Artículos, Educación, Urbanidad

Salas de espera

Si repasamos algún manual de urbanidad, de aquellos que proliferaban en los años cuarenta y cincuenta, cuando se hace referencia a las salas de espera, se daban recomendaciones como que había que mantener la cortesía en todo momento o evitar discutir por cuestiones de turno o preferencia, “como norma general debe prevalecer el orden de llegada”. O lo que es lo mismo, aplicar el sentido común.
Un sentido común que si se tuviese en cuenta en nuestras acciones cotidianas, con toda seguridad que se evitarían problemas y situaciones desagradables. En eso consiste la sociabilidad, en compartir un espacio en común con otros convecinos respetando las pautas esenciales de civilidad. Actuar con respeto.
Pues bien, tampoco todas las salas de espera tienen las mismas características- algo similar a lo que sucede con las filas-, porque no es lo mismo esperar turno en un espacio privado que en uno público. En el primero el comportamiento ciudadano suele ser más “cívico” o correcto, sin embargo en el segundo, la cosa cambia. Cuando se espera turno en una sala de un organismo público-por ejemplo en el ámbito sanitario-los usuarios enseguida hacen uso o más bien a veces abuso, de sus “derechos”, olvidándose que también tienen “obligaciones” y dentro de éstas figura el comportamiento adecuado y ejercicio del más absoluto respeto a los demás.
Es cierto que en muchas ocasiones “quien espera, desespera”, pero como es algo imprevisible y que sólo es atribuible al propio sistema, lo mejor es acudir a esos espacios con una inyección de paciencia y exhibir en todo momento los mejores modales. No porque se pierdan las formas quien aguarda va a entrar antes. Hay otras personas que están en su misma situación.
Y como se decía en aquellos manuales de antaño-con auténtica vigencia- “la cortesía en estas esperas consiste en no discutir ni en hacer demostraciones de desagrado”.

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Artículos, Educación, Urbanidad

Conversar en espacios públicos

A veces, qué difícil resulta mantener una conversación en determinados espacios públicos. Dificultad debida a distintas circunstancias. Como por ejemplo que en ese lugar específico la música ambiental sea más que eso, que en el ambiente sólo se perciba música a causa del volumen de la misma. Esto es subsanable técnicamente.
Otra razón que suele impedir establecer una comunicación oral entre personas en esos lugares es cuando ese ambiente está impregnado de otro tipo de ruidos provocados éstos por la intensidad volumétrica de los parloteos de otros grupos de personas que allí se encuentran.
Y es que cuando se pretende mantener una conversación en un espacio público y en un entorno que compartimos con otros congéneres, si el tono es alto, se tiende a elevar el volumen de la voz, con lo que aquello se convierte en una feria.
Conversar civilizadamente implica respetar el espacio de los demás. Hablar mesuradamente, es una muestra de buena educación y pone de relieve el saber estar de las personas. Porque para que a uno se le entienda, no es necesario hablar alto, basta con hablar claro, pero esta cuestión muchas veces resulta prácticamente imposible cuando nuestro entorno está enturbiado con esos “ruidos externos” que solapan lo que decimos.
Ocurre algo similar cuando se habla por el móvil. La conversación deja de ser privada desde el mismo momento que otras personas se enteran de lo que se está diciendo. Sucede en la vía pública. Basta con observar quienes hablar por teléfono para comprobarlo. Y esto es así porque en la calle son muchos los ruidos que nos rodean y por inercia se habla en voz alta en la creencia de que el interlocutor no nos está oyendo. Oír es una cosa y escuchar, otra.
Practiquemos sociabilidad respetando los usos sociales. Porque un conjunto de individuos convive en sociedad donde hay que respetar el espacio de los demás y la privacidad empieza por uno mismo. Y una conversación deja de ser privada en el mismo momento que la compartimos con otras personas ajenas a nuestro propio entorno.

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Artículos, Casa Real

Audiencias reales

No es lo mismo una Audiencia real que una real audiencia. En el primer caso, es una obviedad, pues se trata de una audiencia que ofrece el representante de la Casa Real y en el segundo, pues sencillamente, es una audiencia celebrada de verdad, nunca ficticia. Lo que ocurre es que a veces se produce una contradicción y una audiencia del monarca no siempre es real.
Con una diferencia de pocos meses, hemos vuelto a recuperar como un déjà vu las imágenes de las audiencias ofrecidas por el soberano a los líderes políticos como proceso protocolario previo a la investidura de un nuevo presidente del Gobierno. Lo hizo porque tal como determina el artículo 62 de la Carta Magna, le corresponde al Rey “proponer el candidato a Presidente de Gobierno y, en su caso, nombrarlo y porque en el artículo 99, se dice que el Rey, previa consulta con los representantes designados por los grupos políticos con representación parlamentaria, y a través del Presidente del Congreso, propondrá un candidato a la Presidencia del Gobierno.
Y por qué no es real?. Pues porque no todos los dirigentes que pasaron por Zarzuela iban con las cartas boca arriba. Protocolo y postureo. Una mala combinación, pero que lamentablemente se está dando entre la clase política de un tiempo a esta parte. Todo por la foto, que diría el expresidente Zapatero.
Y hablando de foto y de mensajes gestuales, también en esta ocasión las audiencias con el monarca han respondido a la cultura política o ideológica los dirigentes de los cuatro principales partido. Esto es, que Mariano Rajoy, Pedro Sánchez y Albert Rivera vistieron corbata- ninguna coincidió con la que llevaban en la última visita a la Zarzuela-. Mientras que Pablo Iglesias…en su estilo personal. Como no se trataba de la Gala de los Goya, tocaba camisa y eligió la que ya llevó en la constitución del Congreso de la frustrada pasada legislatura. En cualquier caso, sigue sin respetar las normas de la etiqueta que rige para este tipo de visitas. Pero ya sabemos que va incluido en su “personalidad”, teniendo en cuenta que esta expresión deriva de “persona” que en su fuente latina es lo mismo que “máscara de actor” o “personaje teatral”.

