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Con la corona a vueltas

De un tiempo a esta parte, nuestra Corona o si se prefiere, nuestra Monarquía está teniendo bastante impacto mediático pero no por mor de las actividades inherentes a la misma, sino suscitado desde estamentos políticos.
A la propuesta de resolución aprobada por el Parlament de Cataluña por la cual “rechaza y condena el posicionamiento del rey Felipe VI y su intervención en el conflicto catalán” y “reafirma el compromiso con los valores republicanos y apuesta por la abolición de una institución caduca y antidemocrática como la Monarquía”, hay también que añadir, y en la misma línea, la aprobación por parte del Ayuntamiento de Barcelona de una declaración que aboga por “la abolición de una institución caduca y antidemocrática como la monarquía” y al tiempo desaprueba al monarca.
Otra vuelta de tuerca ha sido cuando el pleno del Congreso de los Diputados aprobó iniciar la tramitación de la proposición de ley orgánica de la reforma del Código Penal para “la protección de la libertad de expresión” y que promovió, cómo no, esa mezcolanza de grupos conocidos como Unidos Podemos-En Comú Podem-En Marea… Tiene como objetivo derogar los delitos contra los sentimientos religiosos o de escarnio público, contra la Corona, “las ofensas o ultrajes de palabra, por escrito o de hecho a España, a sus Comunidades Autónomas o a sus símbolos o emblemas” y las injurias al Gobierno y a otras altas instituciones del Estado. O sea, vía libre para dar rienda suelta a ataques, obviamente verbales, contra las instituciones del Estado. Ultrajes y ofensas de palabra. Menos mal, podía ser peor. Sin palabras, coherentes claro.
Para los proponentes, esos delitos de oprobio tal y como están ahora tipificados “no tienen cabida en un sistema democrático y plural”. Qué van a decir, los consideran “tipos penales totalmente obsoletos” En algo tienen que sustentar su falaz argumentario. Pero hacen singular hincapié en la Corona: “Delitos contra la Corona, recogidos en los artículos 490.3 y 491 del Código Penal. Esta especial protección de la más alta institución política del país, en cuanto que ostenta la Jefatura del Estado, constituye un verdadero ataque contra la libertad de expresión. En un sistema democrático cuanto más poder tiene una institución mayor ha de ser la exposición a la crítica legítima por parte de la ciudadanía. De otra manera no se entiende la libertad política ni la democracia”.
Y luego nos extrañamos que una diputada navarra podemita se refiera a nuestro actual monarca como Felipe IV o que el mismísimo presidente del Gobierno, en una reciente comparecencia en el Congreso, le llamase Felipe II. Han recuperado a los Austrias dirigiéndose a un Borbón.
La cuestión es que nunca la Corona ha estado tan a flor de piel entre la clase política. Y menos mal que nuestra cumpleañera constitución consagra en su artículo primero que “la forma política del Estado español es la Monarquía parlamentaria”, esa misma que recordó el otro día la Princesa de Asturias cuando lo leyó, por primera vez en público. Eso precisamente es lo que les molesta a algunos representantes públicos cuyo sueldo procede de las arcas del Estado, ese mismo al que constantemente atacan.

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La heredera se visibiliza

Poco a poco vamos asistiendo al proceso de incorporación de la Princesa de Asturias, doña Leonor, a los engranajes protocolarios del Estado. La Casa Real ha diseñado una estrategia para visibilizar públicamente a la heredera de la Corona asumiendo el rol que como tal le corresponde.
A principios de septiembre, la hija mayor de los Reyes de España participaba en los actos conmemorativos del XIII Centenario del Reino de Asturias y I Centenario de la Coronación Canónica de la Virgen de Covadonga, lo que se anunciaba como su primera visita institucional, aunque fuese en compañía de sus padres. No obstante, hay que recordar que el pasado 30 de enero la princesa de Asturias protagonizó su primer acto solemne, cuando el Rey, con ocasión de su 50 cumpleaños, le impuso el Toisón de Oro-que le había concedido en el 2015-, y que no deja de ser un acto cargado de gran simbolismo dinástico e institucional.
Y ahora, el pasado 12 de octubre con ocasión del Desfile Militar, por primera vez, la princesa de Asturias, doña Leonor, se situó, en el palco, a la derecha del rey, cuando el pasado año permaneció al lado de su hermana, la infanta Sofía y a la izquierda de su madre, la reina Doña Letizia. Esta estrategia se entiende como un gesto simbólico de la Casa Real para enfatizar la continuidad de la Corona y específicamente, resaltar en público el papel institucional y al mismo tiempo simbólico de la doña Leonor como heredera de la Corona española.
Además, hay que mencionar el hecho de que ese día, la primogénita de los monarcas, luciese en prendedor la insignia del citado Toisón de Oro y por otra parte, el vehículo que la trasladó junto a su hermana la infanta Sofía, ostentaba el guion aprobado por Real Decreto 979/2015, de 30 de octubre, por el que se crean el Guion y el Estandarte de Su Alteza Real la Princesa de Asturias. Como consta en su introducción “Su Majestad el Rey, siguiendo la tradición de la Casa Real española, y contando con el asesoramiento de la Real Academia de la Historia, ha tenido a bien aprobar el uso de las armas de Su Alteza Real la Princesa de Asturias”. Y alude a los honores militares que le corresponden como heredera de la Corona, establecidos por el Real Decreto 684/2010, de 20 de mayo y que se hace preciso simbolizarlos a través de los correspondientes atributos.
Son testimonios que visibilizan el papel que empieza a desempeñar la heredera de la Corona quien pronto la veremos presidiendo en Oviedo la entrega de premios que desde 2014 llevan su mismo nombre, dándole el relevo a su padre, quien por cierto, a los trece años ya asistió a esta ceremonia donde además pronunció un discurso.

