos con un símbolo tan propio como es la bandera, la de nuestro país y la de nuestra Autonomía.

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