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Artículos, parlamentos, protocolo

Más formalidad, menos espectáculo

La sesión constitutiva de la XII legislatura ha estado caracterizada por la normalidad y formalidad, como tiene que ser por otra parte y ha estado exenta del elemento espectáculo de la vivida hace unos meses y en la que irrumpieron en la vida parlamentaria nuevas y bisoñas fuerzas políticas más preocupadas de generar impactos mediáticos.
Ha habidos gestos simbólicos como puño en alto o salir a tomar posesión del escaño con una indumentaria poco adecuada, como por ejemplo, los diputados de Compromís que han acudido a la constitución del Congreso con camisetas iguales con un mensaje escrito en valenciano: “No nos resignamos. Otro gobierno es posible”.
Y una vez más, la fórmula protocolaria de jura o promesa del cargo acatamiento de la Constitución, que como tal está perfectamente definida en el Real Decreto 707/1979, de 5 de abril, por el que se determina la fórmula de juramento o promesa para la toma de posesión de cargos o funciones públicas, ha sido objeto de innovaciones o variantes protagonizadas por representantes de las organizaciones consideradas populistas o separatistas.
Así, Pablo Iglesias “Prometo acatar esta constitución y trabajar para cambiarla. Nunca más un país sin su gente”. Íñigo Errejón además añadió “Por la soberanía del pueblo, la justicia social y una España nueva, per la fraternitat entre els pobles. Porque fueron somos, porque somos serán. Nunca más un país sin su gente”. Tania Sánchez “Por las mujeres que lucharon para que nosotras llegáramos aquí y por el futuro de las que seguirán su ejemplo”. Xavi Domènech “Por la igualdad, la fraternidad y la libertad”. Alexandra Fernández (En Marea) ha acatado en gallego: “Prometo, por imperativo legal, sen renunciar aos principios republicanos, defender ao pobo galego e poner as institucións ao servizio das clases populares porque o pobo é quen máis ordena”.
Carolina Bescansa fue más prosaica: “Prometo acatar esta Constitución y trabajar para cambiarla. Porque no soy de un pueblo de bueyes que soy de un pueblo que embargan yacimientos de leones, desfiladeros de águilas y cordilleras de toros con el orgullo en el asta. Nunca medraron los bueyes en los páramos de España. Nunca más un país sin su pueblo y sin su gente”. Toda una licencia poética. Se trataba de tomar posesión en el Palacio de las Cortes, no en la Real Academia de la Lengua.
A ver qué otras perlas y escenas nos depara este nuevo Congreso de sus Ilustres Señorías.

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Artículos, Casa Real, normativa oficial

Iniciativa errática

Persona non grata significa literalmente “una persona no grata” como sinónimo de persona no bienvenida. Para la Real Academia Española es “Persona rechazada por un Gobierno u otra institución”.
Las declaraciones municipales de persona ‘non grata’ no son nuevas. Es un título que originalmente deriva de la jurisdicción diplomática y que está contemplado en el Convenio de Viena sobre Relaciones Diplomáticas de 18 de abril de 1961, y por el cual un Estado puede vetar la entrada a un diplomático a su país. Fuera de este uso diplomático calificar a alguien en estos términos no tiene consecuencias jurídicas y en el caso de los Ayuntamientos carecen de competencias legislativas que les habilite para ello (art. 25 de la Ley de Bases de Régimen local). Estas declaraciones administrativas por parte de un Ayuntamiento han sido cuestionadas en cuanto a su legalidad o legitimidad y recurridas, lo que ha propiciado distintas sentencias tanto del Tribunal Supremo como del Tribunal Constitucional.
Hace unos meses, tuvo mucho eco mediático la declaración de persona non grata por parte del ayuntamiento de Pontevedra del presidente en funciones, Mariano Rajoy. Y más recientemente, el Ayuntamiento de Barcelona quiso hacer lo propio con nuestro monarca, Felipe VI y de paso a la Casa Real, a propuesta de la CUP, grupo que argumentaba que la institución monárquica es “anacrónica, heredera del fascismo y con connotaciones autoritarias hacia los países catalanes”. Afortunadamente, la iniciativa, errática, no prosperó.
La cuestión es que las nuevas administraciones públicas que han surgido de un tiempo a esta parte en el mapa territorial español, parece que están más preocupadas por inventar y recrear sus competencias que ocuparse de lo que en realidad es prioritario, que es gobernar pensando en los intereses generales que es para lo que han sido elegidos sus representantes.