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Gracias, presidente

Como profesionales del protocolo, nos vemos en la obligación de darle públicamente las gracias al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez Castejón, porque debido a la escena protagonizada con motivo de la recepción ofrecida por los reyes de España en el Palacio Real el pasado 12 de octubre-ya saben, cuando se situó junto a su esposa al lado de los monarcas para recibir también los saludos del resto de los invitados-, nos ha hecho un gran favor a todos los que nos dedicamos a esta bendita profesión.
No vamos ahora y aquí a enfatizar en cuanto a culpabilizar de semejante desaguisado-que lo fue- protocolario. En los últimos días se ha hablado de ello hasta la saciedad no sólo en los medios de comunicación convencionales, sino también en los hervideros de las redes sociales, “memes” al margen. Hemos sido testigos de una u otra manera de las diversas versiones que han circulado respecto al origen de esta especie de “dislexia” protocolaria por parte de sus protagonistas y como siempre, no queda claro de quien es la culpa…aunque unos lo sepamos más que otros.
Nuestro propósito no es otro que subrayar que noticias como ésta, que tienen un tremendo impacto mediático y por encima se convierten en virales en el universo del ciberespacio, contribuyen a afianzar lo que tantas veces venimos insistiendo: la importancia que tiene y representa el protocolo en la sociedad. Cuando en un acto hay orden y disciplina es que se está aplicando correctamente lo que dicta el ceremonial y el protocolo, que siempre se articula en normas, tradiciones, usos y costumbres.
Y es suficiente con que sucedan situaciones como la referida y sobre todo cuando quien las protagoniza es un referente de la vida pública, para que se hable de la importancia del protocolo. Eso sí, conviene matizar luego cómo algunos medios tratan la noticia, por que cuando se suele aludir a “Fallo o error de protocolo”, enseguida los hay que echan todo en el “zurrón” del profesional que asume estas competencias y no siempre es así. En este caso, ha sido una subjetiva interpretación que hizo el jefe del Ejecutivo sobre cómo debía actuar en esa ceremonia. Y por cierto, no es la primera vez que asiste a la misma, aunque ese día lo hiciese como presidente del Gobierno, por lo que, al menos, de memoria visual, debía conocer los movimientos protocolarios del acto, al margen de excusas de posado para fotos u otras recomendaciones.
Y es que el inquilino de la Moncloa, recordarán, también había dado la nota en otra recepción con motivo de esta celebración, cuando había acudido a Palacio sin corbata, cuando la etiqueta exigida requería “traje oscuro para caballeros”.
En fin. Resumiendo, que gracias a este “gesto” del presidente del Gobierno, ha quedado de manifiesto la importancia que tiene el protocolo, que cualquier dirigente público tiene la obligación de conocer cómo funciona, pero para ello es preciso que tenga siempre a su lado a verdaderos profesionales competentes cuyo trabajo siempre queda solapado, como tiene que ser, aunque a veces tenga que salir a escena para rescatar a alguien perdido, como ocurrió el otro día en Palacio Real.