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Artículos, protocolo

Obama

La reciente estancia en España del presidente de Estados Unidos, Barack Obama, ha despertado, como estaba previsto, una gran atención mediática. No tuvo tintes de alto protocolo de Estado. Fue una visita en tono “light”. Llegada al aeropuerto (al propio, claro, aunque en suelo español), visita privada a Sevilla, encuentros en Moncloa y en Palacio Real y regreso.
Hay visitas de Estado que se desarrollan envueltas en toda la pompa y ceremonia inherentes al sentido protocolario de las mismas, incluso con dirigentes de menos entidad. Pero es que fue tan atípica la visita que hasta nuestro monarca se desplazó a la Base Aérea de Torrejón de Ardoz para recibir al presidente estadounidense, lo que no es habitual y ha provocado los lógicos despistes protocolarios, si bien la parte institucional se desarrolló en el Palacio Real.
Incluso se programó en esta breve estancia de Obama en España unas brevísimas entrevistas con los líderes de las tres fuerzas parlamentarias más relevantes, a margen del partido en el poder, PSOE, Unidos Podemos y Ciudadanos. Fue un encuentro de cortesía, dado que se prolongó un poco más allá del saludo.
Y es que parece que esta visita ha respondido más a la situación en que se encuentran estos gobernantes, puesto que Barack Obama está en la recta final de su legislatura y por lo tanto, se despide de la presidencia de EEUU y en España ya sabemos que tenemos un Gobierno en funciones y una estructura de poder legislativo pendiente aún de constituirse, por lo que la única figura que desempeña su papel sin ninguna interinidad es precisamente la del Estado, o sea, nuestro rey Felipe VI.
Eso sí, pudimos ver la exhibición conjunta de las banderas de ambos países, tanto en el aeródromo de la base norteamericana como en los Palacios Real y Moncloa, respetando la precedencia del país invitado.
A ver si el próximo presidente-o presidenta-de Estados Unidos, realiza una visita institucional en toda regla, con el boato y la ceremonia propia y ya con un Gobierno y un Parlamento constituidos. Porque, la verdad, tampoco es que se prodiguen mucho estas visitas a nuestro país…

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Artículos, Educación

Un tipo educado

Vicente del Bosque ha dejado huella en el ámbito deportivo y especialmente al frente de la selección española de fútbol. No obstante, queremos también resaltar otro aspecto donde ha destacado: un ejemplo de buena educación.
Esa bonhomía es un activo de este profesional quien ya ostenta el título del Marqués de Del Bosque, concedido por el rey Juan Carlos I, valorando su “gran dedicación al deporte español y por su contribución al fomento de los valores deportivos que merecen ser reconocidas de manera especial”. Conocida esta concesión, él mismo reconocía que le dan “corte y apuro” tantos títulos y distinciones hacia su persona, lo que pone de manifiesto su sencillez.
Pero además, también recibió otras distinciones como la de Doctor Honoris Causa por la Universidad Pontificia de Salamanca reconociendo que es un “modelo de convivencia” y porque ha demostrado al mundo que una escuela de fútbol puede ser también una escuela de valores o el Premio Especial Escuelas Católicas de Castila y León por ser un “Maestro Ejemplar” y por su activa difusión de la educación, el respeto y otros valores sociales a través del deporte y específicamente en “su defensa constante de la solidaridad, el respeto, la tolerancia, el esfuerzo, el sacrificio, la disciplina y la modestia desde su posición pública son un ejemplo de conducta para todos, para nuestros alumnos y para los centros educativos que persiguen el mismo objetivo que Del Bosque: educar en valores con hechos”.
El propio Vicente del Bosque reconocía que “la educación de tus propios hijos no es tan fácil. Quieres lo mejor para ellos e intentas que sean buenos chavales y sean felices. De eso se trata. Dirigir a la selección tiene dos cometidos principales: desarrollar la estrategia deportiva (elegir a los jugadores, el esquema de juego…) y gestionar personas. Y a veces, lo digo despacito, hemos tenido influencias que no han sido nada buenas para la convivencia”.
Preguntado acerca de la influencia positiva y el juicio ético que genera su persona, respondió que “quizá más los jugadores, que tienen mucha importancia porque los niños tratan de imitar todo lo que hacen (un control, un pase, una parada…) hasta imitan la celebración de un gol y cuando se comportan mal eso llega a los chavales. Intento ser lo más moderado posible en mi labor y en el banquillo porque incluso yo me siento incómodo cuando me veo por televisión haciendo algo que no se corresponde conmigo”.

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