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Decoro escolar

Hace unos días saltó la noticia relacionada con la polémica suscitada en el IES Torrevigía de Torrevieja debido a la vestimenta de los alumnos y más en concreto por parte de las chicas. Surgió debido a que la dirección de este centro público prohibió la entrada al mismo a aquellas alumnas que vistiesen pantalones cortos tipo “shorts”, argumentando que está contemplado en las normas donde se especifica que se prohíben todas aquellas prendas que puedan entorpecer la normalidad académica “por llamar la atención o denotar falta de cuidado o de higiene personal”. La dirección precisaba que la largura del pantalón estaba establecida por la rodilla, y no se iba a cambiar.
Las protestas de las alumnas es que en ningún momento esa indumentaria podrá considerarse como “ropa provocativa o no adecuada” e insistían en que debido a las altas temperaturas propias de esa zona geográfica y a que dentro de las aulas se carece de aire acondicionado, esas prendas les permiten ir más cómodas y soportar la climatología.
En la normativa del centro se establece que «los alumnos acudirán al centro debidamente vestidos. No se permitirá el uso de: bañadores, la exhibición de la ropa interior, camisetas con mensajes de carácter sexual, racistas u otros tipos de frases que puedan dañar u ofender a miembros de la comunidad escolar, pantalones tipo short y camisetas de tirantes a los alumnos (chicos)», además de prohibir el uso de prendas de vestir «que tapen, total o parcialmente, la cabeza…”
Es evidente que cada centro escolar dispone de unas normas de convivencia relacionadas no sólo con la indumentaria, sino también con las actitudes y comportamientos, por no hablar últimamente del uso o más bien abuso del móvil, que empieza a estar controlado. Y es que hay ciertas cosas que son de sentido común y cuya praxis está integrada en la propia personalidad del alumno, que tampoco puede tomarse a la ligera las normas al uso, independientemente de que discrepes con ellas. Al parecer en ese centro concreto, dichas normas están aprobadas por el Consejo Escolar, en el que tienen representación desde la dirección hasta el profesorado, pasando por padres, alumnos y la Administración.
Sin entrar en el fondo de la polémica, la cuestión es que tiene que producirse un punto de coincidencia entre la comodidad en la vestimenta del alumno y los límites que puede establecer la institución educativa, siempre respetando esos márgenes del decoro.
Se decía en un manual para jóvenes datado en los años veinte del último siglo que “el propio decoro exige que me presente en clase con todo el aseo posible; nunca con el calzado roto o poco limpio, con el cabello revuelto o la manos sucias”.

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Mordacidad, chabacanería o bellaquería

Podemos aplicar cualquier adjetivo si queremos calificar cómo se desarrolló la reciente comparecencia del expresidente del Gobierno, José María Aznar en la comisión que investiga la supuesta financiación ilegal del PP. Como se informó, hubo momentos desagradables, agrios y exasperantes. Falto de formas y del más mínimo decoro parlamentario. Se han proferido insultos.
Nos estamos refiriendo especialmente cuando intervino el diputado de ERC Gabriel Rufián, un político que lamentablemente ya nos tiene acostumbrados a este tipo de intervenciones, dejando al margen su tendencia a convertirse en hombre-anuncio cuando viste una indumentaria “ad hoc” a su intervención. Afortunadamente, el ex presidente del PP no le entró de barrena y optó por hacer uso de su experiencia oratoria para rebatir los sangrantes argumentos verbales que esgrimía el parlamentario catalán.
En este caso, y volviendo a lo de los adjetivos, podríamos decir que hubo expresiones salpicadas por un todo a veces mordaz; a veces chabacano y de mala educación y también propias de bellaquería. Siempre según el DRAE, la mordacidad porque “corroe o tiene actividad corrosiva”; la chabacanería, por “dicho bajo o insustancial”; la bellaquería por “malo y ruin”. Y básicamente, actitud de mala educación por “descortés, irrespetuoso e incivil”. Llamar a eso una intervención “lenguaraz” es ser generosos porque “deslenguado y atrevido en el hablar”, como decimos, es una calificación muy benigna.
Reiteradamente venimos reclamando la necesidad de que la clase política modere su lenguaje en sus debates públicos y especialmente cuando éstos se desarrollan en espacios tan solemnes como es una cámara de representantes, sea ésta el Congreso, el Senado, el Parlamento autonómico o un salón de plenos. Y por cierto, en la pasada sesión plenaria del Concello de Ourense, su alcalde, le pidió al portavoz del grupo socialista que retirase la calificación que éste le había dado al representante de DO, llamándole “mentiroso patológico”…Más que nada porque en estos plenos, lamentablemente, se suelen intercambiar este tipo de epítetos, nada adecuados, como decimos, en una deliberación cameral por parte de unas personas que representan a unas formaciones políticas y que por lo tanto, están desempeñando esa función porque lo han querido los ciudadanos, quienes les votan para que trabajen y no se insulten.

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Desplante real

Pues nuestro monarca va a tener que acostumbrarse a que cada vez que visite Cataluña, sea objeto de un desplante institucional por parte de las autoridades de la Generalitat. Acaba de suceder con motivo de su presencia para asistir a la inauguración de la feria Gastech, encuentro para los profesionales del gas y Gas Natural Licuado de todo el mundo.
En este caso, faltó la representante de la Consejería del sector vinculado al evento, Empresa, y eso que a priori figuraba que iba a participar en el acto de inauguración, pero a última hora “le surgió” otro compromiso que era asistir a la apertura del salón de energía global, en el mismo recinto. La paupérrima representación institucional del Gobierno catalán se ciñó al director general de Energía, Minas y Seguridad Industrial.
Un episodio lamentable, porque cuando acude el Jefe del Estado a una autonomía que forma parte de ese Estado, es obvio y obligado que sea recibido por las autoridades que encarnan el poder político de la misma y que están integradas en sus administraciones como representantes del propio sistema institucional. Y esa Constitución que el actual Gobierno catalán cuestiona habitualmente, es precisamente la que posibilita que estén ocupando esos cargos del poder. Una absoluta incongruencia y sobre la que en más de una ocasión nos hemos referido.
Pero bueno, teniendo en cuenta que la actual Generalitat que lidera Quim Torra ha anunciado públicamente que “se abstendrá” de participar en los actos que convoque y organice la Corona, pues es fácil deducir que esta “alta” representación de autoridades catalanas va a ser una nota frecuente en la vida institucional cada vez que vaya el Rey Felipe VI, quien a buen seguro tiene en su mente otros desplantes recientes como el Mobile World Congress, donde la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, no asistió a la recepción oficial del monarca o el acto de entrega de los premios Princesa de Girona, que tuvo que trasladar su emplazamiento tradicional porque el Ayuntamiento no cedió su auditorio para esta gala.
Una desagradable política de gestos que no dejan de ser un desagravio institucional y protocolaria hacia la figura de nuestro Jefe del Estado. Y ahora que se está preparando a la princesa Leonor para que empiece a protagonizar actos oficiales como tal heredera de la Corona, queremos suponer que dentro de esa preparación se dedicará un espacio a “cómo sobrevivir a desplantes de cortesía”.

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Tres palabras fundamentales

El Papa Francisco, en su reciente Encuentro Mundial de las Familias celebrado en Irlanda, puso especial énfasis en aspectos relacionados con la convivencia dentro del entorno familiar: “me gusta decir que en las familias necesitamos aprender tres palabras: “perdón”, “por favor” y “gracias”. ¿Cómo son las tres palabras? Todos digamos las tres palabras. No escucho (las personas repiten “perdón, por favor, gracias)”.
Estas tres palabras a las que alude el pontífice, son esas mágicas tres palabras que debe aprender un niño desde muy corta edad, porque son la base de la convivencia, el sustento de una sociedad con valores y los pilares de la buena educación y del civismo. Y precisamente, estas tres palabras son las primeras que se enuncian en el seno de la familia, pues con ellas queda de manifiesto una actitud de respeto. Y subraya el Papa: “Cuando discutas en casa, asegúrate de pedir disculpas y decir que lo sientes antes de irte a la cama. Antes de que termine el día hagan las paces. ¿Saben por qué se debe hacer las paces antes de terminar el día? Porque si no se hace la paz la guerra fría del día siguiente es muy peligrosa”.
“Los niños aprenden a perdonar cuando ven que sus padres se perdonan recíprocamente”, continúa subrayando. Y es que los niños toman como modelo de comportamiento el ambiente de su familia y absorben las instrucciones de sus padres que son quienes tienen la responsabilidad de su educación y de transmitir el sentido de los valores. Y enfatiza en cuanto a papel fundamental de la familia: “En toda sociedad, las familias generan paz, porque enseñan el amor, la aceptación y el perdón, que son los mejores antídotos contra el odio, los prejuicios y la venganza que envenenan la vida de las personas y las comunidad”.
Y Francisco no dejó de pasar la oportunidad de aludir a las redes sociales: “Cuando las redes sociales entran en órbita, cuando en la mesa en vez de hablar en familia, cada uno está con el teléfono y se conecta afuera, está en órbita; esto es peligroso, porque te saca de lo concreto de la familia y te lleva a una vida gaseosa, abstracta, sin consistencia”.
Tampoco es la primera vez que el pontífice hace alusión en sus intervenciones a la influencia negativa que causa entre niños y jóvenes estos sistemas de comunicación avanzada. Algo que los padres nunca deben obviar.

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